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MIÉRCOLES 19/12/2018
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El efecto boomerang de la política económica

GUSTAVO PERILLI Economista, profesor de la Universidad de Buenos Aires

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El efecto boomerang de la política económica

Mes a mes, el Banco Central sigue manteniendo la tasa de interés de referencia y alertando sobre el rebrote de la inflación. Continúa, también, reduciendo el rendimiento de las letras emitidas (Lebacs) y afrontando sus consecuencias cuando: 1) convalida que una porción de la liquidez quede ociosa y que la restante sea retirada por colocaciones de pases y letras de liquidez (Leliq), 2) controla el tipo de cambio para estabilizarlo luego de probar con recetas discutidas (la flotación cambiaria cuasi pura) y 3) admite que la única fuente de acumulación de reservas (en el camino elegido) es el endeudamiento externo.

El año pasado, en los tiempos de la vigencia de la señalada estabilidad cambiaria nominal, la marcha de la inflación parecía ser complaciente con el Gobierno. En noviembre, el IPC subía alrededor de 22% año contra año, sugiriendo que pronto se perforaría el piso de 20% anual. Sin embargo, en enero y febrero, nuevamente se manejaba el 25%. El indicador de marzo, de 2,3%, indica que esa tendencia se consolidaría y que empezarían a peligrar los endebles (y discutidos) logros en materia de pobreza. En síntesis, dejando de lado la política tarifaria de shock, no quedan dudas que el proceso inflacionario se aceleró no sólo con respecto a las proyecciones volcadas en el relevamiento de expectativas de mercado (REM) sino, también, con relación a la meta de 15% anual del Régimen de Metas de Inflación (RMI) de 2018 (próximo a revisarse y redirigirse hacia la zona de 20%). En ese contexto, reducir tasas de interés de Lebacs, provocar desinterés inversor y liberar liquidez, tal como lo expone el punto 1), es potencialmente riesgoso debido a las expectativas derivadas de la creencia de que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Lo indican quienes levantan estos estandartes, cuando afirman que la base monetaria debe crecer al 20% anual y no como lo está haciendo (al 27%).

La promoción del esquema de flotación cuasi pura, tendiente a morigerar el efecto bicicleta financiera, también ha tendido a impactar en precios. El BCRA debió abandonarlo pero, al haberlo hecho tan tardíamente esperando el milagro, tuvo que sacrificar reservas (más de u$s 2000 millones en pocas semanas) como lo indica el señalado punto 2). Tampoco ha sido menor la presión ejercida por el endeudamiento externo, punto 3). Si bien se adoptó para paliar la inflación, impidió reducir el déficit fiscal como consecuencia de los servicios de intereses generados.

Esto es todavía más complejo si se tienen en cuenta que, financieramente, el mundo ya no es más el de Bush o el de Obama (tasas de interés bajas y abundante liquidez), sino el encierro de Trump. O sea que si siguieran influyendo 1) y 3), habrá presiones en precios, tanto como si se insistiera en volver a flotar tal como lo enseñan los papers.

Reducir la tasa de interés es saludable siempre que no haya efectos secundarios. Por esta razón, el timing (la sincronización) es uno de los componentes esenciales del arte que debe contener toda política económica. En la Argentina, la liberación de liquidez, de una u otra manera, siempre impacta en el mercado de cambios (en el tipo de cambio y/o en las reservas) y, tarde o temprano, en precios. Si se tuviera que modificar la meta, necesariamente se requerirá más endeudamiento y déficit fiscal financiero futuro y regenerar más efectos boomerang y amenazas para el capital político del Gobierno, el bienestar y la cohesión social.

Si bien la verdad es un elemento esquivo para quienes quieren apoderársela, todos los momentos de la vida humana deben preservarse. Con más intensión en arreglar el futuro y el largo plazo, Milton Friedman señalaba que "las tres grandes reformas que hay que emprender son: privatizaciones, desregulaciones gubernamentales y recortes en el gasto social; pueden ser impopulares pero son inevitables para conseguir el equilibrio de mercado" (Friedman, 1962). Pierre Salama, en cambio, insistía en que si la inflación persiste y no se atiende el problema "crece la desigualdad entre los pobres y aumenta la heterogeneidad de los empleos informales a medida que se incrementa la inflación, las crisis y el número de tales empleos" (Salama, 1998). En este escenario, no sólo no habría futuro, sino, tampoco, presente. Esta es la esencia del debate actual en la Argentina.

Comentarios1
Edgardo Bianco
Edgardo Bianco 16/04/2018 12:10:30

..una alquimia inutil, ante un tipo de cambio no competitivo.

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