El déficit, otra vez en escena, 16 años después de aquel 19 de diciembre

Hace exactamente 16 años caía el gobierno de Fernando de la Rúa. El radical, que le ganó las elecciones a Eduardo Duhalde pero que había llegado al poder apoyado por el peronismo no menemista, prometió una fórmula difícil de sostener en un país con aguda recesión económica y extremadamente endeudado: 1 peso, 1 dólar.

La promesa duró dos años. Es verdad que De la Rúa no devaluó, pero también es cierto que tuvo que dejar el gobierno antes de tiempo y en helicóptero.

Aquel país era una verdadera caldera. A la Argentina se le había terminado la fiesta: no le prestaban más dinero. El riesgo país era demasiado alto, tan alto que la fuga de capitales provocó que se instalara el corralito porque las reservas se habían diezmado y ya no había un dólar en el Banco Central por cada peso en el bolsillo de la gente. 

El país de De la Rúa no llegaba a fin de mes. Tampoco llegó a fin de mes el de Carlos Menem, que empapelaba a la Argentina con deuda que terminaron pagando compatriotas, pero también alemanes, italianos y japoneses defaulteados; ni el de Cristina Kirchner, que cubrió el rojo con emisión.

Para bajar el déficit a De la Rúa se le ocurrió una fórmula que le permitía ahorrar unos pesos: aplicar un ajuste del 13% a los jubilados. Lo único que logró fue perder crédito político, que lo terminó de pulverizar cuando Carlos “Chacho Álvarez renunció a la vicepresidencia.

Un 19 de diciembre de 2001 la sociedad salió a la calle, hubo saqueos, infiltrados, violencia generalizada y muertes. La misma gente que había votado seguir en el 1 a 1, pedía “que se vayan todos .

Hoy, 16 años después, otro gobierno enfrenta horas tormentosas.

El déficit, es otra vez, el corazón del verdadero problema. La sociedad, igual, no lo sabe.

La violencia ganó la calle, entre otros miles que se manifestaron de forma pacífica. Pero la Argentina no es la misma de 2001. Hay problemas, es cierto, y que si no se encaminan son muy preocupantes. Pero el país no está en quiebra. Tal vez a Mauricio Macri, ganar las elecciones le dio un poder que le puede jugar en contra. Creer que todo es posible y sin costo. Tratar en diciembre un proyecto que cambia el cálculo para el aumento de las jubilaciones, y que no parece beneficiar a la clase pasiva, es una estrategia que, por lo menos, resulta arriesgada y poco aconsejable.

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