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LUNES 20/05/2019

EE.UU. vs China: ¿la Guerra Comercial se gradúa de Guerra Fría?

ANDRÉS FERRARI HAINES

ANDRÉS FERRARI HAINES Profesor UFRGS (Brasil) @Argentreotros

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ANDRÉS FERRARI HAINES

ANDRÉ MOREIRA CUNHA

Profesores UFRGS (Brasil)

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EE.UU. vs China: ¿la Guerra Comercial se gradúa de Guerra Fría?

Estados Unidos viene crecientemente demostrando cuánto le incomoda el fuerte ascenso de China.

Si luego de la Guerra Fría pareció que el orden mundial estaría caracterizado por la hegemonía unilateral estadounidense, actualmente resulta claro que el país asiático adquirió status de potencia global – en especial, a partir de la crisis financiera global de 2008. Cada vez más resulta evidente que, sobre esta cuestión, el actual mandatario, Donald Trump, corporiza un fastidio que lejos de ser individual, viene gestándose desde hace bastante tiempo en sectores claves del establishment del país más poderoso en el mundo. 

Lejos, así, de constituir un Don Quijote global, Trump plasma una reacción a la presencia mundial china en los principales vehículos institucionales de su país.

Un evidente ejemplo se encuentra en el documento sobre seguridad nacional publicado en diciembre de 2017, "La estrategia de los Estados Unidos de América", en que se afirma – en clara referencia a China – que se debe repensar "las políticas de las últimas dos décadas, políticas basadas en el supuesto de que el compromiso con los rivales y su inclusión en las instituciones internacionales y el comercio mundial los convertiría en actores benignos y socios confiables. En su mayor parte, esta premisa resultó ser falsa". Inmediatamente después, Trump lanzó en forma impetuosa la actual guerra comercial abiertamente contra China – aunque sus golpes impactan sobre todo el mundo.

Que de un documento de seguridad nacional se haya pasado a una guerra comercial no debe sorprender. El sistema capitalista internacional se gestó, desde el inicio, dentro del marco de la disputa militar entre estados – que luego se establecerían como Estados-nación. Es decir, a nivel internacional, preponderancia y expansión económica-comercial de un Estado-nación siempre precisó el soporte político-militar – por lo que estas dos dimensiones constantemente se reforzaron mutuamente.

Así, el embate de EE.UU. contra China no puede, precisamente por ser una cuestión estratégica, restringirse a la esfera económica. En consecuencia, el discurso del vicepresidente de Trump, Mike Pence, el 4 de octubre pasado, claramente expresa que China no es para Estados Unidos meramente un rival comercial, si no una amenaza global que debe ser contenida: “El pueblo estadounidense merece saber que, mientras hablamos, Beijing está empleando un enfoque global de gobierno, utilizando herramientas políticas, económicas y militares, así como propaganda, para promover su influencia y e intereses en los Estados Unidos”. Haciendo referencia directa al mencionado documento de Seguridad Nacional, Pence concluyó enfáticamente que “en esta estrategia, el presidente Trump dejó en claro que los Estados Unidos de América han adoptado un nuevo enfoque para China”. Pence fue también claro en explicar en qué consistirá la nueva postura de Estados Unidos hacia China:

"Nuestra administración continuará actuando de manera decisiva para proteger los intereses de Estados Unidos, los empleos estadounidenses y la seguridad estadounidense. A medida que reconstruyamos nuestras fuerzas armadas, continuaremos afirmando los intereses estadounidenses en todo el Indo-Pacífico. Al responder a las prácticas comerciales de China, continuaremos exigiendo una relación económica con China que sea libre, justa y recíproca. Exigiremos que Beijing rompa sus barreras comerciales, cumpla con sus obligaciones, abra completamente su economía, tal como lo hicimos nosotros. Continuaremos tomando medidas contra Beijing hasta que el robo de la propiedad intelectual estadounidense termine de una vez por todas. Y continuaremos manteniéndonos firmes hasta que Beijing detenga la práctica depredadora de la transferencia de tecnología forzada. Protegeremos los intereses de propiedad privada de la empresa estadounidense".

Para Henry Kissinger, especialmente, en sus dos últimos libros - "Sobre China" y "Orden Mundial" - sería posible vislumbrar un mundo pacífico y próspero gobernado en forma compartida entre las dos grandes potencias.

Para ello, habría que apostar en la mayor aproximación china a los valores de Occidente – que entiende como siendo universales – liderados por Estados Unidos, tanto en la organización de su economía, como en la política y en la sociedad. Fue, en especial, el momento posterior a la desintegración de la Unión Soviética cuando se creyó haber arribado al “fin de la historia” anunciado por Francis Fukuyama: la democracia liberal y el capitalismo de libre mercado occidental constituirían el punto final de la evolución sociocultural de la humanidad al haberse definido, en forma definitiva, una organización social global.

“Estados Unidos había esperado que la liberalización económica trajera a China a una mayor asociación con nosotros y con el mundo. En cambio, China ha elegido la agresión económica, que a su vez ha estimulado a su creciente ejército”. 

El gobierno de Trump ya no apuesta más en esa posibilidad. Según Pence, “Estados Unidos había esperado que la liberalización económica trajera a China a una mayor asociación con nosotros y con el mundo. En cambio, China ha elegido la agresión económica, que a su vez ha estimulado a su creciente ejército”

Las palabras de Pence reflejan que la esperanza original que Estados Unidos tenía respecto sobre China —que ambos países convergerían en un rumbo liberal, pluralista y democrático— se ha convertido en una visión que entiende a China un rival estratégico, un actor malévolo y un transgresor de las reglas.

Para Trump, el gigante asiático interfirió en las elecciones de su país, roba su propiedad intelectual y practica comercio desleal, en su estrategia para domina el mundial. Esta disputa comercial para el presidente estadounidense acabó siendo militar debido a que, como se afirma en el documento estratégico de diciembre pasado, entiende que China empujó al mundo hacia una nueva era de competencia entre grandes potencias.

Por esa razón, Pence anunció que el gobierno de EE.UU. viene haciendo “que el ejército más fuerte en la historia del mundo sea aún más fuerte”, ya que, a inicios de 2018, por ley, Trump “promulgó el mayor aumento en nuestra defensa nacional desde los días de Ronald Reagan: u$s 716.000 millones para extender la fuerza del ejército estadounidense a todos los dominios”. Esta decisión demuestra la muy próxima relación entre las dimensiones económicas y militares en política internacional.

Así, también lo dejó claro Pence en el “mensaje a los gobernantes de China”, que concluyó su encendida disertación, luego de subrayar que ni el presidente ni el pueblo estadounidense permitirán ser atropellados: “Continuaremos manteniéndonos firmes por nuestra seguridad y nuestra economía, incluso mientras esperamos mejorar las relaciones con Beijing”.

Analizando el discurso de Pence, The Economist ponderó que “quizás era inevitable que China y América terminaran siendo rivales”, aunque no que esta rivalidad “lleve a una guerra”. Sin embargo, parece que es lo que está por suceder: el discurso de Pence en general fue entendido como abiertamente anticipando el inicio de una nueva guerra, aunque por ahora sólo como “guerra fría”. 

De hecho, Zachary Karabell en Foreign Policy sostuvo que Pence, con su discurso, “lanzó un ataque vehemente contra el gobierno chino que podría compararse algún día con el discurso de 1946 de Winston Churchill sobre la cortina e acero que lanzó la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética”. Si es así, ya dejó de ser una meramente una “Guerra Comercial”, y no hubo “fin de la historia”.

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