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El impacto de los cambios en el área económica del gabinete

La renuncia del Ministro de Economía Prat-Gay por pedido del presidente Mauricio Macri, el desdoblamiento de ese Ministerio en dos, uno de Hacienda y otro de Finanzas, y la designación de los dos nuevos funcionarios a cargo de estas carteras es, desde el punto de vista institucional, un hecho perfectamente normal, muy lejano a una situación de crisis.

En materia política y de la política económica, sin embargo, es pertinente analizar estos cambios desde otra perspectiva: ¿qué implicancias pueden tener a futuro para la gestión y la marcha de la economía?

Independientemente de cuestiones personales, Prat-Gay parecía ser uno de los pocos funcionarios con voluntad de pensar más allá de la próxima elección. Desde ese punto de vista su salida puede significar la decisión de no enfrentar los complejos problemas de la coyuntura económica, que siguen presentes, hasta después de octubre de 2017.

Por otro lado, la división de la cartera y los nuevos nombramientos podrían facilitar la concentración de las decisiones económicas en manos de los vicejefes de Gabinete, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Éstos, más allá de sus reconocidas capacidades, suelen tener un abordaje inmediatista de los problemas, más gerencial que político. Además, el soporte técnico con el que cuentan está conformado por un grupo de profesionales jóvenes, inteligentes y voluntariosos, pero sin experiencia o peso específico como para incidir en los Ministerios.

En suma, los cambios pueden inclinar la balanza de las decisiones hacia el costado más gerencial del Gobierno, cuando las complejidades de la situación económica requieren menor ‘transversalidad’, mayor coordinación, precisión programática y un ministro con poder suficiente como para conducir de manera consistente la política económica.

Si la economía se mantiene o vuelve a ser fuente de sinsabores, el riesgo de mantener atomizadas las decisiones económicas es que el presidente Macri se quede sin intermediarios, apareciendo como el responsable exclusivo de esos sinsabores.

Por otro lado, el Gobierno debería reconocer que las dificultades que enfrentamos en el frente económico no se solucionarán simplemente con la desburocratización del Estado y la reducción de costos empresariales, que supuestamente servirían de señuelo para atraer inversiones.

Hace falta, por el contrario, definir las políticas de corto articulándolas con un programa de reformas estructurales de largo plazo. Y hace falta, además, comunicar adecuadamente esa estrategia. Por el momento, ni esa estrategia ni esa comunicación parecen existir.

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