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Cuidemos al turismo

Cuidemos al turismo

El Turismo es un sector al que los economistas suelen mirar de soslayo, como una actividad menor o poco relevante. Sin embargo, a nuestro entender, la prestación de servicios turísticos reúne algunos rasgos que le confieren un carácter decididamente estratégico. Para empezar, en un mundo cada vez más preocupado por el desempleo tecnológico y en el que hay crecientes dificultades para generar empleo de calidad, el Turismo emerge como una actividad de mano de obra intensiva, poco expuesta a la automatización y, por ende, con gran potencial para la generación de puestos de trabajo. Esta característica se ve reforzada por otro rasgo distintivo: el sector tiene fuerte arraigo federal y permite crear empleo formal en lugares del Interior del país donde sería muy difícil hacerlo en otras actividades. Adicionalmente, es uno de los sectores transables con mayor capacidad latente de crecimiento de sus exportaciones (esto es, de una mayor llegada de turistas extranjeros).
Por todas estas características, entendemos que el sector Turismo merece un fuerte apoyo oficial y tratamiento privilegiado. Y si bien desde la cartera del área se están haciendo esfuerzos para mejorar su competitividad y se trabaja en un plan de desarrollo, lo cierto es que los prestadores locales del sector hoy deben lidiar con un entorno decididamente desfavorable.
En general, los productores locales de bienes transables (v.g., la industria) disfrutan de una protección frente a la competencia extranjera en forma de aranceles y diversas barreras que traban y encarecen sustancialmente las importaciones. En cambio, el Turismo no goza de un beneficio semejante, pese a su importancia estratégica. En rigor, no hay ninguna barrera o arancel que entorpezca los viajes al exterior (que no son otra cosa que importaciones del servicio Turismo).
Además, en el último verano quedó en evidencia un lastre adicional que resta competitividad a los prestadores locales. Oleadas masivas de argentinos viajaron al exterior (en particular a Chile) buscando combinar el paseo y la playa con las compras de electrónica e indumentaria. Nótese entonces que no sólo los prestadores locales de servicios turísticos están desprotegidos, sino que además se ven claramente perjudicados por la protección a otros sectores que exacerba la demanda de servicios turísticos importados. A la sazón, la excesiva protección a las poco competitivas industrias tecnológica y textil conspira contra la creación de decenas de miles de puestos de trabajo en Pinamar, Ushuaia, Salta y demás polos turísticos del país.
Que se entienda bien. No estamos proponiendo la institución de un arancel que encarezca los viajes al exterior (aunque quizás no haya sido una buena idea la rápida remoción de la percepción de 35% que había dejado el kirchnerismo). En cambio, creemos que gradualmente y con sumo cuidado (para minimizar el costo en términos de empleo), la economía argentina debe ir removiendo las barreras a las importaciones de bienes y abrirse al mundo. Pero mientras tanto, hay que prestar atención a la posición particularmente desventajosa en que están los prestadores locales de servicios turísticos. Esta desventaja debiera tenerse en cuenta en el diseño de la política oficial para el sector Turismo y en los esfuerzos por devolverle competitividad; por caso, mediante generosos mecanismos de desgravación impositiva.