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Donde no llegan los libros de texto

Donde no llegan los libros de texto

Davos dejó para la Argentina una amplia serie de anuncios.

Se acordó que a partir de febrero se realizará un cronograma de pasos a seguir para incorporarnos a la OCDE, organización supranacional que podría facilitar el ingreso de fondos frescos para el país.

Macri se reunió con CEO‘s de grandes multinacionales en busca de inversiones. El Ministro de Hacienda, confirmó que se aceptará nuevamente la revisión anual de cuentas del FMI y se ratificó que en los próximos días realizará una oferta a los hold outs para resolver el conflicto que dificulta el nuestra capacidad para tomar crédito internacional.

Por otra parte el Secretario del Tesoro norteamericano, Jacob. J. Lew, levantó el veto que impedía aprobar nuevos prestamos a la argentina.

En cuanto a las relaciones con el viejo continente se intentó destrabar el conflicto entre Mercosur y Unión Europea donde el presidente Macri solicitó a Manuel Valls, Primer Ministro francés (quien nos visitará en breve), que intervenga para liberar comercio.

En resumen, el Gobierno fue a buscar fondos frescos, a mejorar la relación con el FMI y liberar el comercio entre Mercosur y UE. Parece haber cumplido con dichos objetivos.

Los círculos financieros internacionales orejean las cartas y miran al país con especial interés, allí donde los rendimientos son escasos, que la Argentina se ordene respecto de sus relaciones internacionales, nos ‘pone de moda’ rápidamente, no justamente porque nos quieran más o menos, ni porque Macri hable fluídamente el inglés, sino porque nuestra deuda rinde una fortuna comparada con el resto, y hasta que eso se arbitre respecto de los países emergentes, la moda seguirá.

El equipo económico esto lo tiene claro y el Presidente más aún, todos entienden que el mundo nos prestará atención por unos instantes y eso nos dará una oportunidad en un contexto que se presenta hostil en cuanto a los precios relativos relevantes para nuestros intereses.

Fronteras adentro el desafío del cepo fue superado sin inconvenientes, el sobrante de dinero que dejó la gestión de Alejandro Vanoli parece estar siendo retirado del mercado, con el objetivo de bajar la tasa de interés sin que esto afecte la cotización de un dólar que, al decir del actual presidente del Banco Central, no está entre las principales preocupaciones de la entidad.

Por delante quedan el programa monetario, es decir cómo será la emisión de aquí a fin de 2016 y el frente fiscal, con un déficit que habrá que ver cómo imaginan la autoridades que será cubierto para no monetizar la totalidad del mismo.

Sucede que en el contexto de esos desafíos la abstracción de la discusión sobre política monetaria y fiscal parece haberse olvidado de las carnicerías y los supermercados, entre otros.

Con independencia de los planes y la solvencia profesional de los equipos, las sustentabilidad de cualquier ejercicio macroeconómico que haga quien administra el estado debe estar afianzada en la política, esa que implica la administración de intereses que viven en tensión dada su propia génesis.

Hasta aquí los gremios se expresaron pero no han dado pasos concretos, es decir en los hechos están acompañando los primeros cien días de gobierno en línea con la colaboración que se podría pedir en términos de la responsabilidad institucional que les cabe, aún a pesar de declaraciones toscas por parte de la gestión, como plantear la noción de tener que elegir entre salario y empleo.

Por su parte los empresarios parecen haber sido los que menos acompañan los pasos del Gobierno. Es comprensible que todos busquen maximizar su utilidad, sucede aquí y en Corea del Sur. Se entiende que a comienzo de año tenemos precios nuevos con salarios viejos y hasta se ve el efecto de la política monetaria en la desaceleración de la velocidad a la que se mueven los precios semana tras semana. Pero no deja de ser torpe, casi sintomático, la falta de reflejos del sector empresario que muestra aspectos de mezquindad que deberían llamar al Gobierno a la reflexión.

No hay argumentos para semejante aumento en los alimentos, ni para el incumplimiento de los exportadores sobre el acuerdo para ingresar u$s 4000 mil millones vía liquidación de granos por mencionar solo algunos ejemplos.

Cierta caída en el consumo y el descontento popular invitan a las autoridades a revisar el cumplimiento del programa de Precios Cuidados y brindar a la sociedad muestras de autoridad así como de independencia de criterio de los funcionarios respecto de los sectores de donde muchos provienen.

Se trata de parecer además de ser. Puede que multar a quien incumple un acuerdo no tenga efecto determinante en el incumplidor pero sin dudas resulta relevante para la sociedad que mira con esperanza un proceso nuevo que prometió unir a los argentinos y erradicar la pobreza.

Dos objetivos que los libros de texto difícilmente resuelvan sin la ayuda de la política en estado puro, esa que aguarda señales concretas a favor de los que suelen pagar la cuenta: los trabajadores.