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El desafío de América Latina es negociar con el socio chino

LUCIANO BOLINAGA Ph.D en Relaciones Internacionales (UNR), profesor de la Universidad Austral

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El desafío de América Latina es negociar con el socio chino

Nuestros países, proveedores netos de materias primas, enfrentan un nuevo ciclo de depresión de precios. Si bien el precio del petróleo está subiendo desde febrero, la situación es más complicada para el sector energético que para los alimentos. Los bajos precios y la demanda de productos primarios del socio chino hacen que el desafío para América Latina y Caribe (AML) sea: diversificar la oferta exportada y generar mayor valor agregado.

La continuidad de la modernización económica en China está atada a garantizar el acceso a materias primas, eso debería ser nuestra ventaja. No obstante, la falta de políticas regionales y la profundización del bilateralismo practicado por Beijing hacen la asimetría de poder muy favorable a China; quien no solo es el principal y segundo socio comercial de la mayoría de los países AML sino también el principal inversor.

El intercambio comercial reproduce la lógica norte-sur y condiciona la industrialización regional. Entre 2010 y 20115 el 73% de lo exportado estuvo concentrado en Cobre y derivados (21%); Poroto de Soja (20%); Hierro (20%); y Crudo de petróleo (12%). Cabe destacar que entre 2000 y 2005 el Crudo de Petróleo sólo había acumulado un 2% del total exportado. Por otro lado, la inversión china se ha orientado principalmente hacia el sector de infraestructura (ferroviaria, portuaria y energética) para garantizar el acceso a la extracción de materia prima. Todos los países de la región concentran sus exportaciones a China en pocos rubros: Argentina (soja y petróleo, 78%); Brasil (soja, aluminio y petróleo 74%); Chile (Cobre, 70%); Venezuela y Colombia (petróleo, 99% y 90%); etc. En contraste China tiene diversificadas sus exportaciones a ALC y son manufacturas de bajo, medio y alto contenido tecnológico.

No hay políticas regionales y ese bilateralismo profundizado practicado por Beijing deterioró el tejido productivo industrial regional. La principal consecuencia ha sido la reducción del comercio intrarregional e intraindustrial. China desplaza a los industriales latinoamericanos como proveedores de los mercados regionales. El Mercosur se ha mostrado pasivo frente a esto y hoy su tejido industrial está en jaque por lo que representa el ‘socio chino‘ para cada uno de sus miembros por separado.

El siglo XXI abrió con un boom de los productos primarios pero esto ya forma parte del pasado y nada parece indicar que la tendencia se revierta en el corto plazo. América Latina dejó pasar, una vez más, el tren para impulsar un proceso de industrialización. Hoy más que nunca es necesario negociar con China en clave regional.

Al naufragar el ALCA, China estaba sentada en primera fila en Mar del Plata y ahí lo comprendió: ‘divide y reinarás’. Beijing escapa a la negociación multilateral porque sus intereses no están garantizados. Y esto se acentúa hoy, aún más, por la falta de un liderazgo político que impulse la integración regional más allá de una mera retórica.

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