El difícil 2021 que enfrenta Argentina... para empezar

Esta es la temporada de predicciones, y el momento en que los economistas expresamos nuestras esperanzas, más que nuestras estimaciones profesionales. Aún así, estas predicciones proveen un contexto razonable para nuestros planes. En Argentina los expertos han emitido su juicio, claramente reflejado por El Cronista.

Según nos informa el periodista Agustín Szafranko, la mediana de las proyecciones de los analistas que participan en el EMEC es una inflación de 50% en 2021, y que después de una caída de algo más del 10% en 2020, el PIB aumentaría 4,5%, un poco superior a la proyección del FMI de octubre. Pero el PIB per cápita estaría 10% por abajo del 2019, con una lenta recuperación subsecuente, en un contexto de recuperación internacional.

En general se espera que la economía internacional en 2021-22 se pueda reponer de la crisis actual. La pandemia debe ser considerada como el mayor cataclismo demográfico/sanitario, social y económico de carácter universal, no bélico en un siglo. Se extiende desde los penthouses de Manhattan a las casas de Caballito, hasta las villas pobres de Mumbay. El producto mundial cayó en 4,5% en 2020. Se espera un rebote en 2021, aunque solo en 2022 puede pensarse que se recupere el nivel de ingreso per cápita, con mejores precios para las materias primas, aunque nada parecido a la década pasada.

Pero esta mejora es fundamentalmente el resultado de la economía de China y otros países emergentes de Asia. No ocurrirá nada parecido en las economías más avanzadas, ni en el resto del mundo emergente y en desarrollo. Además, solo se llegará a niveles que se podían esperar antes del Covid con varios años de atraso. El valor acumulado de lo perdido en los próximos 20 años puede estimarse en casi un año de PIB mundial. Esto bajo condiciones de reducción de la pandemia y de un proceso de vacunación razonable.

Sin embargo, el proceso se demora, y es probable que pronto veamos revisiones a la baja en la recuperación mundial. Dentro de esta situación compleja el vecindario no se ve bien. El colapso del PIB de 8% en América Latina estimado para 2020 es el peor en los últimos cuarenta años, incluyendo la llamada "década perdida" y la gran recesión de 2008-09.

Más aún, la disminución del año pasado se produjo luego de una década de desempeño muy débil. Aun así, se espera que el PIB aumente un 3,6% este año, y luego un 3% en 2022, algo menos de lo que se espera en Argentina, cuyo PIB cayó más en 2020. Las estimaciones pueden diferir entre diferentes expertos, pero la conclusión es que el PIB de la región no se recuperará completamente antes de 2023-24, y unos dos años después, para el caso de la medición per cápita. Por supuesto, esto ocurre en otras regiones, aunque esto es poco consuelo.

La recuperación será difícil, teniendo en cuenta el elevado costo humano y la carga financiera. Más allá de Venezuela y Argentina, la inflación no es problema, con valores que pueden estar en 3%, por encima de las economías avanzadas, pero bajo control. La región no ha colapsado, pero además de Argentina, países como Brasil (principal socio comercial), Ecuador, México y Perú tendrán una recuperación lenta, principalmente debido a políticas que en general son débiles y condiciones políticas complicadas.

Pero no solamente estos números tendrán un impacto directo sobre la Argentina. Otros elementos van a afectar el equilibrio mundial: el crecimiento de la desigualdad en los últimos 30 años dentro de las naciones, creará serias tensiones económicas que pueden afectar las perspectivas de crecimiento; la pandemia ha llevado a reevaluar si se pueden mantener las cadenas de valor a distancia, que han generado mejoras importantes en el bienestar de los países menos ricos o más distantes, y es posible que se considere una consolidación geográfica; los conflictos entre EEUU y China, entre otros, pueden reducir el rol del multilateralismo (OMS, OMC, ONU, etc.), sin la generación de fueros alternativos; y puede reducirse la integración tecnológica con los países más pobres.

A ello pueden sumarse las acciones para mitigar el impacto del cambio climático con efectos generalmente positivos, pero adversos respecto del potencial petrolero y de gas en el mundo. Por cierto, puede haber factores favorables. Por ejemplo, la pandemia podría crear cambios de comportamiento significativos y duraderos (ubicación del trabajo, la educación a distancia, comercio electrónico, etc.) con un impacto significativo en los esquemas de trabajo, la prestación de servicios y el futuro de las grandes ciudades.

En última instancia, las condiciones externas que enfrenta Argentina constituyen un gran reto. Para que la Argentina pueda surgir, debe estar vinculada al mundo con un espíritu abierto y cooperativo, aun con riesgos. El encierro efectivo de muchas décadas ha llevado al país a crisis crecientes, un crecimiento bajo y en una posición cada vez más débil. Por eso el golpe del Covid fue tan fuerte y por ello los retos a enfrentar deben ser con vista el mundo, aun siendo problemático. Si no lo hacemos, Argentina seguirá siendo la economía mediana que es, número 31 en el mundo, y con la poco envidiable posición número 5 en producto per cápita en la región y número 70 en el mundo.

Tags relacionados

Más de Columnistas

Compartí tus comentarios