El caso Venezuela activa preguntas sobre la relación con EE.UU. y China

En los círculos de decisión del poder económico, las diferencias que empezó a mostrar el presidente Alberto Fernández frente al régimen de Nicolás Maduro comenzaron a ser vistas con otros ojos. El mandatario se involucró personalmente al ratificar la posición argentina luego de una extensa charla con Michelle Bachelet, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU. El jefe de Estado confirmó el apoyo al informe crítico sobre la situación en Venezuela y desató algo previsible: la molestia de varios sectores del Frente de Todos, que cuestionaron el abandono a las posiciones defendidas hasta el 2015.

La razón por la que este cortocircuito capturó la atención de los agentes económicos, es porque buscan discernir si representa un ensayo de Alberto en busca de un mayor grado de autonomía, puertas adentro de la coalición oficial. Las razones de este movimiento pueden ser tácticas, pero reconocen una nueva realidad regional. El hecho de que Estados Unidos se alzara con la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), traduce un hecho indiscutido: Washington recuperó el control político de la región, ayudado por el Brasil de Jair Bolsonaro.

La Argentina había postulado a Gustavo Béliz, pero ante las escasas chances de triunfo impulsó una postergación de la elección hasta después de los comicios en EE.UU. Su postura no logró el apoyo mínimo, ni siquiera de un gobierno ideológicamente afín como el de México, que no quiso arriesgar nada de su frágil relación con Donald Trump.

El presidente argentino cuidó su vínculo con Washington mientras se renegoció la deuda. Hoy hay alta expectativa por el destino de la Casa Blanca. Y si bien la ventaja del demócrata Joe Biden es amplia, debe confirmarse en las urnas. Eso explica la cautela oficial e incluso la decisión de hacer un gesto que en la política exterior es leído como pro-EE.UU.

La pregunta pasa entonces por entender cómo afecta la relación con Cristina Kirchner. Es evidente que en septiembre la agenda estuvo dominada por dos temas de su interés, como son la reforma judicial y el impuesto a las grandes patrimonios. En el medio, la Nación abrió una pelea política con la Ciudad para rescatar a la provincia de Buenos Aires de su crisis policial.

La imagen del Presidente cayó y la incertidumbre creció. Los empresarios se preguntan si la falta de definiciones económicas más contundentes responde al gradualismo de Alberto o a la dificultad de encontrar espacios de consenso con Cristina.

Si la postura hacia Venezuela revela autonomía, es un dato. Pero también puede ser un mensaje que equilibre el último acercamiento a China, siempre dispuesta a ampliar su influencia en América Latina. Todo esto adquirirá su sentido real cuando se sepa quién ocupará la Casa Blanca a partir de 2021.

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