Martes  20 de Octubre de 2020

Dicen no devaluar y emiten $ 100.000 por segundo

Dicen no devaluar y emiten $ 100.000 por segundo

No se detiene la devaluación del peso y las medidas que intenta cada semana el Gobierno para contener la suba del dólar claramente no dan resultados.

Si bien ayer parecía estabilizarse un poco el precio libre del billete en la calle en torno de $ 180, no frenó la suba en el contado con liquidación ni en el dólar bolsa, mostrando que los inversores profesionales, las grades empresas y los ahorristas más sofisticados siguen desarmando posiciones en pesos para correr al dólar.

Los pronósticos en el mundo económico son cada vez más pesimistas. Se dividen entre quienes opinan que la crisis estalla tarde o temprano con fuerte devaluación si el Gobierno no logra detener el ritmo dramático de la emisión de pesos; y quienes suponen que el letargo puede durar años, con cepos y controles cada vez mayores, con menos sector privado y con un Estado todavía más agigantado, repartiendo subsidios y administrando pobreza.

A esta altura de la crisis, la mayoría de los economistas profesionales y hasta el propio equipo económico admite y comprende que no hay forma de dominar la suba del dólar si no se logra detener la tremenda emisión de pesos que todos los meses viene realizando el Gobierno para cubrir el déficit fiscal.

Un desequilibrio creciente ante el gasto agigantado por la pandemia y por la política, con el Estado teniendo que emitir miles de millones de pesos todos los días para cubrir salarios, planes, jubilaciones, ATPs, subsidios al transporte y la energía, auxilio a las provincias, sobre todo Buenos Aires. Más gastos, combinado con mucha menos recaudación por la crisis, la pandemia y las cuarentenas extremas que siguen afectando la actividad.

Los números impresionan. Se emiten en la Argentina a razón de $ 200.000 millones por mes para cubrir los gastos del Tesoro. Los economistas calculan entre $ 2 y 2,5 billones para este año. Significan más de $ 9000 millones por día, si la Casa de Moneda trabajara tres turnos sin descanso durante 22 días hábiles. Casi $ 400 millones por hora, algo más de $ 6 millones por minuto, la friolera de unos $ 100.000 por segundo. A cada golpe de aguja del segundero, se emite por el valor de cuatro jubilaciones. De allí que el valor de $ 25.000 sea ínfimo, en términos del poder adquisitivo.

Ese ritmo tremendo de emisión ya se sabe que seguirá o incluso tendría que aumentar de aquí a fin de año, sin certezas a la vista porque se desconoce hasta cuándo habrá que seguir con los subsidios por la pandemia y las cuarentenas. Tampoco está claro que el Gobierno vaya a reducir los subsidios y aumente fuerte combustibles, tarifas y transporte en el año electoral.

El ministro Martín Guzmán promete corregir el problema en forma muy gradual de la mano del Fondo Monetario Internacional. Pero aun así en el Presupuesto 2021 se anuncia un déficit entre 4 y 5 puntos del PBI sin clarificar cómo se financia sin emisión. Y lo más grave, en términos de confianza, es que nadie supone que ni Guzmán ni Mandrake podrían resolver este drama de la emisión de pesos sin un fuerte respaldo político, especialmente del ala izquierda de la coalición del Gobierno que se referencia en Cristina y su legado.

Mientras los días y las semanas pasan y todos siguen conversando y opinando, el peso se sigue devaluando. Porque la emisión no se detiene, a cada segundo, el Gobierno devalúa.

Dentro del oficialismo el fracaso en la gestión económica,al que se suma el drama sanitario, consolida el desorden político y la impotencia generalizada. Como suele ocurrir en los gobiernos cuando las cosas no salen bien, crecen las miradas conspirativas. Cuesta mucho aceptar el diagnóstico de que se cometieron errores en la crisis sanitaria y que las cuarentenas extremas derivaron en una explosión de subsidios que la Argentina tuvo y tienen que financiar con una emisión tan gigantesca que terminó de destrozar la moneda. Se trata de tapar el sol con las manos. Cepos y controles que disparan la brecha y derivan en una parálisis productiva por no querer reconocer los errores y su consecuencia, la devaluación, que viene a ser lo mismo.

El clima de desencanto entre el Gobierno y el mundo económico no está sólo localizado en el Instituto Patria. También los allegados al Presidente, los supuestos moderados, que acusan a los empresarios de haberle soltado la mano a Alberto. Parecido a las recriminaciones que también Mauricio Macri les formulaba a los hombres de negocios.

Difícil en este escenario adivinar qué es lo que finalmente hará el Gobierno ante una crisis que no se detiene. Hay un tremendo desequilibrio macro económico que devaluó y devalúa todos los días el peso, y a la vez la solución para frenar el problema no está disponible, porque significaría encarar un ajuste que solo es creíble si Cristina y lo que ella representa se retirara de la escena política. Impensado.

¿Entonces? Gradualismo, como siempre. Devaluar si no hay más remedio, alentar un poco a los exportadores para que siembren y liquiden, pero que la devaluación afecte lo menos posible a los precios internos esenciales de la canasta básica. Eso se llama devaluación compensada con retenciones y o tipos de cambio múltiples, con desdoblamientos cambiarios que permitan una franja más o menos libre para turismo, ahorro, importaciones de lujo o pago de deudas financieras nuevas.

Hoy como ayer, el gradualismo terminaría siendo la salida en un país donde el ajuste en serio se tropieza con las restricciones políticas. Cada vez mayores, además, en una Argentina muy distinta a la de nuestros padres y abuelos. Muy distinta incluso que la de 1989/1990 ó 2001/2002, los últimos estallidos financieros y sociales que se recuerdan. Entonces no había 25 millones de pobres y 5 millones de indigentes, ni una clase media tan empobrecida que ni siquiera puede pagar lo que verdaderamente vale la luz, el gas, el agua y el transporte.

No parece disponible un shock de confianza que sincere de golpe la devaluación para alentar la venta de dólares y la llegada de inversiones. Tampoco el frente del Gobierno que lidera Cristina podría fácilmente dar un golpe de timón por izquierda extrema para enfrentar la crisis, estatizando el comercio exterior o los depósitos para evitar una devaluación. No prosperó ni la estatización de Vicentin ante el rechazo de la ciudadanía en las calles, cabe imaginar lo que supondría un intento por afectar los ahorros y patrimonios.

Tarde o temprano, si emitieron y emiten $ 100.000 por segundo, habrá que sincerar la devaluación. Sin shocks disponibles, el camino será gradual. Habrá que convencerla a Cristina para que lo respalde. Sin ella al lado del futuro equipo de Gobierno para enfrentar la crisis, nada será demasiado creíble.

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