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El Gobierno recuperó la pelota pero la economía no está para perder tiempo en pases cortos

El Gobierno empezó a retomar algunas de las cartas que había puesto sobre la mesa en el diálogo con los gremios antes de que la CGT dispusiera un paro general y tensara la cuerda por reclamos políticos y sociales más que económicos. Cuando empezó a calentar el ambiente para justificar el llamado a una huelga, la central obrera salió a denunciar una ola de importaciones que provocaba pérdidas de empleo, sobre todo en sectores sensibles como indumentaria y calzado.

Con el paso de las semanas, los números no lograron la contundencia deseada, y además el oficialismo recibió una dosis alta de oxígeno político con las movilizaciones del 1 de abril. Ese día quedó en evidencia que la calle ya no iba a ser determinante en la pulseada. La Casa Rosada abrevó una vez más en el gradualismo y decidió reabrir la puerta a las gestiones sector por sector, y dejar para el final a la CGT.

Ayer hubo muestras de este nuevo sendero. El ministro Jorge Triaca y el titular de la AFIP, Alberto Abad, fueron a visitar a la confederación de gremios del transporte (un reconocimiento indirecto a su poder en el arco gremial, ya que mostraron ser capaces de inmovilizar a cientos de miles de personas).

Empezaron a repasar cuentas pendientes de la reforma de Ganancias, que la AFIP prometió evaluar en una comisión técnica conjunta, y a dar pistas de la paritaria, en la que el Ejecutivo mueve la aguja con el nivel de subsidios que acepta pagar a las empresas del sector.

En paralelo, el Ministerio de la Producción comenzó a discutir con fabricantes de indumentaria y calzado, dos sectores sensibles, el articulado de una ley de promoción que incluye baja de aportes patronales a los que blanqueen trabajadores y no achiquen su nómina de empleados.

La Casa Rosada percibe que recuperó el control de la pelota, pero le convendría no perder mucho tiempo haciendo pases entre ministros. La inflación no se dejará domar tan fácil, y pese a la vocación de coordinar un poco más los aumentos de tarifas para no repetir lo hecho en 2016, todavía falta generar algún mecanismo de alerta temprana que le de al Gobierno una instancia de reacción previa a la del Banco Central.

Con dólar bajo y precios y tasas en alza, las empresas enfrentarán costos más altos en divisas para exportar y en pesos para financiarse. A la economía no le conviene estar estacionada mucho tiempo en este escenario. Las proyecciones de crecimiento ayer mismo empezaron a bajar.

 

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