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El desafío de desarmar las Lebac sin darle aire a una nueva timba financiera

El desafío de desarmar las Lebac sin darle aire a una nueva timba financiera

Ante un escenario internacional más complejo para la colocación de deuda, por la perspectiva de que la tasa de interés que regula la Fed empezará un ciclo ascendente, el Gobierno encontró ayer una significativa cuota de calma. La suscripción de más de $ 70.000 millones de pesos en el debut de un bono que garantiza un retorno de 3,75% por sobre la inflación, trajo alivio al Ministerio de Finanzas, porque abrió el camino a un mercado de financiamiento en moneda local que reduce la dependencia externa y hace menos trascendente la volatilidad de los mercados globales.

La mayoría de los inversores que suscribieron este título son aseguradoras que ya no pueden tener Lebac, y fondos que no están atados a los rendimientos de corto plazo. Los expertos aseguran que a los minoristas todavía les va a seguir conviniendo renovar las letras cortas del Banco Central. Eso va a seguir así hasta que el ente monetario baje un poco más sus tasas de referencia, aunque para que eso suceda debería acortarse la brecha entre la inflación esperada por los analistas, cercana a 19%, y la meta oficial de 15%.

Uno de los objetivos incluidos en la emisión de este nuevo bono es achicar la bola de nieve de las Lebac, un instrumento cuya tasa quedó más atada a la lucha contra la inflación que a la regulación monetaria. Esta era una de las preocupaciones que tenía Mauricio Macri cuando aceptó impulsar el cambio de metas, superior aún al impacto real que tenían las tasas altas en la actividad económica. El Presidente, en ese sentido, le da la razón a Federico Sturzenegger, quien sostiene que no hay nada más reactivante que una inflación baja y que eso justifica parte de la dureza monetaria.

De todos modos, el nuevo bono procurará también crear una curva descendente de tasas en pesos, que contribuya a resolver el financiamiento pero a la vez no genere la sensación de que se alienta la timba financiera. Difícil para un gobierno que apela al endeudamiento para no tensar demasiado la soga del ajuste fiscal.

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