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De la maquinita recalentada al nuevo endeudamiento

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LAURA GARCÍA Editora de Finanzas

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De la maquinita recalentada al nuevo endeudamiento

"La carrera de endeudamiento desenfrenado del gobierno de Macri ya ha batido todos los récord", denunciaba a fines del año pasado el ex ministro Axel Kicillof. Ya había quedado bastante lejos el desendeudamiento preconizado como panacea financiera y que fue, en última instancia, un fenómeno de cambio de acreedor, en el que se recurrió al Banco Central y la ANSeS, los grandes salvavidas financieros del kirchnerismo. Pero es cierto que con el capítulo buitre clausurado y el camino despejado, el Gobierno macrista está embarcado en un endeudamiento agresivo, a la caza de recursos que habilitan una disciplina fiscal más relajada de lo esperado.

Es lo que algunos ya llaman el "hiper-gradualismo". Sólo este año (y sin contemplar la colocación de hoy) el Gobierno ya emitió deuda por casi u$s 20.500 millones, la mitad de lo previsto para todo el año, según datos del Estudio Broda.

El día que asumió como ministro de Finanzas, Luis Caputo aclaró: "No es que emitimos para financiar déficit. La mayor parte es para cancelar deuda". En todo caso, el macrismo está aprovechando la ventana de oportunidad. Además de los u$s 6000 millones del repo externo y los u$s 7.400 millones que ya emitió en el extranjero este año, se colocaron bonos por u$s 3.571 millones en el mercado local y u$s 3.446 millones en Letes (aumento neto).

De hecho, los u$s 7.000 millones que estaban planificados en emisiones extranjeras en dólares, por ejemplo, ya fueron cubiertos como parte de una estrategia que busca también anticipar financiamiento en un mundo en el que el costo del dinero tiende a volverse más caro.

No es que la maquinita ya no aporte lo suyo. Aunque el financiamiento monetario del que abusó el kirchnerismo sigue siendo alto, hay clara vocación de moderarlo. Este año, el Banco Central emitió $ 35.882 millones para asistir directamente al fisco, contra $ 34.963 millones en el mismo lapso del año pasado. Esto es, una cifra casi equivalente pero con una inflación que se disparó en el interín. Pero las propias emisiones de deuda generaron un canal nuevo de emisión por la compra de los dólares que el Tesoro recauda en los mercados y que necesita cambiar por pesos para hacer frente al rojo fiscal.

A final de cuentas, el stock de deuda vuelve a crecer. A septiembre, último dato, la deuda bruta aumentó del 44,2% al 51,5% del PBI en un año, mientras que la deuda neta (sin sector público) pasó del 19,1% a 23,8%. La fase del endeudamiento como claudicación soberana quedó superada. Pero la preocupación ya asoma en una Argentina que debería evitar trampas conocidas en su historia pendular.