DETR S DE LOS NEGOCIOS

El abogado de la City que terminó en el banquillo de los acusados

Ale". Así se lo llamaba en el estudio Alfaro. Representaba a la firma en España, en el cuarto piso del número 15 de Fernando El Santo, de Madrid. Alejando Paul Vandenbroele (Turdera, 9 de mayo de 1969) estaba radicado allí con una misión: captar negocios. Era, según quienes lo trataban, para lo que mejor explotaba sus condiciones personales. Más valoradas que sus habilidades profesionales como abogado.

Recibido en la Universidad Católica Argentina (UCA) el 21 de octubre de 1994, tal cual consta en su inscripción -tomo 56, foja 721- del Colegio Público de la Capital Federal, hizo una especialización en Asesoramiento Corporativo en la Universidad Austral e ingresó a Allende & Brea, uno de los principales estudios de la City. Haberse recibido fue un logro: cuando tenía poco más de 20 años, un accidente automovilístico le valió una prolongada internación, con riesgo de muerte. Fue a la facultad durante varios meses en muletas, con asistencia de un amigo. En 1996, Carlos Alfaro entonces socio de A&B lo contrató para la oficina que el estudio compartía en Nueva York con el bufet brasileño Tozzini & Freire. Según Alfaro, se le presentó en el lugar, pidiendo trabajo. Compasivo con su historia, lo tomó para hacer traducciones, ad honorem. Dos años después, cuando Alfaro dejó A&B, se lo llevó a trabajar con él a Alfaro-Navarro, estudio que formó con Alberto Navarro Castex, hermano de Juan, el hacedor del Exxel Group.

A inicios de 1999, el fugaz Alfaro & Navarro cortó cintas en Madrid. Vandenbrule como se pronuncia su apellido fue el enviado. En una solicitada que publicó el 5 de marzo de 2012, se definió a sí mismo como el representante de Alfaro, durante una década, para Europa. Inscripto en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid matrícula C82772, estaba habilitado para practicar Derecho español.

Así presentado, ese nexo profesional con Alfaro quien, hoy, pena por el daño reputacional hecho a él y a su estudio es, por lo menos, una tergiversación, afirman fuentes del bufete. "Vandenbroele siempre actuó por su cuenta. No cumplió función alguna en la estructura", agregan. "Era un of counsel, un líbero. Le hacíamos algunos encargos y no trabajaba exclusivamente para nosotros", aclaran. Añaden que no sólo atendía asuntos legales, sino que en Madrid desarrollaba múltiples actividades. Por caso, gerenciaba un bar, motivo que provocó fastidio en Buenos Aires.

No obstante, cada visita suya a la oficina porteña era un acontecimiento, cuenta un business lawyer que caminó ese pasillo circular. Pero, pese a la alfombra roja tendida, se mostraba simple en el trato con los demás abogados, reconoce la fuente. En gran parte, agrega, porque era consciente de que quienes llevaban los asuntos más importantes y, en consecuencia, generaban facturación eran los que yugaban en el tercer piso del Rulero, no él.

Su don era otro. Habla inglés y francés, idioma de rigor para su ciudadanía belga. De excelentes habilidades interpersonales, su tarea central era conquistar clientes, en congresos, cocktails y seminarios. Eso era lo que Alfaro valoraba en él. Un talento que, no obstante, era insuficiente para anexar la palabra socio a su business card. "Nunca le interesó ser abogado. Le gustaba más hacer negocios", asegura un conocedor íntimo del porqué.

Sin embargo, como abogado, se le reconoce la predisposición a, prácticamente, hacer cualquier cosa que necesitara un cliente. Desde armar una estructura de alambradas ligaduras jurídicas, a ponerle el nombre y el cuerpo, dadas las implicancias penales como director o accionista de una sociedad, sin sopesar los costos del eventual beneficio. Las desprolijidades que ostentó con The Old Fund son un reflejo de eso, apunta un ex colega. Por ejemplo, seguir inscripto como monotributista categoría B, con facturación de hasta $ 24.000 anuales, pese a ser presidente de una sociedad que aportó los $ 2 millones necesarios para hacer el take-over de la imprenta.

Para Ale, hubo un antes y un después del evento de fin de año de Alfaro Abogados de 2005. Esa noche, Cupido lo enlazó con una belleza mendocina que integraba el pool de secretarias del estudio: Laura Muñoz. Se casaron al año, con fiesta para 300 personas. Con el cartel de "recién casados", se radicaron en Chacras de Coria. Se separaron en marzo de 2010. Vandenbroele, en tanto, había desaparecido del mundillo de los Abogados de la City. Hasta que, a mediados de 2011, sus colegas de antaño empezaron a leer su nombre en los diarios: era la cara de un fondo de inversión que, con el aval de la AFIP y del Ministerio de Economía, había presentado una propuesta a la Justicia para quedarse con una planta impresora de documentos contables, la ex Ciccone Calcográfica. Por eso, ayer, seis años después, estuvo sentado en el banquillo de los acusados.

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