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El interrogante sobre Obama

El interrogante sobre Obama

El presidente norteamericano, que llega el 22 de marzo a la Argentina, es un buen augurio. Prima el diálogo y un puente de paz después de 12 años de desentendimientos, mal trato, falta de reconocimiento y discordia provocado por los ex-presidentes Kirchner y Cristina Fernández.


Si uno reflexiona sobre su itinerario tiene significado que visite Buenos Aires después de subir otro escalón en la larga escalera de la relación con Cuba después de 50 años de zozobras. Aquí lo espera un nuevo gobierno con ganas de recrear buenas relaciones. La idea es obtener apoyo de Washington para negociar la deuda externa nacional, la canalización de inversiones y conseguir los mejores canales de diálogo.


Es de imaginar que Mauricio Macri no le dará la bienvenida queriendo parecerse a Carlos Menem cuya bandera era la subordinación y el apoyo a ciegas a Washington. Nadie pedirá rescatar aquella estrategia de ‘las relaciones carnales’ (que incluyó incluso el envío de un barco de guerra en el primer conflicto con Irán), visitas del ex-presidente riojano a la hacienda de los Bush en el Medio Oeste, avisos donde se profesaban cariño en medio de una bonhomía campestre, etc..


Por lo que se sabe la llegada de Obama en este último tramo de su segundo gobierno coincide con algunas de sus últimas acciones. Por ejemplo la liberación del campo de prisioneros de Guantánamo y su mano blanda, por ahora, frente al belicismo ciego del ISIS musulmán o ante la tosudez de Al Assad quien se empecinó en la fragmentación de un país como Siria convirtiéndolo en un archipiélago de destrucción y muerte masiva. En sus dos administraciones Obama estuvo condicionado por un Congreso manejado por sus adversarios del Tea Party Republicano quienes le pusieron límites injustos a sus propuestas para mejorar las condiciones sociales. Hay que recordar que Obama toma el poder en un tiempo crítico, donde los financistas entraban en pánico y se derrumbaba una montaña ficticia de créditos baratos transferidos una, dos, tres veces alrededor del mundo. Y así llegó la hecatombe, la recesión y el acelerado incremento de las tasas de desocupación.


Las hipotecas se cobraron y 10 millones de casas debieron devolverse. Fue un portentoso naufragio cuyas consecuencias continúan. La debacle arrastró a millones de víctimas (y en el mundo entero también) y no hubo botes para todos. Apareció entonces la desigualdad extrema. La pobreza que aparece multiplicada El 1% de la población tiene igual riqueza e ingresos que el 99% restante. El sueño americano se terminó de hacerse añicos. Los banqueros que modelaron la gran estafa, al renunciar o al ser echados se llevaron montañas de dólares a sus casas.

Es recomendable para ver sobre este proceso la película ‘La gran apuesta’.


Desde la Argentina se necesita solamente un diálogo adulto con Estados Unidos. Comprensión y respeto. Las vínculos entre los dos países han sido, a lo largo del siglo veinte y veintiuno una especie de montaña rusa, por intereses, por prejuicios ideológicos, por vanidades personales.

Después de la Primera Guerra Mundial los capitales norteamericanos comenzaron a competir en América Latina y Argentina con una Inglaterra agotada, una Francia vaciada de hombres y una Alemania en bancarrota. Los estadounidenses estuvieron en primera línea, con importantes inversiones.


Al desencadenarse la Segunda Guerra Mundial y la entrada en ella de Estados Unidos, en 1941, tras el ataque a Pearl Harbor, Washington pidió la ayuda continental a su esfuerzo bélico. Brasil, Colombia y México le brindaron colaboración, hombres y máquinas con potencia de fuego.

Por esa ayuda Estados Unidos recompensó a esos países y tuvo con ellos un vínculo permanente, sin cortocircuitos.


Argentina defendió su neutralidad. Argumentaba que así defendía sus mercados compradores. Lo hicieron también Uruguay y Chile. Buenos Aires declaró la guerra a Alemania pocas antes de la finalización de las batallas.


En Washington comenzaron a abundar los registros de un país contagiado de ideología fascista.Fue la Argentina donde Perón accedió al poder, acompañado de los nacionalistas que mezclaban sus principios antibritánicos con los odios al ‘imperialismo norteamericano’. Recién en 1951 y después en 1954 Perón estrechó vínculos con Washington. Los radicales también tuvieron sus roces, con emisarios norteamericanos pero los militares plantearon siempre amistad y rogaron enseñanzas contra los‘enemigos internos’. El bajón surgió otra vez con Kirchner y con sus seguidores que utilizaron primitivos argumentos de la década del sesenta, los de la Guerra Fría.

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Comentarios1
benedictodos800
benedictodos800 17/03/2016 03:02:58

OBAMA QUE VIENE PARA SECUESTRAR ALGUN NAZI QUE AUN ESTE PESCANDO ENEL LAGO , EL 24 PARECE QUE LA CEREMONIA DE DESAPÁRECIDOS ES A LAS 4 DE LA MADRUGADA JAJAJAJAJAJ