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El cielo no es el límite

Imagen de LEANDRO ZANONI

LEANDRO ZANONI Periodista especializado en tecnología

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El cielo no es el límite

El dueño de Amazon, Jeff Bezos, quiere conquistar el espacio. Para eso en el 2000 armó en secreto Blue Origin, una empresa de transporte aeroespacial de vuelos con cohetes reutilizables. El espacio no es una obsesión nueva para Bezos. A los 18 años, en 1982, dijo en un reportaje que su sueño era construir edificios y hoteles en otros planetas para, de esa manera, mantener a salvo la tierra. Tras intensos años de trabajo y más de u$s 1000 millones de inversión, Bezos entró en la historia: el 23 de noviembre de 2015 Blue Origin lanzó al espacio su primer cohete, el New Shepard. Alcanzó una altitud de 100 kilómetros y la cápsula descendió en paracaídas sana y salva once minutos después. Fue la primera vez que un cohete fue al espacio y volvió a la tierra. El año pasado el mismo cohete volvió al espacio dos veces, en enero y en abril.

El otro objetivo de Blue Origin es el turismo espacial. Deben reducir los costos para que pueda ser más accesible y que viajar al espacio no sea solo un capricho de millonarios aburridos. El cohete para este fin fue bautizado New Glenn, en honor a John Glenn, el primer norteamericano en orbitar la tierra.

Pero Bezos no está solo en la carrera hacia el espacio. Lo siguen, entre otros, una camada nueva de empresarios millonarios que no provienen de la industria aeroespacial sino de la tecnología. Algunos de los más importantes son el británico Richard Branson, dueño del imperio Virgin, Larry Page (Google), Paul Allen (co-fundador de Microsoft), Peter Diamandis (Planetary Resources) y Elon Musk, el dueño de los coches eléctricos Tesla, fundador de Paypal y de SolarCity, una empresa de energía solar. Musk también está obsesionado con el transporte del futuro. Su proyecto Hyperloop propone trasladar gente a través de una cápsula que viaja por un tubo de aire y vacío de baja presión que podría superar hasta cuatro veces al tren de alta velocidad. Su objetivo es cubrir los 560 kilómetros entre Los Ángeles y San Francisco en... ¡media hora!

Para sus ambiciones espaciales fundó SpaceX. Además de proveer servicios a las misiones de seguridad nacional del gobierno de Estados Unidos, Musk integra el consejo asesor tecnológico de Donald Trump. Fue uno de los pocos empresarios fuertes de Silicon Valley que apoyó en la campaña al actual presidente. Ya tuvo su recompensa: Trump firmó en marzo una ley que destina casi u$s 20.000 millones a explorar Marte. Musk planea llevar gente a la luna el año que viene y colonizar Marte en 2025. Dijo que una civilización de un millón de habitantes en el planeta rojo es posible dentro de 100 años, en el que calcula unos 50 viajes anuales. El cohete bautizado Falcon 9 fue lanzado con éxito en marzo. Volvió a tierra intacto y en condiciones para volver a usarse.

En Silicon Valley, pero también en Europa y China, hay una fiebre por invertir en startups de empresas espaciales. Calculan que hasta el año pasado el sector había captado u$s 7000 millones, de los cuales 3000 millones eran de inversores particulares (angels). Las posibilidades de nuevos negocios en el espacio se asoman muy atractivas. Además del turismo espacial, se estima que solo la riqueza minera en la luna puede significar hasta u$s 500 trillones.

Emiliano Kargieman es el argentino que en 2010 creó Satellogic, empresa de satélites pequeños y bajo costo. Trabaja en San Francisco, desde donde dirige el centro de investigación ubicado en la Argentina, fabrica el software en Israel y en la provincia de Córdoba y arma los satélites en Uruguay. La idea de Emiliano es rodear la tierra con más de 300 nanosatélites a un costo mil veces menor para obtener datos al instante de cualquier rincón de la tierra.

Así, dice, podrá ‘democratizar’ el acceso a la información al reducir las barreras para obtener datos en tiempo real. Eso cambiaría los procesos de decisiones en gobiernos, empresas y personas. Ya lanzó cinco. El primero en orbitar fue Capitán Beto en 2013, financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y el INVAP de Río Negro. Después orbitaron Manolito y Tita. "Como especie tenemos la obligación moral de desarrollar otro espacio para vivir", dijo en un reportaje en la revista Brando. "Tenemos que tener un back-up en el caso de que reventemos la Tierra".

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