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El acercamiento a la Alianza del Pacífico, un paso contundente

La Argentina ha solicitado su admisión como observador en la próxima cumbre de la Alianza del Pacífico (AdP). Podría tratarse de un acontecimiento histórico, tras lustros en los que Argentina no produjo movimientos de este tipo sin el concurso de Brasil (con quien ha tenido un alineamiento absoluto) y tras décadas sin generar vinculaciones con bloque económico alguno salvo el Mercosur.
Participar como observador no le concede (obviamente) los atributos de miembro pleno, pero marca un nuevo perfil: mayor autonomía relativa frente al Mercosur (sin abandonar al bloque como principal alianza estratégica), acercamiento a un bloque promotor del libre comercio internacional, reconocimiento de que en el Pacífico está el gran motor económico transnacional.
La AdP está formada por México, Colombia. Perú y Chile. A diferencia del Mercosur (unión aduanera que prevé libre comercio intrazona pero
altos aranceles consensuados de todos hacia terceros) en la AdP hay libre comercio entre sus miembros y autonomía de cada uno de ellos para gestar acuerdos de comercio e inversiones con terceros.
Con este movimiento, Argentina reconoce una tendencia mundial: la OMC ya admite más de 620 acuerdos económicos internacionales en el mundo, mientras hace 15 años eran solo 270 (más del 50% del comercio mundial ocurre entre países que generaron esos acuerdos). La AdP suma 215 millones de habitantes y casi el 40% del PBI de Latinoamérica (de ser un país sería la 8va economía del globo), y los acuerdos comerciales les permiten llegar sin pago de aranceles a entre 1500 y 4500 millones de habitantes (según el país); la participación de las exportaciones en su PBI casi duplica la de nuestro país; y es el ámbito de origen de la mayoría de las inversiones extraterritoriales de empresas latinoamericanas.
Hace un tiempo la CEPAL estudió los diversos rubros de posible acuerdo entre países del Mercosur y de la AdP, incluyendo facilitación de comercio, acumulación de origen, movilidad de personas, estadísticas para el comercio de servicios, cooperación en ciencia, tecnología, innovación y prospectiva, sostenibilidad ambiental, transporte, energía, política industrial, aproximación conjunta a Asia Pacífico y turismo. Y, por supuesto, menores aranceles al comercio trasfronterizo, aunque en este ámbito debe decirse que Argentina ya tiene acuerdos vigentes y ambiciosos algunos de sus miembros (como Chile y Perú).
En futuro acuerdo pleno con la AdP, además de mostrar de modo inequívoco un nuevo rumbo (lo que contribuye a una nueva reputación del país, algo de crítica relevancia para quienes toman decisiones de negocios), mejoraría el comercio hacia quienes ya son grandes receptores de exportaciones industriales argentinas (la región es el principal destino para exportaciones con alto contenido tecnológico). Además, el 45% de las empresas exportadoras argentinas ya ha exportado a la AdP (lo ha hecho hacia Mercosur el 65%), mientras al resto del mundo la proporción es muy menor (a Europa solo ha exportado el 28% de los exportadores; a EEUU el 20%; y a China el 4%). Un mejor acceso a la AdP implicará, además, ingresar en un puente de integración en cadenas hacia otros mercados.
En Latinoamérica hay 110.000 empresas exportadoras, y unas 65.000 están en la AdP (el doble que en el Mercosur). Esto, porque Chile ha celebrado acuerdos internacionales con economías que representan el 81% del producto bruto mundial, México con quienes generan el 60% del PB mundial, Perú con quienes explican el 77% y Colombia con el 27% del producto mundial. Nosotros tenemos acuerdos con quienes solo representan el 5% del PB global.
Por supuesto, y como se expuso más arriba, este es solo un inicio, y no se trataría aún de una incorporación estructural y plena a un nuevo bloque. Al respecto, el Mercosur deberá decidir lo suyo para coordinar nuevos movimientos de internacionalidad que sus miembros entrevén como múltiples.
Es cierto, solo se trata de un primer paso. Pero es un paso de significado contundente.

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