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Desempleo, doble indemnización y la oda al desprecio por el análisis económico

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JAVIER GERARDO MILEI Economista Jefe de la Fundación Acordar

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El día miércoles pasado, los diputados alineados en los bloques de Sergio Massa, Diego Bossio, el kirchnerismo y los socialistas lograron emitir un dictamen de mayoría en el cual se establece la prohibición de los despidos entre el 1 de marzo del presente año (con retroactivo a un año) hasta el 31 de diciembre de 2017.

De este modo, los despidos que tomen lugar durante el lapso que rija la emergencia ocupacional deberán ser compensados con una doble indemnización. Sin embargo, la efectividad de una medida de este tipo es como intentar mitigar un incendio usando un lanzallamas, donde lejos de solucionar el problema lo agravará aún más.

El primer punto que debería quedar claro que el problema en la creación de empleo no es nuevo. Si bien el kirchnerismo informaba un desempleo del 7%, cuando se corrige por el efecto de una mayor cantidad de empleados públicos la tasa se duplica. Al mismo tiempo, si a esto se le quita el maquillaje contable sobre el cómputo de la PEA (población económicamente activa), la tasa de desempleo treparía al 18%.

En segundo lugar, el proceso de apertura del CEPO y la eliminación de las retenciones implicó un importante cambio de precios relativos. En este sentido, un efecto natural de dichos cambios es que mientras los recursos se reasignan entre los sectores el desempleo aumente. A su vez, si a ello le sumamos las restricciones sobre el mercado laboral impuestas por el kirchnerismo junto a la caída en la calidad del capital humano, el proceso de reasignación se ha tornado muchísimo mas lento.

Finalmente, el uso y abuso de la emisión de dinero para financiar al fisco, junto a los controles de precios han generado señales de precios falsas en el sistema, de modo tal que los niveles de consumo e inversión agregados no eran consistentes con el potencial productivo de la economía. Por ello, una vez sinceradas los precios el inexorable retroceso de la economía se acelera y dado que en dicho proceso la economía destruyó capital, la capacidad productiva se retrajo (menor productividad), por lo que los salarios reales deberían caer o en su defecto la tasa de desempleo aumentaría de modo mucho más pronunciado.

Frente a esta dura situación, el intento de prohibir los despidos y exigir la doble indemnización no hace mas que amplificar los problemas de empleo. Por un lado, la medida incrementa el número de despidos en los sectores que han perdido con el cambio de precios relativos, ya que al subir los costos por los despidos que deberán hacer, los beneficios se contraen aún más, lo cual llevará a una mayor cantidad de despidos. Por otra parte, para el caso de las empresas beneficiadas por los nuevos precios relativos, la medida es similar a una elevación del salario mínimo. Esto es, el salario se compone de dos elementos: (I) la retribución efectiva y (II) el costo esperado asociado con tener que despedir un trabajador. Naturalmente, dado que el empresario pagará acorde al valor del producto marginal del trabajo, el salario que recibirá el trabajador quedará menguado por el efecto del nuevo costo, al mismo tiempo que para conseguir una mayor productividad en los trabajadores implicará una menor cantidad de contrataciones. Al mismo tiempo, el menor nivel de actividad en éste sector (que debía crear empleos) implica menores beneficios que no serán derramados sobre el resto de la economía, ya sea como: (I) demanda de bienes de consumo de los empresarios, (II) una mayor reinversión o, (III) mayores ahorros para financiar a otros sectores.

Por consiguiente, el resultado de la elevación de salarios será un desempleo mucho mayor. Las empresas más débiles cerrarán sus puertas y los trabajadores menos eficientes serán despedidos (sin poder reinsertarse como consecuencia de los mayores salarios mínimos), reduciéndose la producción en todos los órdenes. A su vez, estos mayores costos de producción y una reducción en las existencias tenderán a elevar los precios, con la consiguiente disminución del volumen de mercancías que podrán adquirir los trabajadores a cada nivel de salario. Por último, el aumento del desempleo retraerá la demanda y ello amortiguará, en parte, el efecto ascendente sobre los precios, donde, lo que finalmente ocurra con éstos a nivel agregado dependerá de lo que haga el Banco Central con la emisión monetaria.

En definitiva, tal como señalara Milton Friedman "uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas por sus intenciones, en lugar de sus resultados". De hecho, cada vez que se ha intentado ir en contra de las leyes de mercado, los resultados han sido desastrosos. Por lo tanto, esperemos que nuestros dirigentes abandonen estas iniciativas que sólo logran complicarnos aún más la vida.