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El Estado desdobló el costo del bono pero los privados no pueden imitarlo

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HERNÁN DE GOÑI Director Periodístico

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El plus salarial que el Gobierno acordó con los estatales será una complicación para el sector privado. El Poder Ejecutivo aceptó, en su primera etapa de negociación con los gremios, que había margen para recuperar parte del poder adquisitivo del salario, culposo por el salto inflacionario que provocaron las correcciones de 2016.

Muchas empresas plantearon que estaban en condiciones de otorgarlo (no más de 50%, según el sondeo de una consultora especializada en recursos humanos). Pero la decisión oficial le da la categoría de beneficio universal, y hasta le pone un piso. Con una caída de la economía prevista para todo el año de 2%, cumplir con ese pago será más que difícil para numerosos sectores industriales, que arrastran meses de recesión, pero sobre todo para las pequeñas empresas.

El bono también está destinado a ser un factor de conflictividad, porque los gremios no lo entienden como la compensación que pueden dar las empresas en función de su situación económica actual, sino como la suma que necesitan recibir los asalariados para empatarle a la inflación. Lo que subsiste, queda claro, es una brecha más que dispar.

El único salvavidas que el Estado se dio a sí mismo, es el desdoblamiento del bono. La mitad se pagará en diciembre y la otra mitad en enero, decisión que traslada 50% del impacto fiscal al déficit de 2017. Ese truco también le puede servir a las provincias y a los municipios, aunque en definitiva lo que conseguirá es incrementar la presión a la Nación (con el mismo argumento de que se trata de fondos a cuenta) para que financie a los que queden en descubierto. Los privados no tendrán más remedio que exprimir otra vez sus bolsillos flacos. Y los que no tengan resto, porque el año cierra en rojo, además quedarán como los malos de la película.

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