Cuando sobran necesidades y escasea el dinero, la sensatez es la mejor consejera

El malhumor ya era conocido por la Casa Rosada, inclusive antes de que Alberto Fernández ganara las elecciones presidenciales. Pero la advertencia llegó inequívoca a través de un cable de la agencia Bloomberg, que reveló que el gobierno de los Estados Unidos estaba dispuesto a retirar su apoyo a la Argentina en las negociaciones para reestructurar la deuda con el Fondo Monetario Internacional y frenar potenciales inversiones en los yacimientos de Vaca Muerta.

"Proteger al ex presidente boliviano Evo Morales y comprometerse con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela cruzó una línea roja", fue la argumentación con la que un funcionario de la administración de Donald Trump deslizó la velada amenaza al gobierno nacional, apenas dos días antes de que el mandatario estadounidense tomara una decisión que sacudió al mundo y complicó aún más el panorama financiero argentino: la muerte del general iraní Qasem Soleimani provocó la corrida de inversores hacia activos de refugio y, consecuentemente, disparó la aversión al riesgo.

Pero el escándalo protagonizado por el gobierno chavista en el parlamento venezolano, con su intento de forzar el reemplazo del opositor Juan Guaidó de la presidencia de la Asamblea Nacional, le dio a la Casa Rosada la oportunidad de transmitir una posición que sea leída en Washington como una señal de sensatez en materia de política exterior: el repudio a los incidentes y el reclamo a recuperar la normalidad democrática en el país caribeño.

Y es que más allá de los gestos hacia las filas kirchneristas, como el asilo otorgado al mandatario de Bolivia, Fernández sabe que necesita hoy del apoyo de EE.UU. para reestructurar la deuda y recuperar la confianza de los inversores, los dos frentes con los que pretende salir de la crisis y activar el crecimiento económico.

Para el primero de los casos, ya recibió propuestas y tiene encaminadas las negociaciones con los mayores acreedores privados, en particular grandes fondos como BlackRock, por lo que ahuyentar los ruidos de un entendimiento con el FMI resulta vital. Por ello, la declaración de la Cancillería ante el caso venezolano fue bien vista ayer en los mercados, y los bonos argentinos repuntaron pese a que la tensión en Medio Oriente afectó a las plazas internacionales.

El segundo surge más complejo, ya que el congelamiento de los combustibles dictado por el Gobierno, complica a las empresas petroleras y choca de frente con el incremento del precio del crudo, potenciado por el mismo conflicto geopolítico en Irán. Será clave para el Gobierno despejar en los próximos 180 días su panorama financiero, desamarrar los precios y establecer reglas de juego claras para que las inversiones lleguen y contribuyan a la reactivación de la economía. Sumar sensatez para atender las necesidades y avanzar en la recuperación.

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