Cuarentena dura: ante la crisis económica más grave, la incertidumbre es peor que el confinamiento

"Para ser libre, hay que vivir". Con esas palabras, el presidente Alberto Fernández argumentó el último viernes el endurecimiento de una cuarentena que retorna a su fase inicial esta semana en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde nadie sabe ni se anima a aventurar cuándo se iniciará siquiera el período de nueva normalidad.

Para el mandatario, esa supervivencia es posible solo a través del confinamiento, ante la ausencia de una vacuna que ponga freno a la propagación creciente del coronavirus y un tratamiento comprobado para combatirlo exitosamente, más allá de que el esfuerzo del personal médico ha logrado reducir apenas al 2% de los contagiados la mortalidad en el país como producto de la pandemia.

Pero la extensión de ese aislamiento trajo aparejado un efecto secundario que ya es palpable en los números y en la angustia de gran parte de la sociedad: el derrumbe económico, reconocido por el propio jefe de Estado. El Indec revelará hoy que la actividad en abril pasado, el primer mes completo de cuarentena, registró su peor caída interanual histórica, un dato que las consultoras privadas estiman se acercará a -20%, peor aún que el fatídico diciembre de 2001.

La estadística puede marcar el final del abismo para la economía nacional que proyecta una caída anual del 9.9% según el FMI, dado que el mes pasado comenzó a dar alguna señal de movimiento por la reapertura de actividades en el interior país. Pero contrariamente, no muestra el fondo del pozo para la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, donde se concentra la mayor población y nivel de actividad del país.

Allí, donde el aislamiento vuelve a su punto de partida, la base de su economía, representada en las pequeñas y medianas empresas, iniciará esta etapa varios casilleros más atrás y quedará expuesta a las consecuencias de la falta de previsión. Hay casos dramáticos, como los del turismo y la hotelería, que no tuvieron posibilidad de reactivarse y hoy no saben cómo sostener su negocio. Y otros como el del sector textil y el del calzado en el que no faltaron, inclusive, quienes salieron a vender sus vehículos y endeudarse para poder llevar a las vidrieras mercadería de temporada invernal, tras haber permanecidos cerrados durante 80 días. Pero mañana, tres semanas después de haber reabierto los locales, deberán volver a cerrarlos sin saber aun cuándo ni cómo podrán reactivar las ventas para cubrir siquiera esas últimas deudas.

Según reveló la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires, 23.000 pymes ya bajaron sus persianas desde el inicio de la cuarentena y en 30 días más se llegará a 27.000, si la situación permanece inalterable. El dato implica al menos unas 100.000 personas sin empleo en la ciudad como consecuencia de las medidas adoptadas por la pandemia, dentro de un universo nacional que, según estudios privados, ya orilla las 900.000 personas, entre trabajadores registrados, cuentapropistas y aquellos que buscan su sustento en la informalidad. Personas que necesitan sobrevivir al coronavirus y también a la crisis de la economía.

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