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De la Argentina 'market friendly' a los caramelos de un peso

Finalmente esta semana Argentina pudo cerrar el capítulo del default con el pago que se hace efectivo a los fondos buitres.

El regreso de nuestro país a los mercados internacionales a tasas menores a la esperada, pero exorbitantes si se las compara con el mundo o aun con nuestros vecinos, invita a pensar que es para estar conforme, de ninguna manera para saltar de alegría. Para ser claro, que el país pague 7,14% supone que para que la deuda sea sostenible (si siguiéramos emitiendo a esta tasa) deberíamos crecer como mínimo a tasas superiores a las que presenta China como para que dicho costo de financiamiento sea viable.

Visto de otro modo, si el país paga mas de 7%, la rentabilidad mínima para hundir inversiones será poco menos que el doble de eso en moneda dura. Análisis fundamental que se plantea toda compañía al momento de evaluar un proyecto de inversión, aquí y en cualquier parte del mundo.

SerÍa sumamente injusto suponer que dicha tasa es estática, claramente es un primer paso hacia la normalización que permita bajar el costo del capital, y por lo tanto tornar atractiva y viable las inversiones productivas por sobre las colocaciones financieras.

La solvencia que demostró el Gobierno en el regreso a los mercados, así como en la claridad para explicar la oferta local a los mercados y a la sociedad en general, fueron la clave del éxito en la operación.
Todo ello no quita que en 2017 deberemos afrontar solo por esta emisión, mas de u$s 1170 millones en concepto de intereses, es decir, cada compatriota tiene que pagar, a partir del anuncio del pasado miércoles, una nueva factura anual de casi u$s 30, sin contar la amortización de capital.

En este marco, es sumamente llamativo el contraste que presenta la administración del presidente Macri, cuando se trata de la comunicación y las medidas respecto del costado más concreto de la economía real.
La misma sociedad que apoya la gestión de gobierno, según las mediciones, es la que muestra una brusca caída en el índice de confianza del consumidor. Así, Argentina se parece al Boca de Carlos Bianchi en su última etapa, cuando la hinchada respaldaba al técnico sin que aparezcan los resultados.

Vale decir que esta situación no representa un equilibro estable, sino que es transitoria, lo cual indica dos resultados posibles: o la economía empieza a mejorar o el apoyo del pueblo al Gobierno empezará a mermar.
La disparidad de criterio para comunicar la política social versus lo relativo a la política de financiamiento ponen de relieve cómo la sensibilidad del Gobierno respecto del funcionamiento de los mercados internacionales luce mucho más acertada que la que tiene respecto de las necesidades concretas del pueblo.

El conjunto de la sociedad no comprende claramente cuando ve al ministro Alfonso Prat-Gay hacer cuentas difíciles en el noticiero vespertino, y menos aun cuando éste dice que el financiamiento conseguido permite gradualismo en el ajuste.

Difícil de conciliar la palabra gradual con más de 6% de inflación esperada para abril. No se entiende por qué nos cuentan en horario central sobre los bonos y eligen un sábado a la mañana para comunicar importantes medidas de política social.

Es poco claro el sentido de anticipar que aumentarán las tarifas en 2017, o zarandear la cobertura de medicamentos que ofrece el PAMI a los jubilados. Arribar a la solución correcta a veces es factible sólo si se entiende que el camino con menos baches posibles, no necesariamente es el más deseable técnicamente.
Al tiempo que se efectúan ajustes macroeconómicos y se opera en el sentido de hacer mas ‘eficiente’ el gasto, un simple caramelo de menta cristal cuesta un peso. El transporte, la luz, el gas, el agua y los alimentos, constituyen la información relevante para la gran mayoría de los argentinos, no es la tasa de interés, es el boleto de colectivo lo que mira el grueso del pueblo.

Si el Gobierno no mejora la capacidad para percibir y comunicar las acciones de política social y económica tendientes a proteger el salario frente a rentabilidades que se mantienen intactas, más temprano que tarde enfrentará con crudeza el dilema de Bianchi, esto es, no siempre el mejor equipo y el mejor proyecto generan resultados en el corto plazo. Sin esos resultados, el largo plazo corre peligro porque puede que a la hinchada se le termine la paciencia antes que el equipo empiece a ganar.

El prestigio internacional, la emisión de bonos y la luz verde del mercado no llenan el changuito en el supermercado, ni ayudan a los trabajadores a llegar a sus empleos a diario. Además de la emisión de bonos, y el posicionamiento market friendly sería hora que el Gobierno empiece a ver cómo hace con los caramelos de menta, porque un peso es el precio que marca el límite de la paciencia de quienes no comprenden tanto de finanzas como de la necesidad de llegar a fin de mes.

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