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Deus ex Machina en el Ministerio de Economía

FEDERICO SEMENIUK Gerente de Desarrollo de Negocios - Ecolatina

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Deus ex Machina en el Ministerio de Economía

La expresión latina ‘Deus ex machina’ (Dios desde la máquina) nace en el teatro griego para describir la situación en la que un elemento mecánico (machina) introduce desde fuera del escenario a un actor, pudiendo en algunos casos ser éste una deidad (Deus), con el objeto de resolver determinada situación o redireccionar la trama. De esta manera, sin seguir una lógica interna o incurriendo en una falta de coherencia, se resuelve (o busca resolver) una historia.

La sorpresiva incorporación al escenario ministerial de Nicolás Dujovne permite jugar con la validez del paralelismo, pero más importante aún, habilita interrogantes sobre las consecuencias del nuevo actor introducido a la trama económica y cómo esta se resolverá.

Al hacerse pública la noticia del enroque de ministros, abundaron los trascendidos sobre los motivos, dentro de los que prevaleció la idea de que la salida de Alfonso Prat-Gay era consecuencia de su falta de coordinación con el resto de los funcionarios, dando a entender que fueron ‘motivos internos’ los que precipitaron la decisión.
A pocas semanas de haber asumido Dujovne, permanece como una incógnita si el ministro incorporado será el actor principal (la deidad) de las medidas económicas que de aquí en más se implementen, o si simplemente cumplirá un rol secundario, que se regirá bajo las instrucciones que reciba tras bambalinas.

La relevancia de este interrogante no apunta a precisar cuestiones de cartel, sino a desentrañar si la definición de las políticas económicas será producto de una política económica definida y coordinada por el Ministerio de Hacienda o si serán tomadas en exclusividad por un grupo selecto (Peña, Quintana, Lopetegui y el propio Presidente). Esta última opción iría justamente en contra del justificativo del cambio de ministros, que era la falta de coordinación con el resto del gabinete y con el Banco Central, y tendería hacia un esquema en donde los ministros ‘visibles’ funcionan como fusibles en los casos en que los resultados pretendidos no aparecen o el discurso no se alinea.

De hecho, una de las primeras declaraciones del ministro entrante fue que su objetivo era "continuar con el programa económico de Macri" (sin referirse a la ya iniciada por el Ministerio de Hacienda o por su antecesor), más que sugiriendo la mencionada centralidad ante la que potencialmente nos encontramos, en contradicción con el objetivo de "trabajo en equipo" aducido.

La ventaja con la que cuenta Dujovne es que asume el cargo en coincidencia con una actividad económica que empieza a arrojar las primeras señales de haber hecho piso. Esto favorecería su posicionamiento, dado que –por derecho o por herencia–, su mandato inicial quedará seguramente asociado a un año de crecimiento de la actividad (el consenso del mercado augura una expansión en torno al 3% para este año).

Pero la sostenibilidad en el tiempo de una actividad económica en terreno positivo requerirá necesariamente de políticas públicas de largo plazo. Y mientras no sea claro quién las define (o si alguien de hecho lo hace), más complejo aún será calibrar la asequibilidad de dicho objetivo.

Sin embargo, cuando se analizan las proyecciones del mercado, puede observarse que prevalece la expectativa de un crecimiento del Producto sistemáticamente por encima del 3% para el próximo lustro. Cabe el interrogante si esto es consecuencia de que el cambio de modelo económico realmente nos conducirá en este sentido, o si la incertidumbre sobre el futuro, acoplada a la necesidad de un sesgo optimista, obliga a extender la proyección de 2017 hacia los años posteriores, producto del desconocimiento sobre el funcionamiento del esquema decisor.

Por lo pronto, si nos regimos por la historia moderna de nuestro país, considerar un crecimiento sostenido de largo plazo es pensar a contracorriente de los hechos estilizados: en los últimos 60 años Argentina sufrió una caída del PBI en 21 de ellos (con un promedio de -3% anual), y solo en dos oportunidades logró un ciclo de crecimiento ininterrumpido de más de 5 años (durante la triste década entre 1964–1974 y seis años consecutivos entre 2003 y 2008, post crisis de la Convertibilidad).

Afortunadamente, con la (costosa) resolución durante 2016 de muchos de los desequilibrios macroeconómicos heredados, estamos ante un escenario en el cual prever un crecimiento de más largo plazo parece plausible. Resta ver si bajo esta dinámica de toma de decisiones, además de plausible será probable.

Recordemos que, a pesar del uso frecuente del recurso teatral comentado, hasta el propio Aristóteles en su Poética desaprobaba la utilización del ‘Deus ex machina’, argumentando que "el desenlace también debe surgir del argumento mismo, y no depender de un artificio de la escena".

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Comentarios4
Adolfo Cordeu
Adolfo Cordeu 26/01/2017 10:39:31

me censuraron lo que estaba escribiendo. bien por El Cronista

José Luis Díaz
José Luis Díaz 26/01/2017 01:08:40
José Luis Díaz
José Luis Díaz 26/01/2017 01:18:48

Estimados

Ariel Balladares
Ariel Balladares 26/01/2017 07:47:16

Que nota mas bollluddaa