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El FMI hará el Capítulo IV y hablará con todos, incluido el sector gremial

Los últimos días de septiembre serán efervescentes. El 23 quizá las CGTs unificadas convoquen al primer paro nacional contra el gobierno de Cambiemos; a la vez, entre el 19 y el 30 caminarán por Buenos Aires, por primera vez en 10 años, ocho funcionarios del FMI cumplimentando la Consulta del Artículo IV, la auditoría a la que se prestan todos los miembros del organismo cada año. Argentina, por decisión del kirchnerismo, no lo hace desde 2006 y, aún así, el influyente G-20 pasó de analizar pedidos de suspensión por falsificación estadística y no cumplir con el Artículo IV, a asignarle la presidencia desde julio de 2017. Por ende, Argentina ya integra la troika, constituida para darle continuidad a la gestión, con Alemania (presidencia actual) y China (anterior). No fue magia; sólo cambio de gobierno y de atmósfera.

Una fuente confiable del FMI admitió que la misión tiene interés en reunirse con los popes gremiales, así como lo hará con las autoridades económicas-principalmente del Ministerio de Hacienda y Finanzas y el Banco Central-, empresarios, miembros de la oposición y consultores privados.

El principal ejecutivo de la misión -se sumará en los últimos días- es Alejandro Werner, mexicano, Director del Departamento del Hemisferio Occidental. Werner nació en Argentina, pero su familia se exilió en México cuando era niño. Por esa razón los hábitos de los argentinos no le son ajenos; pero también por otra: está casado con una argentina.

Un comentario de Werner formulado en julio sobre la transición del modelo cristinista hasta aquellos días, puede servir para marcar el tono de la próxima visita: "El ajuste de los precios relativos en el primer semestre de 2016 -escribió, refiriéndose al ‘pass-through’ de la devaluación y los anuncios de aumentos en las tarifas de los servicios públicos- ha acelerado la inflación y perjudicado el consumo privado. A diferencia del Fondo de antaño, al staff actual no le satisfacen los ajustes fiscales rápidos, menos si los hace un gobierno que tiene credibilidad, como la que todavía goza el de Macri.

Desde ya que la misión no vendrá a pedir -menos a exigir- cambios en el programa económico. Pero observará, recomendará y comentará sus conclusiones al Directorio del organismo. Saben que el gobierno quiere mejorar su desempeño fiscal, pero también reconocen que está en un brete: ¿cómo hacerlo si mientras no puede ajustar tarifas tiene que mantener el nivel inusitado de subsidios que le dejó Cristina? Es probable, eso sí, que en el informe cuestionen la capacidad del gobierno para solucionar ese factor crítico. Quizá ese sea el gran tema.

El trabajo se hará en un marco más tranquilo que, por ejemplo, en 2005 cuando hubo que mudar a Washington la consulta del Artículo IV. El equipo económico viajó para evitar que la cola de las convulsiones de la crisis argentina le significara un probable palazo en la testa a alguno de los visitantes. Por cierto que Guillermo Nielsen y sus espadas: Leonardo Madcur y Sebastian Palla, esto es, el equipo de Roberto Lavagna, que defendían una gestión apuntalada por un stand by del FMI, la tuvieron más difícil que Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger en estos días. Los de hoy se empeñan, asediados por la patota, en mejorar las estadísticas para que se pueda volver a confiar en el Estado y que el FMI levante la moción de censura impuesta en 2013 por la necedad de Cristina.

Un Capítulo IV tranquilo será otro paso hacia la rehabilitación plena en los mercados financieros. Y hay buenos augurios: el FMI simpatiza con la transparencia del actual gobierno y verá con buenos ojos la decisión del BCRA, seguramente para entonces ya adoptada, de implantar un programa de ‘inflation targeting’.
En fin, el documento será escrito por un Fondo más comprensivo. En 10 años su espíritu ha cambiado mucho. En 2012 le erró feo en España al cálculo de los multiplicadores fiscales (relación y consecuencia de los ajustes fiscales sobre el PBI) y tuvo que pedir disculpas.

No es que se haya moralizado; comprendió a fuerza de porrazos los cambios en las estructuras económicas. Ahora no anda con ínfulas sobre temas como la libre circulación de capitales. El control de capitales ya no es un tabú. Y tiene un nuevo credo sobre la distribución del ingreso: que no hay crecimiento sustentable posible si los excedentes van a quienes ahorran y no a quienes consumen. Esto es, si los acumulan los ricos y no van a los bolsillos de las clases medias, que los dinamizan.

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