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Dólar barato, Keynes resucitado y gasto electoral: la vieja receta para que la economía rebote

Pasado el vendaval de optimismo de IDEA -y su versión no tan positiva en el off the record marplatense- hay quienes desempolvan una vieja herramienta utilizada en años previos: el escepticismo. En lo que será un año de naturaleza electoral, el 2017 comienza a generar no pocas controversias.

Si bien el grueso de los pronósticos anticipa una recuperación, hay algunos ejercicios que van un poco más allá y plantean una disyuntiva que podría corroer las bases de tamaña muestra de expectativa. Y es que si bien existe la perspectiva de una mejora en la actividad económica, esto no necesariamente quiere decir que la economía va a crecer.

Las solitarias voces de alerta sostienen que si no se registra una tasa de despegue del orden del 4% anual, más que crecimiento, el 2017 podría traer el clásico rebote. Huelga decir que sin una dinámica de crecimiento donde se generen nuevos puestos de trabajo, no hay crecimiento del PBI per cápita.

En este sentido, según un informe de Economía & Regiones, Argentina posee la peor performance de la región en 1980/2016 y (exceptuando Venezuela) posee el PBI per cápita más bajo que en 1998. A pesar de las muchas previsiones, de continuar la dinámica actual, los próximos meses podrían traer la confirmación de una hipótesis que alimenta a los hombres de poca fe: el crecimiento en los años impares (electorales) y caída en los años pares (no electorales). Siguiendo esta lógica, el PBI obtuvo variaciones positivas en 2011, 2013 y 2015, todos años donde la pelea política tenía su correlato en procesos electorales. Por el otro lado, se contrajo en 2012, 2014 y 2016.

El dato -elemental, Watson- es que en esos periodos el nivel de actividad se centra en fomentar la demanda agregada (incentivando el consumo) con fines electorales, pero se olvida de apuntar a solucionar los problemas de fondo para poder generar un crecimiento por medio de la oferta agregada. Así, genera un desequilibrio que luego ajusta en los años pares con devaluación, caída del consumo y de la actividad, etc.

Dicho en criollo: en años electorales el Gobierno abre la billetera para estimular la economía. Como se sabe, el principal protagonista de la expansión de la demanda agregada del próximo año apunta a ser la obra pública. Así logrará en el corto plazo incentivar la creación de puestos de trabajo. A la vez, y en lo que conforma la parte complementaria de esa ecuación, la idea es fomentar el consumo. Esta última variable también se verá supuestamente favorecida por la reparación histórica a los jubilados, un esquema que, por ahora, aportó pocos pesos al poder adquisitivo de los haberes previsionales.

A eso se agrega una variable que podría generar no poca polémica: la apreciación del tipo de cambio real, que tendrá efectos vivificadores en lo que hace al poder adquisitivo de los salarios (medidos en dólares) lo que, para los especialistas, podría derivar en mayores compras de electrodomésticos y bienes durables, que a su vez generaría un repunte de la industria.

En ese esquema de medidas con causa-efecto, hay ausencias pavorosas. Una de ellas es la posibilidad de recortar el elevado gasto público, el fraude más importante para los argentinos realizado sistemáticamente por todos los gobiernos desde hace 70 años. Según E&R, el de Argentina resulta 15 puntos porcentuales superior al promedio de la Alianza del Pacífico, algo que no sería alarmante si no fuera que también la presión tributaria doméstica es récord, ya que se ubica 12 puntos porcentuales por encima del promedio de la región.

El drama argento todavía representa un universo draconiano para el empresariado, con un costo de capital del doble de países limítrofes e inflación de las más altas del mundo, entre cuatro o cinco veces mayor que sus competidores de la región. Como si esto fuera poco, Argentina posee el récord de alícuota impositiva como porcentaje de sus ganancias (137,3%). Esta cifra es más que el doble del promedio de América Latina y el Caribe (51,2%).

¿Qué pasará con la musa inspiradora del presidente Macri? La inversión está condenada a persistir en los mismos callejones que vino frecuentando en los últimos años. Esto es así, porque las señales (impuestos, gasto público, déficit) parecen no cambiar de aquí en adelante, sacrificadas en nombre de la contienda electoral y las demandas sociales. Por esa razón, atraer capitales a estas tierras continúa siendo difícil y lo será aún más cuando el Banco Central decida bajar la tasa de referencia, lo que decantará mayor necesidad aún de endeudamiento.

Como se dijo, no es casualidad que Argentina sea el país de la región con la mayor presión tributaria y gasto público; y se encuentre en estanflación hace cinco años. Más aún, entre el 2008 y el 2015, el crecimiento del PBI per cápita apenas fue de 1,8% en ocho años. Por eso al relato sobre el crecimiento económico que se viene, hay quienes han decidido marcarle un signo de interrogación y preguntarse acaso si no se trata de, apenas, un rebote, muy lejos de tasas de expansión que ronden el 4,5%.

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Comentarios2
Benjamín Lanusse
Benjamín Lanusse 17/10/2016 02:40:09

Como decía nuestro querido benemérito " en el largo plazo, todos estaremos muertos".el tema es.. seguir pateándo la pelota para delante? a qué precio?? de innovar ni hablemos

demian baus
demian baus 17/10/2016 09:34:03

Dolar barato para que la economía rebote? cualquier ministro de economía lo que menos quiere es un dolar atrasado