Domingo  23 de Febrero de 2020

Desindexación y deuda: otra vez el segundo semestre

Desindexación y deuda: otra vez el segundo semestre

Superados los dos meses del gobierno de Alberto Fernández hay algunas certezas que se pueden anotar bien arriba en un pizarrón que contenga el cuadro de situación de la coyuntura económica. Para graficar el escenario deberían dibujarse tres círculos que, además, conviene relacionar con flechas de ida y de vuelta. En la número uno se deberá asentar que el segundo semestre y el gradualismo no sólo fue patrimonio de Mauricio Macri, sino que el discurso y la acción del nuevo gobierno han instalado nuevamente esos dos conceptos para ver si de ese modo y en ese tiempo se puede comenzar a desindexar la economía como condición para frenar la inercia inflacionaria y a clarificar la situación de la deuda pública externa.

Ya con el almanaque en la mano, se nota que el punto de inflexión buscado se ubica en junio con el fin de la suspensión de la movilidad jubilatoria que ajusta por los haberes más altos, la fecha para los aumentos de tarifas y el adiós a la doble indemnización. A esto se le puede agregar las sumas fijas para las paritarias que la docilidad sindical promete aceptar, la constitución del Consejo Económico Social y el tiempo para que comience a funcionar un eventual acuerdo con el Fondo Monetario y, si se puede, el cierre de la negociación con los tenedores de deuda. En efecto, todo debería estar en marcha en el mítico y devaluado segundo semestre.

En el siguiente espacio de la cartelera y como centro de la tensión, hay que resaltar que la política es un grave limitante, ya que el Presidente esquiva más piedras de su propia interna que las que le llueven desde afuera, lo que le obliga a hacer equilibrio entre la retórica y los hechos. Más allá de quienes lo corren con los presos políticos, hay en su coalición quienes por ideología apuestan al default.

Por último, dentro del tercer globo, habría que anotar que las llamadas "prioridades" de hoy son bien diferentes a las de la Administración anterior, cambio de paradigmas que ayudan a darle contexto a la grieta, ya que una cara de la moneda muestra un esquema más libre empresista, abierto al mundo, receptor de inversiones y de créditos, mientras que del otro lado está la presencia del Estado, los congelamientos, la preferencia por el consumo para empujar la demanda, el supuesto asco por los préstamos y, en fin, vivir con lo nuestro. No obstante las diferencias de fondo, ambos esquemas comparten la pasión por el ahogo impositivo del sector privado mientras permiten que la clase política se quede siempre afuera de cualquier ajuste.

Sobre todas estas nuevas prioridades aún se desconfía porque el ministro Martín Guzmán no muestra el programa económico integral, un cronograma que debería comenzar con la negociación de la deuda a dos puntas (con el FMI y con los acreedores privados) mientras se atienden aspectos fiscales, monetarios, de inversión y de comercio exterior que ayuden a la estabilidad y que aseguren el ingreso de los pesos y dólares que se necesitan. El final debería ser el Presupuesto 2020 y esta es la secuencia que todos esperan del ministro de Economía.

Más allá de las especulaciones, son los mercados quienes más seguros están de que hay un plan porque si no, razonan, el FMI lo hubiese pedido en el comunicado de la semana pasada. Los acreedores privados de adentro y de afuera sufren más que nadie la situación porque saben que deberán hacer el gasto de la "contribución apreciable" que solicitó el Fondo, pero como suponen que el ministro de Economía es un obsesivo de las mesas de arena tienen en claro que esta batalla la tiene masticada desde todos los costados. Sin embargo, a la hora de diseñar la táctica de negociación, saben también que a Guzmán le falta mucho roce a la hora de jugar en primera división.

Por eso, se descuenta que los bonistas le van a dar pelea. Con lo que llevan perdido, muchos de los grandes azuzan al Gobierno con la "solución Griesa", un litigio que para un país que lleva tantos años de recesión sería de muy largo plazo porque volvería a dejar las cosas en un limbo con final de nocaut. En este sentido, el cambio de paradigmas lleva a un dilema central: ¿es insustentable la deuda porque no hay cómo pagarla o lo es porque con estas políticas nadie le presta a la Argentina y no se la puede "rollovear"?

Sobre el comunicado del Fondo y en relación a la euforia presidencial hay que apuntar varias cosas, casi todas políticas. En primer lugar, que no es que el tan odiado FMI se haya peronizado ni que el papa Francisco encarismó a Kristalina Georgieva, sino que los comunicados del "equipo técnico" siempre son bastante lavados a la espera de la reunión del board, que será en marzo. Hablar de "espaldarazo" cuando sólo fue una misión técnica parece un poco arriesgado. Por otra parte, el organismo ya había adoptado parámetros diferentes en tiempos de Macri/Carolina Stanley, gobierno al que le había brindado una dispensa de 0,2% del PIB que luego extendió a 0,3 por ciento a la hora de quitar del cálculo del déficit exigido los fondos destinados a "mitigar" el impacto social de las políticas de estabilización.

Está claro que con el Fondo se va a pelear pero no a cara de perros y es factible que, sin ninguna quita, se llegue a una extensión de plazos de hasta siete años, con pago regular de los intereses a partir del cuarto. A hoy, parece que no existe ningún margen para un Acuerdo de Facilidades Extendidas, con reformas que, de hacerlas explícitas, son políticamente inviables. En cuanto a la relación entre cumplimiento y flexibilidad, se aceptó esta vez la revisión del Artículo IV del Estatuto, algo que el kirchnerismo le prohibió hacer al Fondo en su momento para que no hablen con los opositores y la prensa. 

Por último y como anotación bien importante para la esfera de la política, cuando el Presidente dice en un tuit que celebra que el FMI "reconozca la posición argentina respecto de los procesos de endeudamiento", señala con todas las letras que la postura oficial del país no es la de no pagar ni tampoco la de pedirle quitas al organismo, un camino que, aunque "pertinente", Cristina Fernández de Kirchner exigió desde Cuba. Réplica de fuego interno que no pasó inadvertida para nadie.

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Revista Infotechnology