El BCE despliega toda su artillería para salir de la desaceleración

El miércoles pasado el Banco Central Europeo (BCE) realizó su reunión mensual de política monetaria. La expectativa de los analistas se hallaba centrada en la visión del escenario económico por parte de la entidad y en la eventualidad de nuevas medidas que profundizaran su actual política monetaria "acomodaticia"; esto es: tasas mínimas de interés y abundante liquidez.

En cuanto al primer punto, la autoridad monetaria manifestó su preocupación por la desaceleración que actualmente se está produciendo en los niveles de actividad debido, fundamentalmente, a "vientos en contra" de la economía mundial generados no sólo por incertidumbres de factores geopolíticos (Brexit, guerra comercial China/EE.UU. y stress del sistema financiero global, entre otros), la amenaza del proteccionismo y las vulnerabilidades internas y externas de las economías en general y de las emergentes en particular. Así las cosas, la entidad afirmó que el "lento crecimiento actual" se extendería como mínimo hasta fines del corriente año.

En términos cuantitativos, la expansión para 2019 se ubicaría apenas en el orden del 1,2% (versus 1,8% en 2018) pero, además, con riesgos a la baja (esto es, con posibilidad de tasas de crecimiento aún menores que las previstas). Claramente, entonces, el panorama no luce alentador. Asimismo, a lo anterior, a la fecha se le suma una inflación anual de 1,4%; bien por debajo del máximo del 2% fijado por la entidad

Vale decir, entonces, que la visión del BCE es muy clara: desaceleración del crecimiento por lo menos hasta fines del corriente año e inflación por debajo del objetivo. Ante esta combinación, la autoridad monetaria ha decidido reafirmar y profundizar su actual política monetaria acomodaticia.

A este respecto, básicamente, las herramientas de las cuales dispone son: tasa de interés, emisión monetaria vía reinversión de los vencimientos e intereses de su stock de títulos y otorgamiento de préstamos de largo plazo a las entidades financieras. Como era de esperar, en aras de superar el duro combo de desaceleración y baja inflación, el BCE decidió desplegar casi todo el arsenal disponible:

Mantendrá como mínimo hasta fin de año el actual nivel de la tasa de referencia (0%). Anteriormente el compromiso era modificarla a partir del verano boreal.

Reinvertirá el flujo de fondos generado por los activos de su balance.

Otorgará, a partir de septiembre próximo, una línea de préstamo a 4 años de plazo a las entidades financieras con el claro objetivo de aumentar la oferta de crédito. Como se podrá apreciar, el compromiso de la entidad para cumplir sus objetivos es muy fuerte. En efecto, respecto a la tasa de interés actual si bien – como ya se ha dicho- a la fecha la previsión actual es no modificarla por lo menos hasta fin del corriente año, la entidad aclaró que -de no cumplirse sus estimaciones- la mantendría "todo el tiempo que fuera necesario" hasta lograr sus objetivos de crecimiento (1,5%/2%) e inflación (máximo 2% anual).

En el mismo sentido, la autoridad monetaria estableció que la reinversión de los flujos derivados de su tenencia de títulos, permanecería vigente por un extenso periodo de tiempo necesario hasta lograr condiciones favorables de liquidez. Finalmente, y para que no quedaran dudas -en la Conferencia de Prensa posterior al cierre de la reunión- el presidente Draghi, declaró que la entidad estaba dispuesta a hacer todos los ajustes que fueran necesarios (incluso tasas de interés negativas) a los efectos de lograr los objetivos impuestos por su estatuto; esto es: crecimiento sostenido y baja inflación.

En síntesis. Ante el actual y complejo escenario de desaceleración y muy baja inflación, el BCE ha acentuado su política acomodaticia de tasa cero, alta liquidez y mayor oferta crediticia. En consecuencia, no es dable de esperar- al menos en el mediano plazo- el inicio de un nuevo ciclo de endurecimiento monetario de suba de tasas y disminución de la liquidez.