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Dólar quieto, más consumo y menos inflación: el Gobierno apuesta a un veranito

Dólar quieto, más consumo y menos inflación: el Gobierno apuesta a un veranito

El estancamiento de la economía en lo que va del año y los pequeños –casi imperceptibles– brotes verdes que comienzan a aparecer en el sector industrial y la construcción conforman un escenario que difícilmente se traduzca en un cambio de tendencia. Máxime, si se tiene en cuenta, que la "sensación" de reactivación económica podría llegar recién cuando gran parte de la recomposición del tejido de actividad se traduzca en un crecimiento del consumo. Con los meses que separan el fin de año prácticamente jugados a saldar una caída del PBI que podría ubicarse según el consenso de las consultoras entre 1 y 1,5%, la pregunta que rige en gran medida el cúmulo de interrogantes que se acumula, indolente, a merced de quien quiera responderlos es cómo hará el Gobierno para llegar con mayor fuerza a la primera mitad de 2017. La cuestión queda planteada en esos términos porque a nadie escapa –y mucho menos al círculo rojo que rodea a la mesa chica conformada por el presidente Macri y el jefe de Gabinete Peña– que la campaña electoral ya arrancó y que las audiencias públicas por el ajuste tarifario podrían tener un efecto demoledor sobre los giros electoralistas que ya se han puesto en marcha, donde no faltan timbreos y anuncios varios.

De fondo, comienza a horadar las convicciones primarias de Cambiemos un sentimiento que se parece mucho al hartazgo. Es que los embates de ortodoxia económica, fundados en las promesas de campaña pero también en la rígida supervisión política que sufre el que ha criticado el exceso de gasto público, la emisión monetaria, el ambicioso espectro estatal y las altas dosis de inflación, se ha dado de frente con la realidad de un escenario donde falta inversión, exportaciones y consumo. Pero el Gobierno tiene en gateras al cuarto de los "motores" que podría poner en marcha a la sensible maquinaria de la actividad: el gasto público.

Las previsiones van en ese sentido, ya que anticipan que el gasto público subirá al menos 30% en la segunda parte del año (había trepado 12% en la primera), en línea con el incremento en el pago a las jubilaciones y al avance de la obra pública. Según la consultora Elypsis, el gasto público será uno de los principales factores de crecimiento hacia finales del año, al pronosticar una expansión del 3,6% del PBI en el cuarto trimestre. También el estudio Broda piensa que el impulso fiscal a la demanda agregada seguramente aumentará en el segundo semestre del año, mediante el crecimiento del pago de los planes sociales, el déficit de empresas públicas y gastos de capital. Las previsiones son a que el gasto probablemente suba más que los ingresos en el segundo semestre ya que estimó un alza del 34,2% del gasto y del 23% en los ingresos. Como se dijo, el gasto público había crecido sólo 24% interanual en el primer cuatrimestre para acelerar al 31,6% en el tercer bimestre. En esta línea Broda sostiene que "el impulso fiscal a la demanda agregada comenzó a aumentar en mayo/junio, tras un primer cuatrimestre austero" mientras que para el bimestre junio y julio, se analizó un aumento del gasto devengado o autorizaciones a gastar: desde 25% en el primer cuatrimestre, 33,5% en mayo/julio, a 52,5% en junio/julio.

El "Plan Néstor", como algunos funcionarios lo llaman, tiene además otras características, cuya impronta general es que el país volvió a tener capacidad instalada ociosa, tal y como había ocurrido en los años de la post-crisis, por lo que podría volver a apostarse a una recuperación del consumo, aunque sin exacerbarlo. A ello colaboraría no sólo un aumento del gasto público, sino también una reducción de la inflación y un abaratamiento del crédito que podría impulsar la financiación.

El Banco Central que conduce Federico Sturzenegger parece haber dado señales en este sentido. No sólo ha impulsado un recorte de las comisiones que aplican las tarjetas de crédito a los comercios sino también sigue dando señales de recorte en las tasas de las Lebac. La baja de tasas de Sturzenegger a 28,25% para su Lebac a 35 días, le dio algo de alivio a Prat-Gay, pero los sectores de la Unión Industrial y la CAME no ven con agrado que el titular del BCRA se tome tanto tiempo para recortar esa alícuota que le marca el costo al dinero, pero también el ritmo a la actividad. Para algunas palomas del Gobierno, esa tasa es demasiado alta para las perspectivas que dibujan las proyecciones del BCRA en materia inflacionaria. También se quejan que Sturzenegger emite, pero lo hace a un ritmo del 16,9% anual, cuando los precios treparon por encima del 40%. En este escenario, el dólar difícilmente atraviese los $ 16 hasta fin de año.

Para la consultora FyE, dado que el comportamiento esperado de la capacidad de consumo de las familias continuará registrando caídas interanuales elevadas en los próximos meses, las proyecciones terminarán arrojando un tercer trimestre con estancamiento. Así, la apuesta del Gobierno volcará todo a la última parte del año mediante la inyección de fondos en el circuito económico a través de una política fiscal más expansiva. El impacto de la segunda parte de las paritarias del primer semestre y del (por ahora) "ajuste" de las negociaciones salariales de principios de año (y todavía no un segundo round) a las que podría sumarse el efecto de la mayor producción de trigo (aproximadamentte +25% interanual).

En este sentido, y siempre del lado de la demanda, se espera que el Gobierno "empuje" aún más al blanqueo, que podría generar que una parte de la riqueza invertida en activos externos se traduzca en una mayor inversión interna (principalmente ligada al sector de la construcción). Para ello se enviará en las próximas semanas una modificación de la Ley de Mercado de Capitales al Congreso a los fines de fomentar –reducir la carga impositiva– a los fondos comunes cerrados.

Según FyE, también existe expectativa de una mejora –menor– de las exportaciones por mayores ventas de productos primarios y de origen agropecuario producto del cambio de régimen económico (mejora cambiaria y disminución de las retenciones aplicadas sobre las exportaciones) y cierta estabilización de las ventas externas a Brasil (cuya economía dejaría de caer), que compensará el escaso dinamismo que prevemos para el resto de las exportaciones locales (industriales, de energía y algunas economías regionales) por pérdida de competitividad cambiaria.

Con el advenimiento del cuarto trimestre del año, y las tensiones que amenazan romper la paz social, el Gobierno apuesta a un diálogo multisectorial, con los gobernadores, intendentes y los bloques parlamentarios opositores. También se suman la CGT, empresarios y entidades de la sociedad civil. Así, la intención del Gobierno de forjar un "veranito económico" serviría para definir un piso de consensos políticos y económicos para bajar el nivel de conflicto que se advierte en algunos sectores de la sociedad.