Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

Corrupción: el cambio cultural empieza por mí

MAURICIO DEVOTO Secretario de Planificación Estratégica del Ministerio de Justicia y DD.HH.

2
Corrupción: el cambio cultural empieza por mí

El consenso en el ámbito empresario hoy es que para erradicar la corrupción se requiere un ‘cambio cultural’. Sin embargo queda flotando una cuestión que se repite en otros ámbitos y cuyo sinceramiento resulta fundamental para avanzar hacia un país normal, humanamente vivible y con menos pobreza: reconocerse parte del problema y estar dispuesto al cambio.

Este no es un dilema exclusivo del empresariado. Si bien doy por sentada la responsabilidad primaria de los tres poderes del Estado en luchar contra la corrupción y la predisposición que existió durante años para eludirla, en los hechos todos los argentinos aportamos nuestra cuota de falta de respeto a la ley, moral y jurídica. De una u otra forma siempre nos resultó más fácil creer que la sociedad justa, honesta y pacífica que merecíamos dependía exclusivamente de algún ‘otro’, sea éste funcionario público, legislador, juez, fiscal, policía o vecino de al lado.

Nuestros desvíos o incumplimiento de las normas más básicas, decimos, siempre están justificados y nunca afectan o impactan sobre la sociedad. A nadie se le ocurre multiplicar el ‘acto circunstancial injusto’ por 40 millones de personas. No es casual que el juez también diga que el responsable es ‘otro’, y que no cuenta con leyes adecuadas para evitar puertas giratorias, ni con recursos humanos para realizar investigaciones, ni cárceles para alojar presos.

Tampoco podemos echarles toda la culpa a los jueces por las injusticias que nos toca vivir. No corresponde confundir ‘justicia’ con expedientes y tribunales. La justicia judicial llega al final, luego que los demás mortales, incluidos funcionarios de otros poderes, fuimos incapaces de administrar los asuntos o resolver pacíficamente los conflictos.

En la Argentina de hoy, para el cambio cultural bastaría con reducir niveles o grados de hipocresía en cada ámbito y sector. Ser sinceros con nosotros mismos, poner verdad en lo que decimos y hacemos, dejar de lado la viveza criolla y los intereses egoístas, diría el presidente Macri. Reducir la brecha que existe entre lo que decimos en los discursos, en la televisión, en las leyes, en las sentencias, en el folleto de Responsabilidad Social de la Empresa, en nuestras casas, en la Iglesia, y lo que efectivamente hacemos.

Todos somos responsables de la construcción de una sociedad mejor. Lograrlo depende de que nuestros actos cotidianos sean buenos, equitativos y ajustados a las normas. Podemos hacerlo sin que intervenga un juez o un policía. Pero debemos educar y estar educados para ello, contar con una especial predisposición, trabajar la voluntad para hacer las cosas bien. Enseñar en valores.

Nuestras máscaras

Existen jueces y funcionarios corruptos que no hacen justicia con sus fallos, como existen empresarios, profesores de escuelas de negocios y padres de familia corruptos e injustos con sus dependientes y familiares. Cada uno conocerá su grado de hipocresía y la ventaja que obtiene. Pero este esquema no da para más. Porque los papelitos tirados a la calle taparon todos los sumideros; nuestras construcciones privadas edificadas sobre pilares públicos negligentemente abandonados durante décadas no paran de resquebrajarse; la plata sacada al exterior nos dejó vacíos; el pescado se acabó y pocos saben cómo sacar lo que ahora sale de un mar que ya no es mar; la tecnología te descubre la maniobra al día siguiente. Y todo genera más desigualdad y violencia.

Distintos ámbitos, distintos grados de responsabilidad. Nos parecieron ridículos los millones de la Rosadita, los bolsos de dinero del monasterio, los anillos y bailes de algunos jueces. Repasemos lo que pensamos y proclamamos, y ajustemos nuestras acciones, no sea cosa que, sin darnos cuenta, estemos haciendo el ridículo frente a empleados, compañeros de trabajo, alumnos, familiares e hijos. Seamos protagonistas del cambio cultural, con una nueva forma de hacer las cosas. Con humildad, nada mejor que empezar por uno mismo.

Más notas de tu interés

Comentarios2
Miguel Angel Trossero
Miguel Angel Trossero 01/12/2016 10:27:10

La corrupcion es productos de tds. Cada uno se asuma su responsabilidad

Leandro Ariel Gonzalez
Leandro Ariel Gonzalez 01/12/2016 08:41:49

Excelente