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El dinero, by un millennial

El dinero, by un millennial

A cada generación la caracteriza un paradigma económico/político. A los millennials nos tocó el de la economía financiera: ya no pensar la economía como la productividad de las industrias – exclusivamente-, sino como la colocación especulativa de activos intangibles en un mercado financiero mundial (perdón a los economistas por mi simplismo, pero no tenemos las líneas necesarias para explicarlo profundamente).

En la economía actual se calcula que casi el 90% de los recursos monetarios no provienen de la productividad de las industrias sino de la colocación financiera del efectivo disponible. Una actividad que es tan tentadora como peligrosa, de lo cual dan fe las crisis del ’29, ’73 y ’08.

Un paradigma con existencias de dinero incalculables (después debatimos su distribución) que requiere de un empresario atento a beneficiarse de esta economía y a la vez cuidarse de crear burbujas financieras, que ya todos sabemos que su único fin es explotar.

Para entender esto, basta ver la proliferación de fondos de inversión, aceleradoras, incubadoras o ángeles inversores, que no son más que empresarios a los que les sobra el dinero y quieren ideas nuevas en las que invertir, evitando alimentar un sistema 100% especulativo.

Básicamente hoy la plata sobra, lo que necesitamos son ideas.

Ante esto, los millennials tomamos dos posturas.

Postura 1:

Nos rebelamos, pretendiendo discutir las injusticias sociales de un mundo lleno de plata y aún con (gran) parte de la población sumida en condiciones de vida inaceptables.

Y aquí encontramos el gen de un ciudadano más comprometido socialmente, al que ya no le da lo mismo lo que suceda en el congreso de su país o de cualquier país, que tendrá redes sociales a disposición para opinar y no hará falta plataformas políticas que lo lleven al sillón presidencial sino simplemente una conciencia ciudadana que inspire a sus co-etáreos.

Postura 2:

Con tanto dinero dando vueltas, nada es imposible. Cualquier inversor nos va a dar la plata si nuestra idea es buena.

Eso de que nuestros papás ahorraron para abrir su emprendimiento es tan vintage como las las copas de cristal. Ya lo de ahorrar era anticuado cuando aparecieron las tarjetas de crédito; ahora que hay inversores dispuestos a prestarnos por quedarse con una parte de la productividad de nuestra idea, ya ni siquiera hablamos de prestamos con intereses, sino un simple voto de confianza.

Y he aquí el gen de la soberbia millenial. Hay parte de esa soberbia que se explica más como inconsciencia. No nos jugamos nuestras cartas trabajando mil horas para ahorrar y empezar nuestro emprendimiento. Nos las jugamos al pensar la idea que todos quieren financiar.

Después llegará la etapa en la que tengamos que trabajar esa idea. Pero para eso inventamos la frase guía de un millennial: “Consigue un trabajo que te apasione y no trabajarás un día por el resto de tu vida”.

Consecuencia de la misma causa. Teniendo todas las posibilidades que ninguna guerra nos va a quitar y que siempre alguien va a financiar (ambas variables sujetas a realidades particulares), no hay quien nos obligue a hacer nada.

En apariencia podemos hacer lo que queramos, solo tenemos que esforzarnos para que sea bueno y disruptivo.

Y aún así nos quieren mandar a trabajar… ¡qué descaro!

Comentarios1

Capullo, en general todo lo que proponen es basura, a veces hacen plata con eso. Es raro encontrar alguno que desarroll� tecnolog�a que haga progresar al mundo mejorando la vida de la gente. Vuelo de perdiz, ni dejan huella. �rubenardosain.wordpress.com�

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