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El 2017 alumbra con repetición de candidatos entre Cristina, Carrió, Scioli y Randazzo

El 2017 alumbra con repetición de candidatos entre Cristina, Carrió, Scioli y Randazzo

Por una puerta del despacho del debutante intendente del Conurbano bonaerense salió un barbudo Florencio Randazzo. Fue el que impuso el look entre los ex ministros cristinistas, cuando dejó de afeitarse al convertirse en fallido presidenciable. Desde las sombras, el chivilcoyano se viene asomando para ser un emergente alternativo para el 2017 del Grupo de los 12, el peronismo territorial "moderado" bonaerense. No por sus virtudes sino a falta de un defecto que trunca carreras en el justicialismo: no haber perdido. En rigor el año pasado tampoco ganó porque, claro, no lo dejaron competir. Pero el mencionado jefe comunal, hábil –por algo sobrevivió a la ola Cambiemos que engulló a la Naranja– semanas atrás había aceptado la invitación de Cristina Fernández de Kirchner en su regreso post-testimonial, cortesía del juez Claudio Bonadio, al Instituto Patria. Si bien, dice, como otros, le hubiera gustado pegar el faltazo, criticando a La Cámpora y a su lapicera, se excusa: la ex Presidente aún mide, y muy bien, en los barrios. La verdadera "pesada herencia" para la Casa Rosada.

Y en el medio, el mismo prematuro cacique se mostró junto a la "renovada" conducción del PJ nacional en su presentación –tras sortear el escollo judicial– en el Teatro Avenida. Como nuevo vice, el ex porteño Daniel Scioli planea volver al Congreso como, otra vez, candidato bonaerense. Déjà vu: volver a hablar de una interna Scioli-Randazzo.

En esa línea, la del vedettismo teatral, pueden sobrevenirse problemas de cartel en el peronismo para una elección clave, la legislativa 2017, comicios de medio término para poder pensar o descartar una reelección de Mauricio Macri. Y en un escenario más que determinante: la provincia de Buenos Aires con su 38% del padrón, con una María Eugenia Vidal que hoy goza de una mayor imagen que la presidencial pero sin alternativa sanguínea para colocar su apellido en la boleta. "Los mejores candidatos, en intensión de voto, los gastamos el año pasado", se lamentaban la semana pasada en el ministerio del Interior de Rogelio Frigerio, la cartera que ya trabaja por otro mandato macrista. Y, un antojo presidencial (la reforma electoral), los complica más: "Si en 2017 vamos con boleta electrónica en la provincia, frente a Cristina por ejemplo, necesitamos caras conocidas para poner en la máquina".

Rostros reconocibles tienen. Que arrastren votos es otra cosa. "Yo voy a ser candidata, por Cambiemos, por afuera, como sea", juran que así le anticipó la diputada Elisa Carrió a Macri que su cambio de domicilio a provincia fue para pelear la senaduría contra CFK. A priori, una batalla que promete ser épica. Pero la chaqueña habría puesto una condición: no quiere en la papeleta a Jorge Macri. Sin primo, tampoco hay apellido presidencial.

Como las desgracias no vienen solas y vienen de a pares, si bien el 2015 pareció marcar el fin de una época, de un estilo, en el más permeable sistema tradicional de fiscalización inciden los "aparatos", con un peronismo que perdió su invicto tras 28 años. "Como a Sergio (Massa) se le fueron los intendentes, va a ser pelea entre nosotros y el PJ", reflexionan en un despacho oficial de la llamada nueva política que cada vez razona como la política de toda la vida.