El FMI le pasó la pelota a la Argentina: ahora no habrá justificativos externos

Si algunos se preguntaban por qué el FMI hizo un giro tan radical de estrategia en la política cambiaria que le había habilitado a la Argentina, las imágenes de lo que ocurrió en Venezuela en las últimas horas seguramente aportarán un argumento. El levantamiento cívico militar que protagonizó Juan Guaidó atrajo el foco del mundo a la región, y ante la inestabilidad que cabe esperar ante una movida que involucra a la Casa Blanca, el Fondo aceptó que era necesario apagar el nerviosismo en torno al dólar. No era la única razón, claro.

El gobierno argentino y el equipo económico se dieron cuenta de que el compromiso que había sellado el FMI con la administración de Mauricio Macri podía ser utilizado como un argumento de presión. Después de hacer buena letra durante varios meses, aplicando al pie de la letra el rigor monetario recetado para enfrentar la inflación, el Banco Central obtuvo las pruebas que necesitaba para demostrarle a los economistas del organismo que lo que funciona en todo el planeta no necesariamente funciona en la Argentina. Fueron extensos y trabajosos intercambios, en los que ningún resultado parecía aceptable. Por eso el cambio fue tan drástico: el Gobierno le hizo ver al Fondo que su intransigencia podía poner en riesgo el programa, y antes de fijar una nueva fórmulo, aceptó recalibrar todo y confiar en el criterio de Nicolás Dujovne y Guido Sandleris.

La Argentina se comprometió a no repetir el mismo sacrificio de reservas que hicieron Luis Caputo y Federico Sturzenegger. Quieren probar con una intervención más basada en el timming que en una nueva regla. Hasta el momento lograron detener la inercia y cambiar la tendencia. El Gobierno tiene permiso para atrasar un poco el tipo de cambio, pero tampoco aspira a hacerlo como estrategia. De hecho, si no hubiera tanta histeria por los saltos que pega el tipo de cambio, con una inflación que rondará 15% en el primer cuatrimestre, sería previsible esperar que el dólar siga el mismo sendero.

El Estimador Mensual de Actividad Económica correspondiente a febrero permitió ver, una vez más, una moderación de la caída. Pero no se ve cuáles serán los motores de la recuperación, más allá del agro.

El Gobierno va a tener que pensar en una estrategia más abarcadora para que su efecto se sienta en la economía. Con la tasa arriba de 70% el financiamiento es inviable, y de ese modo no habrá chance para que el consumo tenga un rumbo distinto. Precios Esenciales es un anabólico que busca instalar la sensación de que hay una acción oficial en marcha para mitigar el problema. No es la solución del problema. El día a día todavía manda, y como sucede cuando hay fiebre, lo primero es bajarla. El dólar más calmo puede ayudar a que en mayo la inflación se reduzca. El ruego de Macri y todo el equipo de Cambiemos es que la de abril empiece con 3. Entre jueves y viernes los datos del cierre del mes permitirán hacer los primeros pálpitos.

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