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El dólar barato traslada consumo al exterior y le resta fuerza a la débil actividad interna

Es evidente que el atraso cambiario ayuda a disminuir la presión del dólar sobre los precios. No hay proyecciones del tipo de cambio en las que algún analista espere que su variación le gane a la inflación. Sin embargo, el costo de este exceso de oferta (generado por las divisas que ingresan por el canal financiero, el endeudamiento del sector público, el blanqueo y la venta de los exportadores) está pegando en otros frentes: hay un caudal de importaciones de bienes de capital y de consumo que resta actividad, y hay también un desvío de recursos al exterior por la creciente salida de turistas argentinos (12% más en el primer trimestre) que genera menos demanda interna.

El Gobierno percibe que hay algunos indicadores que están empezando a repuntar, entre ellos el consumo doméstico. Lo atribuye a una recuperación del salario real, como mencionó ayer el ministro Nicolás Dujovne. Pero todavía ese escenario no es generalizado. Está claro que un segmento de la población tiene más fondos en su bolsillo y los está destinando a compras de bienes durables (eso se ve en la venta interna de autos y motos, por ejemplo) o a apuntalar créditos hipotecarios que mueven la construcción privada.

Sin embargo, las consultoras que miden las ventas de supermercados, autoservicios y mayoristas no percibieron una recuperación en abril. Si hay segmentos con mejores resultados, pero en aquellos asalariados que ganan por abajo de $ 20.000 (el grupo más numerosos, y que por lo tanto es el que mueve el volumen), la contracción es mayor.

Hoy veremos si al menos para el Gobierno este enfriamiento le deja algún beneficio visible en términos de inflación. Para los privados que nutren el IPC Congreso, está arriba de 2%, lo que es una mala noticia. Según FIEL, en Capital fue 1,6%, un número que redujo la variación anual a 25,7%, la menor en quince meses. La pelota ahora la tiene el Indec.

 

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