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El desafío del desarrollo

El desafío del desarrollo

Hablar de desarrollo económico quiere decir que hacemos referencia al aumento de la producción de bienes por habitante y la evolución respecto de cómo se distribuye. La teoría del desarrollo económico es compleja, cada país tiene su propia estructura, sus costumbres, así como cada momento histórico determina cursos de acción distintos ante escenarios similares. En Argentina, la industria automotriz y otros vehículos genera alrededor de 150.000 puestos de trabajo, de ahí la relevancia de la ley aprobada respecto al contenido mínimo del 30% para los autos vendidos en el país. En el medio de la caída de la actividad de nuestro vecino y mayor socio comercial (Brasil -5,4% i.a.), esto es un incentivo que busca mejorar la performance de una industria que está siendo castigada severamente hace tiempo.


Estos incentivos siempre son bienvenidos en tanto no generen renta oligopólica para unas pocas empresas y por el contrario se promueva la competencia y la reinversión de utilidades. De hecho, la posibilidad de "aprender haciendo" debería dar lugar a una reducción de costos mejorando la eficiencia de la industria a lo largo del tiempo. Esta estrategia de desarrollo fue implementada en el país sin gran éxito en el pasado. No obstante, el contexto actual y los actores de hoy día son distintos a las décadas pasadas, por lo que no hay que perder esperanzas en estos argumentos para fomentar el empleo y la inversión.


Complementariamente a la ley de contenido mínimo de autopartes, se aprobó la ley impulsada por Omar Perotti para otorgar un crédito especial a la producción de maquinaria agrícola. En esta área Argentina tiene una ventaja, es una rama donde nos encontramos en la frontera tecnológica internacional. Por lo que cualquier innovación en el área genera beneficios enormes.


Difícilmente el país se pueda transformar en un exportador neto de automóviles, pero en un exportador líder en maquinaria agrícola de alta tecnología es probable. Incluso, es ese lugar en el espacio de productos donde el país debería orientarse, en el sentido de producción con alto valor agregado, donde empresarios toman el riesgo de invertir innovando, sobre la base de incentivos que permitan proteger el trabajo nacional al tiempo que esto no signifique sostener negocios que no sean sustentables.


El camino que nos ubique en el sendero del desarrollo sostenible tiene que ver con promover inversiones orientadas a crear valor, como aquellas que permiten reducir costos y mejorar el uso de los recursos, tal es el caso de nuestras industria agrolimentaria. Aquí el incentivo hay que fortalecerlo premiando a los que toman riesgo antes que aquellos que hacen uso del beneficio científico sin afrontar el verdadero costo que ello supone.
La innovación y el progreso tecnológico en una economía de mercado se traduce en menores costos de producción, mayor eficiencia, por lo que debe ser fomentada desde el sector público generando incentivos al sector privado.


La política económica es compleja, el rol del Estado como coordinador de decisiones de agentes heterogéneos es clave, en consecuencia también lo es la forma en que comunican sus decisiones y la percepción del público acerca de cómo los funcionarios hacen política.


Un ejemplo, mirar la inflación core y fijar una tasa de interés es una regla clara, si baja la tasa de inflación esperada, baja la tasa de interés para estimular la producción. La regla es clara, pero el público se marea cuando la inflación core se acelera y las tasas bajan semana tras semana. No porque esto sea malo sino porque resulta contradictorio con el discurso oficial y si no se aclara se parece bastante al tiempo donde la política monetaria se definía fuera de las oficinas del Banco Central.


Las reglas para la política comercial también deben ser fijadas con claridad y no actuar discrecionalmente una vez que se anuncian, de esta forma la protección a un sector puede transformarse en la inversión y el empleo que el país necesita.


Las viejas teorías del desarrollo, basadas por ejemplo en protección para una industria naciente, reaparecen en un país que no han funcionado en el pasado, pero quizás fueron mal enfocadas, si son bien diseñadas, con reglas claras y compromiso de la sociedad en su conjunto, quizás esta vez nos puedan ubicar en un estadío superior de bienestar.


Si el modelo pone el foco en la inversión privada, es determinante crear las condiciones para que ésta se reproduzca de forma tal que el mercado objetivo no sea solo el interno sino el global. Así la competitividad resulta el eslabón fundamental en una sociedad que quiera salir de la sombra que genera la ilusión de algo que nunca se alcanza.


El compromiso se tiene que observar de arriba hacia abajo, se trata de ser y parecer, se trata de acordar entre todos algo que ya sabemos: el progreso es el hijo del esfuerzo.

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