Coronavirus: paso a paso

A partir del marzo el mundo está funcionando en base a lo que podríamos llamar la modalidad 'cisne negro'. El Coronavirus: cisne negro, imprevisible y de alto impacto disruptivo. Es muy representativa la portada de la edición del 21 de marzo del semanario The Economist, con la imagen del planeta con un cartel colgando del Polo Norte donde se leía "cerrado".

Con base en el desconocimiento inicial del potencial de contagio y su letalidad, de la inexistencia de una vacuna y de la incertidumbre respecto de la capacidad de los sistemas sanitarios para enfrentar una situación de contagios generalizados y de éstos sobre la estructura productiva, los países adoptaron diversas formas de aislamiento (hoy más del 50% del PBI mundial está bajo cuarentenas, aunque varios están intentando con mucho cuidado la regularización de sus economías) a resulta de las cuales comenzó un proceso generalizado de derrumbe económico auto-infringido y que está afectando tanto a la demanda de bienes y servicios como a su oferta.

En el corto plazo la pandemia está afectando y afectará con distinta intensidad a la actividad económica, tanto a los países centrales como a los emergentes, entre ellos nuestro país. Para paliar la situación, Estados Unidos y la Comunidad Europea están usando la política fiscal y han implementado paquetes consistentes en compromisos de compras de activos y ayuda directa a las personas y empresas durante el tiempo que sea necesario hasta que se estabilicen el sistema productivo y los mercados. Los incentivos ascenderán a u$s 10 trillones (una cuarta parte de la actividad económica anual). Se incrementará el gasto público total (de un 38% del PIB pasará al 40% en los países que integran OCDE). Va a ser crucial la efectividad de los estados para que esta ayuda llegue en tiempo apropiado.

La OMC calcula que el comercio mundial de mercaderías caerá en 2020 entre 13 y 32%, esperando una recuperación del comercio en 2021, pero sujeta a la duración de la pandemia y a la efectividad de las respuestas de política económica. Pese a las medidas de estímulo, se estima que el PBI caerá en los Estados Unidos el 5,9%, en la Eurozona el 7,7% en América del Sur el 5% y China apenas crecerá el 1,2%. En Argentina, se estima que caiga entre 7 y 9%.

Como la estructura productiva global permanece intacta, se considera que, a la luz de las "condiciones actuales", puede haber una recuperación más bien rápida. Lo que no se sabe es si estas condiciones se mantendrán. En ese sentido hay que poner atención a la reacción de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Australia frente a la supuesta actitud poco transparente y colaborativa de China en los comienzos de la pandemia. Si esta reacción se materializa mediante sanciones de tipo comercial o de otro tipo, el mundo puede estar frente a nuevos escenarios que no podemos prever. Si esto no ocurre iremos a una "nueva normalidad".

Es demasiado pronto para predecir cuándo terminará la crisis y cuando pasaremos a esta "nueva normalidad". El tiempo dependerá de la calidad del manejo de las cuarentenas y la disponibilidad de pruebas rápidas accesibles y, durante el camino a regularización, la capacidad de las personas para seguir las pautas de distanciamiento social e higiene; la aparición de antivirales y una vacuna; y finalmente el alcance del alivio económico proporcionado por los gobiernos.

Esta nueva normalidad no difiere significativamente de la estructura de funcionamiento pre-coronavirus, en donde la producción se encuentra organizada mediante cadenas de valor distribuidas alrededor del mundo donde el conocimiento y el marketing surge y fluye desde los países centrales hacia aquellos que se especializan en la manufactura. Estas cadenas se manejan con inventarios de materias primas y bienes intermedios muy bajos; el "just in time". Todo soportado por un alto nivel de tecnología y de telecomunicaciones. Estas cadenas son muy difíciles y costosas de desarmar. Lo dicho no implica que post-coronavirus los países centrales decidan relocalizar producciones estratégicas en sus países como ser la producción de antibióticos y equipos médicos, sólo refiriéndonos a cosas que aparecieron como consecuencia de la actual crisis.

Hasta el descubrimiento de una vacuna y su diseminación mundial la salida de las cuarentenas será incierto, con consumidores temerosos y posiblemente con un camino de inicio-interrupción.

Podemos afirmar que los países más competitivos se recuperarán más rápidamente, que la inequidad en ellos se incrementará y que los países emergentes sufrirán reversiones importantes en el proceso que llevaron a cabo en los últimos años por el cual sacaron de la pobreza a una gran parte de sus ciudadanos.

Argentina aparece como uno de los países emergentes con mayores restricciones para enfrentar la pandemia. La crisis nos encuentra en situación de fragilidad; hacia fines de 2019 la pobreza ascendió al 35.5%. A su vez, desde el costado macroeconómico, carece de reservas suficientes y acceso a los mercados internacionales de crédito, hay dificultades para devaluar el peso por los efectos en los precios y sus cuentas fiscales.

Pese a las restricciones apuntadas, para paliar las consecuencias inevitables sobre la cadena productiva, el gobierno anunció un paquete de medidas de aproximadamente 2% del PBI. Como en el resto de mundo, su efectividad dependerá de la calidad de su implementación. Es lógico, el costado microeconómico nos indica que, si las ventas se desmoronan, las empresas quedan expuestas a una fuerte iliquidez y los ingresos de la población se desploman, particularmente los del sector informal. En consecuencia, habrá una recesión muy aguda y posiblemente prolongada, potencialmente acompañada de problemas sociales. Nadie duda hoy que el tejido microeconómico nacional quedará bastante dañado.

Como en el resto del mundo, salir de esta crisis, requerirá para los empresarios creatividad, capacidad de innovación y manejo financiero; los cuales se convertirán en fuentes de nuevas ventajas competitivas. Se incrementarán las adquisiciones y las fusiones de empresas. La capacidad de construir nuevos escenarios de mediano plazo para sobrevivir y eventualmente ganar mercados será crucial. Se deberá generar una adopción más rápida de nuevas tecnologías fundamentalmente robótica, inteligencia algorítmica, comercio y pago digital, y trabajo remoto.

Finalmente, el control gubernamental sobre la economía se exacerbará, como ha ocurrido históricamente durante los períodos de crisis, y las fuerzas "estatales" toman nuevos ímpetus, incluida la necesidad de la nacionalización de empresas con problemas, los controles de los movimientos de capital o los intentos de proveer a un ingreso básico universal. Entre la necesidad de reconstrucción de las empresas y el tejido social, la efectividad de la asistencia estatal y el inevitable avance gubernamental será clave para los países encontrar una capacidad no siempre fácil de materializar: el equilibrio.

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