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El ABC de las sociedades anónimas deportivas

Imagen de DANIEL R. VIOLA

DANIEL R. VIOLA Abodago Socio Estudio Viola & Appiolaza

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Días pasados, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, declaró en el programa de Marcelo Longobardi por Radio Mitre: "Así no puede seguir el fútbol, la situación es muy grave. El fútbol es deficitario, poco transparente y lleno de oscuridades. Los dirigentes del fútbol tienen que hacer una autocrítica profunda y hacer una reforma." El expresidente de Boca Juniors (1995-2007), reafirmó su idea de propiciar las sociedades anónimas deportivas (‘SAD’): "Y si el mundo fue y aceptó -en algunos casos obligatoriamente y en otros optativamente, y yo soy de los que creen que debe ser optativamente- la figura de la sociedad anónima, el fútbol argentino también lo tiene que aceptar" enfatizó.

En tal sentido, cada institución nacida como una asociación civil sin fines de lucro, deberá contar con el aval de sus asociados según lo dicten sus estatutos fundacionales. El tema invita al debate y también a explorar en la experiencia ajena, donde aparecen señales de alerta. En España, la Ley del Deporte de 1990 (N 10/1990), creó la figura de la ‘SAD’ como una variante de las sociedades mercantiles, con el loable propósito de dotar al fútbol profesional de mayores controles presupuestarios y transparencia.

En su preámbulo se anuncia: "El objetivo fundamental de la nueva Ley es regular el marco jurídico en que debe desenvolverse la práctica deportiva, rechazando, por un lado, la tentación fácil de asumir un protagonismo público excesivo y, por otro lado, la propensión a abdicar de toda responsabilidad en la ordenación y racionalización de cualquier sector de la vida colectiva". Esta ley obligó a los clubes ‘endeudados’ a convertirse a una ‘SAD’ porque en teoría ello les garantizaba un mejor desempeño a futuro.

En tanto, otro grupo de clubes ‘saneados’ pudieron seguir compitiendo profesionalmente como clubes deportivos (asociación privada). Para evitar la transformación, los clubes debían acreditar una buena gestión, con un saldo de patrimonio neto positivo durante los últimos cuatro ejercicios. Aquellos que cumplieran con este requisito, podían optar libremente. Real Madrid, Barcelona FC, Athletic de Bilbao y Osasuna, lograron mantener su ‘statu quo’ sin variar su forma jurídica. El profesor Luis Cazorla hoy le apunta a una insolvencia generalizada, dado que ‘las ‘SAD’ han fracasado rotundamente en España como instrumento de control de una buena gestión deportiva y también social, y no por la forma elegida, común y habitual en la mayoría de los países de nuestro entorno, sino por la connivencia, diferencia de trato y ‘manga ancha’ de las autoridades españolas con las instituciones deportivas más poderosas e influyentes’. Mientras en Alemania, donde es frecuente la participación de los fondos de inversión en los fichajes de jugadores, un acuerdo accionario entre la aseguradora Allianz y el Bayern Munich, generó un incremento del 8% del capital social del club, lo cual se tradujo en una inyección de 110 millones de euros, sumándose a otros accionistas de peso como Audi y Adidas. Otro acuerdo estratégico entre el grupo KKR (uno de los mayores fondos de capital de riesgo) con el club Hertha de Berlín, permitió el ingreso de 61 millones de euros.

En el año 2005, Chile promulgó la ley 20.019 de Sociedades Anónimas Deportivas (SADP), que buscaba ordenar el caos financiero patentizado en la quiebra del club más popular del país, Colo-Colo, por una deuda superior a $ 22 mil millones. El exministro e impulsor de la ley chilena, Francisco Vidal, años más tarde resumió: "Me arrepiento de haberla impulsado. La ley era para salvar a la actividad, pero no ha resultado porque los clubes grandes deben el doble que antes, y el 85% del total están quebrados".

Las nuevas autoridades de la Asociación Nacional chilena (ANFP), denuncian la falta de fiscalización de la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) y del Instituto Nacional del Deporte (IND) en el control de las cuentas de las sociedades anónimas del fútbol profesional. Ahora los clubes chilenos están bajo la lupa por los préstamos que han recibido de la ANFP, sus verdaderos ingresos y gastos, así como por los negocios en paralelo entre la asociación nacional y empresas relacionadas con sus dueños. El ABC de la buena gestión deportiva no depende de la naturaleza jurídica de los clubes sino de la eficiencia, transparencia y profesionalidad de sus dirigentes. Los capitales privados ayudarán a reducir las subvenciones estatales, pero antes habría que incorporar al deporte a nuestra Constitución Nacional, como política de Estado referida al ‘bienestar general’ que se pregona. Vale citar a S. Ámbar: "No sigas por donde el camino conduce, busca por donde no hay camino y deja tu propia huella".

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