Cristina Fernández, la mariscal de la derrota de Scioli

La Presidenta Cristina Fernández le está haciendo perder las elecciones a su candidato no deseado, Daniel Scioli. El contenido del último e interminable discurso del pasado viernes en Palermo, en el polo científico y tecnológico, representa solo la ráfaga del fuego amigo más reciente. Pero la verdad es que fueron y siguen siendo cada una de sus decisiones de campaña las que están dejando al gobernador sin plan B y con la única alternativa de volver, resentido y humillado, a su casa de La Ñata. La Presidenta no solo kirchnerizó la campaña, con sus consignas extremas. También la llenó de miedo, odio y resentimiento. Y le inoculó virus al propio Scioli, quien antes de eso era considerado un dirigente tolerante, paciente y sin rencores. Y ahora se le nota hasta en la cara que parece desangelado, nervioso, desencajado y menos racional. Con su última aparición oficial, en la que comparó a Mauricio Macri con Fernando de la Rúa y presentó un video poco feliz de Alfonso Prat Gay como si fuera una denuncia contra el Pentágono, Ella siguió espantando los votos del centro hacia Scioli, a quien de nuevo ignoró, y le volvió a bajar el precio. Pero la responsabilidad de Cristina no se limita solo a sus apariciones públicas. También se explica y se multiplica por sus desastrosas decisiones políticas. Una de las más nefastas para Scioli fue imponerle, como compañero de fórmula a Carlos Zannini, el monje negro del gobierno nacional. El día en que se enteró, el equipo de campaña de Cambiemos, con Mauricio Macri a la cabeza, festejó como si se tratara de un gol de Argentina contra Brasil en la final de un campeonato mundial de fútbol.

Un par de semanas después, los responsables de campaña del Frente para la Victoria interpretaron que como la intención de voto de Scioli no bajaba, la imposición de la Presidenta se podía considerar como acertada. Pero el secretario general del gobierno de la Ciudad, Marcos Peña, seguía tomando el dato como muy positivo para su espacio político.

"La fórmula con Zannini no le quitó votos, pero le puso un techo a la posibilidad de Scioli de crecer entre los no convencidos. Con ese techo no llegan a 40%", me explicó. Otros funcionarios de Macri me dieron a entender que el círculo rojo no avalaba el diagnóstico de Peña porque estaba intoxicado de encuestas pagas que por ese entonces agitaban la idea de que el gobernador ganaría en primera vuelta. Pero más errada todavía fue la determinación de la Presidenta de eliminar a Florencio Randazzo de la competencia presidencial contra el propio Scioli, descontando que el ministro de Transporte bajaría hasta la provincia de Buenos Aires y ganaría la gobernación, para conservar así el distrito más importante de la Argentina peronista. ¿Ignoraba Cristina que Randazzo sostendría su la palabra de honor? ¿Volvió a recibir, de sus informantes de los servicios de inteligencia, datos contradictorios, o equivocados, igual que cuando le anticiparon que Sergio Massa no se presentaría a disputarle su liderazgo en las elecciones parlamentarias de 2013?

Una tarde entera le insumió a Cristina Fernández tratar de convencer a Randazzo. Su herida narcisista se agrandó cuando el ministro se plantó y mantuvo su negativa. El enorme error táctico subsiguiente fue inclinar la balanza a favor de su jefe de gabinete, Aníbal Fernández, en las PASO, contra Julián Domínguez. Fue en el contexto de la grave acusación que vinculó a Fernández con el triple crimen y la causa de la efedrina. El apoyo explícito a su ministro fue producto de su bronca por lo que entendió como un ataque artero del programa de Jorge Lanata y del Grupo Clarín. Cuando los cerebros de la campaña de Cambiemos comprendieron que la disputa central del 25 de octubre pasado iba a ser entre la bella buena y la bestia mala volvieron a festejar, como si el gol contra Brasil hubiera sido en el minuto 91, a muchos toques y de palomita o desde afuera del área.

"Con el diario del lunes somos todos grandes analistas" chicaneó uno de los hombres más cercanos a Scioli, quien sostiene que el gobernador ganará el debate del próximo 15 de noviembre, y también la competencia dialéctica que se presentará con los spot de campañas, a partir del martes que viene. Pero otro de los hombres de Scioli, con idéntico poder, aceptó: "Cristina tiene buena imagen de gestión, pero es un yunque para la segunda vuelta". Además se lamentó por la densidad que alcanzó la campaña negativa, horas después de conocidos resultados de las últimas elecciones presidenciales. Hicimos todo mal. Lanzamos a la bartola videos en las redes sociales que el periodismo amplificó en la tele. Usamos el sello y la logística del Estado no para decir por qué nos consideramos una mejor opción sino para descalificar a Macri. Nos embadurnamos con la lógica militantes de La Cámpora. Y no nos plantamos a tiempo, porque creímos que después de Zannini nos iban a desatar las manos". Los que no tienen ninguna duda de la enorme responsabilidad de Cristina Fernández en la eventual derrota de Scioli son la mayoría de los gobernadores peronistas.

Desde José Luis Gioja hasta Juan Schiaretti. Y, en especial, el de Salta, Juan Manuel Urtubey. El repite, por ahora, en privado: "Esto no es un gobierno peronista intentando ganar una elección. Esto es capricho, o afán de protagonismo, o un íntimo deseo de derrota del candidato, disfrazado de defensa del modelo". Si, como sostienen desde el propio Frente para la Victoria, La Presidenta, en el fondo, quería que Scioli perdiera, quizá sea pueda considerar a ese como el último de sus sueños cumplidos.

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