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Del gasto en educación a la inversión educativa

Hombre, pueblo, Nación, Estado: todo está en los humildes bancos de la escuela". No exageraba Domingo Faustino Sarmiento. Las escuelas representan quizá el vínculo más robusto entre el esfuerzo presente y la prosperidad futura. En buena medida el éxito o fracaso de nuestras escuelas del presente predice los futuros logros o fallas del sistema económico para producir bienestar y distribuirlo de forma equitativa. Cada niño o joven que no adquiere las habilidades básicas durante su paso por las aulas es una historia de vida caracterizada por un potencial no explotado, riesgos exacerbados y precariedad laboral. En el agregado, un sistema educativo que no garantiza el aprendizaje universal no contribuye al crecimiento económico y perpetúa o incluso exacerba las desigualdades existentes.
El garantizar el aprendizaje de todos los niños y jóvenes es la razón de ser de la escuela. Los elementos que componen la escuela, también llamados insumos educativos, como los docentes y directores, el espacio físico, la estructura edilicia, los pizarrones, libros, cuadernos, netbooks, entre otros, tienen como único propósito que los niños y jóvenes aprendan. Cuando el aprendizaje ocurre, los recursos destinados a financiar insumos educativos se convierten en una inversión altamente redituable. Sin embargo, si el incremento de recursos o insumos no se transforma en más aprendizajes entonces el gasto en educación es simplemente eso, gasto, una inversión sin réditos.
Entre 2002 y 2012, los recursos destinados al sector educativo en Argentina aumentaron significativamente al pasar de menos del 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a cerca del 6 por ciento. Durante esos años, con un PIB cada vez mayor y una matrícula total casi constante, el gasto por alumno en Argentina se disparó situándose como el mayor de la región. Los salarios de los docentes crecieron a tasas por encima de la inflación, el número de docentes aumentó, se distribuyeron netbooks a todos los estudiantes del nivel medio, se refaccionaron escuelas, entre otros. Sin embargo, de acuerdo a la prueba PISA de la OCDE, los niveles de aprendizaje se mantuvieron constantes durante el mismo período.
Un nuevo estudio llevado a cabo por quien escribe estas líneas junto con dos colegas del Banco Mundial muestra que la política de los últimos años enfocada en la provisión de insumos educativos no fue suficiente para mejorar los aprendizajes. El estudio muestra que el estancamiento en los resultados PISA en Argentina entre 2000 y 2012 fue el producto de una pérdida de eficiencia en el sistema educativo. Es decir, los resultados indican que es mucho más importante cómo se utilizan los insumos y no tanto la cantidad de insumos disponibles. Por ejemplo, de acuerdo con los resultados del estudio, la cantidad de alumnos por docente no tiene una relación significativa con los niveles de aprendizaje, sin embargo entre 2005 y 2013 el número de docentes en secundarias públicas aumentó más de 30% cuando la matrícula en el mismo nivel creció sólo marginalmente. Esto hizo que en 2012 el número de alumnos por docente en secundaria llegara a 11 en Argentina, muy por debajo de los 19 alumnos por docente en Perú, 22 en Chile, 27 en Colombia y 30 en México. Para mejorar los aprendizajes no se necesitan más docentes sino mejorar la calidad de la docencia.
El sistema no garantizará una educación de calidad para todos los argentinos con mayor gasto para comprar más insumos. En la construcción de un sistema de calidad es crítico poner a los aprendizajes en el centro del quehacer cotidiano de las escuelas. Para hacerlo, es fundamental contar con una prueba estandarizada nacional capaz de medir, monitorear y regresar los resultados a las escuelas de forma expedita, año con año. Los resultados de la prueba estandarizada deben ser utilizados, no para estigmatizar a la escuela pública, sino como herramienta para identificar sus retos y que éstos sean motivo de diálogo entre el director, el colectivo docente y los padres de familia. Si el verdadero propósito de la escuela es hacer valer el derecho a aprender de todo niño y joven en la Argentina, es indispensable que la sociedad tenga herramientas para corroborar su cumplimiento.

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