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Del Powerpoint de Kicillof al Excel de Aranguren: cepo, tarifas y los ataques del peronismo ‘refurbished’

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Puede ser obra del destino. O quizás no, quizás todo se debe finalmente a una broma de mal gusto de ese señor que aún hoy, y ya pasadas varias décadas, sigue siendo el más rico del planeta y se llama Bill Gates. Lo concreto es que al ministro de Energía, Juan José Aranguren, parece haberle llegado la hora de rendir cuentas. Atacado en iguales proporciones por los sindicatos, empresarios, funcionarios del Gabinete y hasta legisladores supuestamente ‘amigos’, el hombre a cargo del ajuste tarifario más cruento del que se tenga memoria parece transitar sus días más pesados en la función pública.

El dato de las últimas horas es que el propio Aranguren sería convocado para ‘explicar’ el qué, quién, cómo, cuándo y dónde del ajuste tarifario en el Congreso nacional.

Pero hay más: casi como si se tratara de la señal de largada, un sinnúmero de protagonistas de la vida política y económica parece habérsele tirado encima al denostado ministro. Desde el líder sindical Barrionuevo al ministro de Interior Rogelio Frigerio; desde la oposición pura y dura del kirchnerismo encabezada por los diputados Héctor Recalde y Diana Conti, hasta el peronismo ‘refurbished’ de José Luis Gioja y Daniel Scioli. “Hablar mal de Aranguren está de moda, queda bien”, señala una fuente destacada del peronismo.

Con todo, el escenario remite invariablemente a esa brillante idea –para él– del ministro Prat Gay, quien ante la negativa del presidente Mauricio Macri a concederle la cancillería, pidió que si estaban pensando en asignarle la ingente tarea de encauzar el cepo y el partido de los holdouts, se conformara un gabinete económico ampliado.

Gracias a ese detalle, que hoy adquiere una estatura de dimensiones considerables, fue Aranguren y no Prat Gay quien asumió el costo político de un ajuste draconiano del 400% en servicios tan sensibles como la luz, gas y combustible. Fue el propio Aranguren el que, con bajos reflejos, se justificó en las últimas horas por los ajustes: “Tengo una planilla de Excel que cumplir”, dijo, ensayando la que será una débil estrategia ante los halcones de la Cámara de Diputados.

Del Excel de Aranguren, no es difícil pasar al Powerpoint de Kicillof, quien también solía locutar inmensas cantidades de razones, hechos históricos y supuestas consecuencias aritméticas apoyado en las diapositivas. Eran esas diapositivas deshojadas pétalo tras pétalo –que se parecen mucho a las planillas de Excel de Aranguren– las que el ex ministro dilecto de Cristina ansiaba ver reflejadas a la economía real, por más que las decisiones, como en todo, seguían el camino de la condición humana, que nunca es tan racional o lúcida como se lo presupone. Viven, respiran, se enojan, trabajan, consumen y, sobre todo, hacen su vida, hasta que algún funcionario les sube los impuestos o les cierra el mercado de cambios, y entonces la calefacción en invierno o la sencilla posibilidad de un viaje al exterior, se hacen imposible por obra de un software y la ansiedad.

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