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El futuro de Cuba sin Fidel

El futuro de Cuba sin Fidel

La reciente muerte de Fidel Castro ha puesto en la primera plana internacional su figura, generándose opiniones encontradas respecto a su llamado ‘credo revolucionario socialista’; esto es: propiedad estatal de los medios de producción, partido único, sociedad igualitaria y un falso nacionalismo expresado en una lucha abierta contra el ‘imperialismo yanqui’. Segmentos de izquierda anacrónica aún consideran al ‘Comandante’ como un gran líder que supo encarnar sus ideales. Sin embargo, para quienes consideramos las libertades individuales y la propiedad privada como derechos fundamentales de la sociedad, Fidel ha sido un tirano nefasto que -en nombre de una utópica revolución socialista igualitaria-estableció una dictadura que no sólo encapsuló a la sociedad y destruyó su economía sino que también llevó a la muerte a miles de jóvenes latinoamericanos que intentaron replicar su ‘revolución’.

A esta altura de los acontecimientos debe quedar claro que Cuba ha sido el mejor ejemplo del fracaso el modelo de economía cerrada centralmente planificada: ausencia de propiedad privada y de libre comercio, administración pública ineficiente, elevados niveles de pobreza e indigencia, racionamiento alimentario, capitalismo de estado quebrado, bajísimos niveles de inversión y de productividad, desempleo disfrazado en el sector estatal, escasa cultura del trabajo, sistema monetario dual y un salario promedio mensual del orden de los u$s 20; todo ello acompañado por una dictadura política de partido único, inexistencia de libertad de expresión, persecución a la oposición, presos políticos, etc. Asimismo, también ha sido la demostración más fehaciente del fracaso de la utopía igualitaria de la sociedad, ya que -en todo caso- lo único que ha logrado ha sido emparejar ‘hacia abajo’.

De todas maneras, no deja de ser cierto que -a partir del reemplazo de Fidel por su hermano Raúl en marzo del 2008-éste ha comenzado una serie de reformas orientadas a una mayor libertad económica que, si bien han sido graduales y limitadas, han dado un poco de respiro a la destrozada economía cubana: iniciativa privada en servicios de turismo, entrega de tierras agrícolas en usufructo y posibilidad de compra/venta de inmuebles, entre otras. El cambio ha sido positivo, pero aún insuficiente. En efecto: a la fecha, el 75% de la actividad económica aún se halla en manos del estado. Sin embargo, en lo político nada ha cambiado: la dictadura sigue vigente en toda su dimensión.

Dentro de este contexto, y a partir de la muerte de Fidel, las cuestiones clave que se plantean son: ¿cómo evolucionará el régimen?, ¿se acelerará la apertura económica?, ¿comenzará una mayor política? ¿la vieja guardia revolucionaria -defensora a ultranza del modelo- seguirá en el poder? ¿Raúl, liberado de la presencia de su hermano, podrá liderar un nuevo proceso; querrá?

En nuestra opinión, Raúl continuará con las reformas económicas iniciadas en el 2008 pero, seguramente, a una marcha más acelerada. Esta ‘perestroika’ permitiría a la sociedad cubana ir mejorando sustancialmente su bienestar económico a través de la implementación, entre otros, de un sector agrícola de alta productividad, una industria biotecnológica de avanzada y servicios médicos y de turismo. Sin embargo, en una primera etapa, desde el punto de vista político no debieran esperarse grandes cambios sino sólo una lenta y gradual conversión del régimen actual hacia un modelo similar al vietnamita; esto es: una economía promercado, con crecientes grados de iniciativa y propiedad privada, pero acompañada por un sistema político restrictivo. La apuesta a futuro, sería, entonces, que en el mediano plazo la mejora en el bienestar económico acabara por impulsar la transición hacia un régimen pluralista de verdadera democracia republicana , con respeto por los derechos humanos y las libertades individuales. El ciclo parece altamente probable; los tiempos, lamentablemente, no pueden determinarse con precisión.

En síntesis. Ha muerto el padre de la ‘revolución cubana’ que, realmente, fue un dictador que llevó a la ruina a la economía cubana y degradó en grado sumo los derechos humanos de sus habitantes. A partir de este escenario, esperamos que a partir de ahora se profundicen las reformas económicas de modo que, en una segunda etapa, la presión de la sociedad lleve a la restauración de una verdadera democracia liberal. A este respecto, sería de fundamental importancia que las democracias libres del mundo pudieran colaborar con este proceso.

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