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Desempleo juvenil: ¿coyuntura o tendencia?

BERNARDO HIDALGO Consultor en Recursos Humanos Hidalgo y Asoc.

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Desempleo juvenil: ¿coyuntura o tendencia?

Hace algunas semanas, la Expo Empleo Joven 2017, organizada por la Dirección General de Políticas de Juventud del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se convirtió en un fenómeno de múltiples lecturas. Durante dos jornadas maratónicas, 175.000 jóvenes de entre 18 y 29 años fueron convocados por la propuesta de acceder a oportunidades laborales y/o fortalecer sus habilidades para buscarlas. Algunos hallaron empleo. Otros recibieron asesoramiento. Muchos se retiraron frustrados. ¿Qué falló?

Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo correspondientes a agosto de 2016, en la Argentina, casi uno de cada cinco jóvenes de entre 15 y 29 años no consigue trabajo; en esta franja etaria, el desempleo triplica al que se registra entre los trabajadores de entre 30 y 64 años. Si desagregamos por sexo, la desocupación de las jóvenes menores de 29 alcanza el 22,3%, porcentaje sensiblemente superior al 16,6% de sus pares hombres (Indec, junio de 2016). Por lo demás, el 59% de los jóvenes (varones y mujeres) que sí consigue trabajo accede a empleos informales (Organización Internacional del Trabajo (OIT), noviembre de 2016). ¿Circunstancia argentina? Somos especiales, pero no tanto. La OIT estima que, en América Latina y el Caribe, el desempleo juvenil que se elevaba en la región al 15,7% en 2015 trepará al 17,1% en 2017. ¿Cómo interpretar el fenómeno? ¿Cómo abordar el problema y paliar sus dramáticos efectos?

Que la economía argentina está lejos de atravesar su mejor momento es una obviedad. Sin embargo, conviene comenzar a tomar conciencia de que estamos asistiendo a una transformación estructural del mercado laboral que, en muy buena medida, explica las dificultades para absorber a las nuevas generaciones. El fenómeno resulta atribuible, entre otras, a dos causas principales. La primera: los métodos de producción están cambiando. La robotización de la industria condena a una progresiva, sostenida e irreversible reducción de los puestos de trabajo. Por lo tanto, más allá de la coyuntura inmediata, si queremos multiplicar posiciones laborales en el mediano o largo plazo, deberemos concentrarnos en los servicios, no en las fábricas. No obstante, huelga señalar que el sector terciario no es ajeno a ese proceso: a título meramente ilustrativo, basta revisar las transformaciones asociadas a la informatización experimentadas por los procesos del sistema financiero. La segunda causa: la combinación de una mayor expectativa de vida con las limitaciones de los sistemas jubilatorios retiene en las filas de la población económicamente activa a las franjas de mayor edad (y, con frecuencia, con mayores calificaciones y experiencia). Son puestos de trabajo que no se liberan y, por tanto, obstaculizan el recambio vegetativo.

Lo expuesto no agota la complejidad del problema que tenemos entre manos, pero nos permite inferir algo más: esto afecta a economías como la nuestra y también a los países centrales. No se trata de un hecho aislado. Estamos ante una tendencia global, que demanda una estrategia de abordaje asociada a una nueva visión del mercado laboral. Su puesta en marcha requiere la articulación de las acciones de tres actores principales: el Estado, las empresas y los jóvenes.

Más allá de las soluciones destinadas a atender la emergencia, es preciso que el Estado trabaje en:

la reducción de los costos laborales;

el diseño y la implementación de una estrategia educativa, con hitos a cinco, diez y quince años; y

la provisión de entrenamiento y capacitación que brinden a los jóvenes las bases para su desarrollo como talentos en su sentido amplio.

Las empresas, por su parte, deben comprender que la prosperidad de sus negocios depende también de su contribución a las condiciones de vida de la comunidad en que están insertas. Ofrecer empleos de calidad, formar y cuidar a su gente, significa aportar simultáneamente al fortalecimiento de su fuerza de trabajo y del mercado de consumidores.

Por último, es imprescindible que los jóvenes se conviertan en arquitectos de sus oportunidades laborales, en protagonistas de su desarrollo como trabajadores. Deben ocuparse activamente de formarse para su incorporación al mercado, de ampliar sus redes de contactos y de analizar con espíritu flexible las propuestas que se les formulen.

Seguramente, una reactivación económica argentina contribuirá a reducir los actuales niveles de desempleo juvenil. Pero eso no debe hacernos perder de vista que el mercado laboral del futuro no tiende a ser más de lo mismo sino un escenario nuevo, que nos demanda soluciones verdaderamente creativas e innovadoras.

 

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