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MERVAL

De cáscaras e impostores políticos

ROBERTO FERMÍN BERTOSSI Investigador CIJS / UNC

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Las inolvidables candidaturas testimoniales de 2009 fueron recursos reprochables en las que ciertos ¿dirigentes políticos? se pusieron a la cabeza de las listas de candidatos a diputados nacionales, sin la intención real de asumir el cargo de resultar electos, con el fin de aprovechar la buena imagen de los mismos para sumar votos.

Un claro ejemplo fueron Daniel Scioli y Sergio Massa en las elecciones del 28 de junio de 2009, cuando lograron que la Cámara Nacional Electoral les aceptara su presentación en el segundo y cuarto lugar en la lista kirchnerista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires para el Frente para la Victoria, pero, una vez ganada la elección, tanto Scioli como Massa renunciaron inmediatamente a las bancas obtenidas, desairando a sus electores y frustrando el sagrado derecho de estos últimos.

Estos maltratos políticos nada tienen que ver con la clase de trato que se considera ético o correcto desde el punto de vista moral. En efecto, los mismos implicaron destratos y ‘fascinaciones del barro’ que ya deben ser execrados, condenados y repudiados, definitivamente.

Urge destacar y determinar que el buen trato es imprescindible a nivel republicano tanto político, legislativo como judicial, pero ello exige imprescindiblemente acreditar experticia y pertinacia, transmitir y contagiar fiabilidad y responsabilidad para, sólo así, ir logrando la convicción de credibilidad, no en cáscaras, imposturas o chicaneros, sino en contenidos, realizaciones y satisfacciones ciudadanas.

"Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento." (Nelson Mandela)

Cuando en un país supuestamente democrático y riquísimo como el nuestro, (sobre) viven demasiadas personas que no encuentran atención sanitaria, educación de calidad, seguridad ciudadana, trabajos dignos con el que ganarse la vida, familias que no pueden lograr una alimentación decente y en cantidad suficiente; donde no se respeta la palabra oficial comprometida ni los fallos de su máximo tribunal, donde no hay justicia y reina la impunidad ¿cómo puede alguien todavía seguir creyendo que vivimos en una democracia?

Enorme y patriótico servicio sería -sin demora- que desde los adláteres de Raúl Alfonsín, de Carlos Menem, de Fernando de la Rúa, de Néstor Kirchner, de Cristina Fernández y de Mauricio Macri, admitan el fracaso de la caricatura democrática y el simulacro republicano ensayado en los últimos treinta y tres años con un convergente manejo de caja unitaria, demoliendo toda idea de Democracia, República y Federalismo, según venimos observando también en este último año de gobierno. Qué añadir ahora cuando se convoca a los gobernadores para que ‘aconsejen’ a sus legisladores, bajo apercibimiento presidencial: "En caso de que se apruebe el proyecto opositor de reforma del impuesto a las Ganancias, se reducirían las obras públicas a la mitad tanto como los giros a las provincias, por lo cual Mauricio Macri advirtió que confía en la sensatez de los senadores que velan por las cuentas públicas de sus provincias, que en la mayoría de los casos están con problemas serios de déficit".

En esa perspectiva, ayer no más, tardíamente y en una subespecie de metanoia destacable, hasta el mismísimo ex premier Juan Manuel Abal Medina, acaba de admitir: "Yo no había visto realmente la magnitud que tenía la pobreza", sostuvo el ahora senador por el Frente para la Victoria cuando reflexionó sobre el ocultamiento de categorías críticas de la misma durante el gobierno de Cristina Kirchner.

Preconclusivamente, ni se nos debe ocurrir ninguna recidiva de gestión anterior de la cosa pública, sino un ir libre y mancomunado -sin decretos ni asonadas-, en la búsqueda común de esa Democracia que debe y puede dar respuestas satisfactorias a las insatisfacciones, denuncias, desafíos y apotegmas democráticas ‘reveladas’ por Vg., Nelson Mandela, Amartya Sen o Muhammad Yunus (¡merecidos premios Nobel!), quienes como nadie, interpretaron y se jugaron por todos aquellos contemporáneos empobrecidos -a los que se suponía y seguimos suponiendo-, una noble y cabal Democracia republicana, representativa y federal, debe satisfacer favorable y oportunamente.

Finalmente, sin eufemismos, por sus frutos los conocimos, los conocemos, los reconoceremos y deberemos evaluarlos en cada nueva ‘secuencia electoral’, siempre en pro de una democracia más espesa, más sustanciosa y entonces, más convincente.

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