ESI: los obstáculos de la igualdad resisten en las trincheras de la ignorancia

La polémica por la implementación de la ley de Educación Sexual Integral (conocida como ESI) no cesa. El tema ha tomado mucha relevancia en la agenda pública y, salvo algunas escasas excepciones de funcionarios vinculados a la gestión educativa, la agenda política está claramente más preocupada por otras cuestiones.  

Mientras tanto, los padres de hijos en edad escolar, maestros, funcionarios, sindicatos docentes, grupos religiosos y sociedad en general atraviesan las aulas, las salas de reuniones, las clases de catequesis, las celebraciones religiosas, las calles y los grupos de WhatsApp, en un debate cada vez más polarizado

En lo único en que parece haber cierto grado de acuerdo es que la escuela no debe ser la única que imparta educación sexual.

El 43,6% de los argentinos opina que tanto padres como escuela deben cumplir esta función, mientras que el 35% opina que es una prerrogativa exclusiva de las familias y el 16,8% que debe ser función principalmente de la escuela.

Del total de encuestados, el 82,2% se asigna algún grado de importancia al hecho de que las escuelas dicten la ESI, mientras que el 15,3% no lo considera importante. 

Cuando ponemos la lupa sobre estos porcentajes en relación a la religión que cada uno dice profesar, encontramos que tanto ateos (82,7%), como católicos (82,9%) y evangélicos (74,3%) coinciden en que es importante el rol de las escuelas en este sentido. No encontramos mayores diferencias en cuanto a sexo, rangos etarios, nivel educativo o sexo. 

En donde sí están divididas las opiniones es en relación a cuál debería ser el principal objetivo de la enseñanza de la ESI en las escuelas. 

El 30% manifestó que debe apuntar a “prevenir enfermedades de transmisión sexual ETS , el 29,1% que debe “educar para que tengan libertad de elección , el 25,4% dijo que debe servir para “reducir embarazos no deseados y solo el 8,9% se mostró preocupado por que debe “reducir la violencia de género entre adolescentes . Porcentajes similares encontramos en todos los segmentos estudiados. 

La violencia de género no parece ser un tema de mayor preocupación, aunque en Argentina hay un femicidio cada 29 horas, según datos de Casa del Encuentro. 

Entre tanto, el feminismo es percibido en amplia mayoría (53,6%) como una cuestión de “igualdad de derechos entre hombres y mujeres , aunque el 21,7% lo relaciona con la “lucha contra la violencia de género , el 7,2% como una “revancha de mujeres en contra de los hombres y el 6,6% que “amenaza los valores tradicionales de la sociedad . 

Encontramos que existe amplia conciencia del significado del feminismo, pero aún existe un profundo y arraigado prejuicio en torno al tema.  Mientras el 77% de los encuestados acuerda con la idea de que los “cargos en política sean ocupados en un 50 y 50 por hombres y mujeres , hay una amplia franja de la sociedad que opina que debe existir un mérito especial de las mujeres para aspirar a estas posiciones, cosa que parece no necesitamos pedirles a los varones. A las pruebas me remito: en Latinoamérica, solo existe el 22% de mujeres en cargos legislativos. En Argentina, recién en noviembre de 2017 el Congreso sancionó la ley de paridad. 

En los últimos años, nuestro país ha avanzado mucho en la sanción de leyes preocupadas por eliminar desigualdades y educar sobre el tema, como la Ley 26.150  de 2006 que reglamenta el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, la Ley 26.485 sobre la Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra Las Mujeres y la reciente Ley 27.412 de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política de 2017.

El camino a la igualdad está empedrado de buenas intenciones. Mientras los obstáculos formales parecen haber sido atravesados por la legislación, los informales persisten y resisten en las trincheras de la ignorancia, en algunos casos, de la hipocresía en otros, de la intolerancia, la desigualdad, el miedo a perder privilegios, o simplemente de perder un statu quo que resulta cómodo y conveniente a la mitad de la población, pero que es decididamente desigual y violento para la otra mitad.

Según el último Censo 2010 y las proyecciones de población al 2020, las mujeres representamos el 51,33% de la población total del país. Pero en la realidad las cosas nunca son tan simples como en los números. La cultura que nos define por un lado y el contexto social y político por el otro, completan el análisis. 

Los números son reveladores y el contexto histórico propicia un avance alentador, aún con algún reducto conservador más ruidoso que significativo y con mayor poder de lobby que asidero en la opinión pública. Mientras, la clase política mira para otro lado; ahí donde se juegan los clásicos y las patotas violentas no escandalizan tanto como las marchas de mujeres.

Cuando habitualmente nos preguntamos cómo solucionar los grandes problemas argentinos, encontramos en la educación la explicación y la esperanza en la que podemos refugiarnos a la espera de un futuro más promisorio.  Esa educación en la que confiamos nos llevará finalmente a convertirnos en un gran país. 

¿Por qué no confiar también en la educación para aspirar a una sociedad igualitaria, equitativarespetuosaempática con la realidad de las personas? 

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