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MARTES 23/04/2019

El capitalismo mundial entre colorados y lápices rojos

ANDRÉS FERRARI HAINES

ANDRÉS FERRARI HAINES Profesor UFRGS (Brasil) @Argentreotros

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El capitalismo mundial entre colorados y lápices rojos

“Cuando incluso los economistas más importantes cuestionan la idea misma del capitalismo, uno sabe que el sistema está en problemas” afirmó hace unos días el columnista de Bloomberg Noah Smith. Uno de esos economistas es Angus Deaton, premio Nobel de economía de 2015, que la semana pasada en Project Syndicate bajo el título ¿Qué está mal con el capitalismo contemporáneo?, afirmó que “detrás de los trastornos populistas actuales hoy hay un reconocimiento generalizado de que la economía ya no sirve al bien público, ni a los intereses de la mayoría de sus participantes”. Casi simultáneamente, Ray Dalio, el multimillonario y fundador del mayor hedge fund del mundo, manifestó que existen fallas en el capitalismo estadounidense que han creado brechas destructivas, que se refuerzan mutuamente, en educación, movilidad social e ingresos.

Smith sostiene que “el capitalismo necesita reforma, no revolución”; Dalio, teme que se produzca una revolución… mientras destaca que la concentración de riqueza afecta la salud de los pobres que estima que, por eso, “probablemente morirán 10 años antes que los que ganan más”. Y denomina el impacto que esta situación tiene sobre la calidad de la educación que reciben los niños y las fallas sistémicas en las escuelas de los barrios pobres de “abuso infantil”. En su opinión, la existente brecha de riqueza e ingresos es “una emergencia nacional”.

Más allá de las diferencias de opiniones, se trata aquí de dos personalidades a las que podríamos catalogar de “ganadoras” dentro del capitalismo, que se ponen colorados ante la fuerza de las evidencias. Podrá ser colorados de vergüenza humana o de preocupación por la viabilidad del sistema en el que están en la cima. De todas formas, proponen inmediatas y profundas reformas. Así, Dalio propone una comisión bipartidista para rediseñar el sistema económico y garantizar estándares mínimos para el cuidado de la salud y la educación e introducir impuestos redistributivos sobre los ricos –además de que haya mayor coordinación de la política monetaria y fiscal para estimular el crecimiento. Smith, en la línea misma, considera que, hágase lo que se haga, el resultado será una economía mixta, donde los roles del gobierno y del sector privado se alterarán un tanto para abordar los problemas más urgentes, que serían resolver la cuestión climática, para evitar que el planeta se vuelva inhabitable, y hacer que los estadounidenses se sientan materialmente menos inseguros. En este punto, enfatiza que no se debe analizar tanto la concentración de riqueza, como asegurar “los determinantes básicos de la comodidad y la seguridad materiales” porque sostiene que unos pocos artículos caros pesan mucho en los presupuestos familiares de los estadounidenses: educación y cuidado infantil, atención médica, y un plan para viviendas asequibles a nivel nacional.

Los lápices rojos

En enero, mientras se desarrollaba el Foro Económico Mundial en Davos, la senadora demócrata Elizabeth Warren, propuso un impuesto a los ultra ricos de 2 por ciento para aquellos con un patrimonio neto superior a los 50 millones de dólares con un 1 por ciento adicional al patrimonio neto superior a los 1.000 millones de dólares. Sus autores, los economistas de la Universidad de California-Berkeley Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, estiman que alrededor de 75,000 hogares estadounidenses (menos del 0.1%) serían responsables del impuesto a la riqueza y que el impuesto recaudaría alrededor de $ 2.75 billones en el período de diez años del presupuesto 2019-2028, de los cuales $ 0.3 billones provendrían del billonario 1% de recargo.

Presente en el encuentro en Davos, el premio Nobel de economía y profesor de la Universidad de Yale, Robert Shiller, afirmó que impuestos a la riqueza como ese propuesto por Warren, probablemente no funcionará porque “la gente se va, se lleva su negocio a otra parte”. Jacob Wolinsky, fundador del popular sitio de inversión ValueWalk.com, cuestionó: “¿Necesitamos revisar un impuesto a los ultra ricos sólo porque son ricos para redistribuirlo a través del proceso del gobierno?”

La diputada demócrata, Alexandria Ocasio-Cortez, también había propuesto un fuerte aumento de impuestos en los ingresos más altos para ayudar a financiar un plan para eliminar los combustibles fósiles…y para asegurar que el planeta sea habitable. El anuncio de su propuesta en Davos generó carcajadas en la audiencia. Michael Dell, el CEO de Dell Technologies, afirmó que se siente “mucho más cómodo con nuestra capacidad como fundación privada para asignar esos fondos que asignárselos al gobierno” y que no cree “que ayude al crecimiento de la economía de Estados Unidos”.

Neil Irwin, corresponsal senior de economía para The Upshot, argumentó que estas propuestas tienen un problema que si “las personas que han ganado dinero y que han pagado el impuesto sobre la renta correspondiente tienen derecho a la riqueza que acumulan. Además, la riqueza que las familias individuales acumulan bajo el sistema actual es posiblemente más probable que se ponga a trabajar invirtiendo en proyectos a gran escala que fortalecen la economía. Pueden invertir en empresas innovadoras, por ejemplo, o en grandes proyectos inmobiliarios, de la forma en que los pequeños inversores generalmente no pueden”.

A pesar de este rechazo, la preocupación por la cada vez mayor brecha entre ricos y pobres y su efecto en la política populista ha sido un tema clave en el reciente Foro Económico Mundial en Davos. Se sostuvo que las empresas deben asumir más responsabilidades en los asuntos sociales.

Las reacciones contrarias a estos impuestos se esconden detrás de “argumentos económicos” para validarse. El punto de Irwin de “injusticia” porque ya han cumplido con sus obligaciones impositivas es absurdo porque se trata de modificar las obligaciones impositivas. La cuestión pasa por aplicar “verdades económicas” para definir obligaciones impositivas adecuadas. Éstas serían adecuadas porque generarían mayor crecimiento económico y beneficiarían a todos… justamente lo que no se está observando. Los “argumentos” son sólo la aplicación del lápiz rojo sobre las propuestas de reforma de los que se ponen colorados.

Evidentemente, así, los de lápiz rojo poco quieren reformar. Deben pensar como Shiller que prefiere un plan que sólo se haga efectivo en quizás 10 años, en caso de que la desigualdad se vuelva "catastrófica"…

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