Coronavirus: frente a una nueva y superadora manera de ser y decir

Hay situaciones que nos mejoran como profesionales. Una de ésas es la que estamos atravesando actualmente a nivel mundial.

Cuando la incertidumbre pasa a ser moneda corriente, estamos a prueba a cada minuto.

En lo que a comunicación respecta “estar a prueba significa que, por primera vez, somos conscientes de que hay un centenar de preguntas para las que no tenemos respuestas.

El nivel de alerta aumenta, la cercanía con nuestros públicos debe reforzarse, nuestra capacidad de adaptación entra en escena y más aún, nos animamos a decir “no lo sé .

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¿Qué hay detrás de todas estas características que nos impulsan a una versión renovada y mejorada de la comunicación y los comunicadores?

El mensaje es el corazón de nuestras vacilaciones y no debería asustarnos porque todo cambió y posiblemente estemos vislumbrando los primeros matices de una gran transformación en la comunicación.

Son el QUÉ y el PARA QUÉ de nuestras organizaciones los interrogantes a poner en tela de juicio.

No existe mejor ocasión que ésta para hacerlo. Así como un adolescente que vive y habla como  “rock star abandona esa imagen cuando se hace adulto, tal vez sin perder nuestra esencia sea el momento de despojarnos de un QUÉ y un PARA QUÉ que ya no tienen sentido.

En contraposición a lo que tradicionalmente conocemos quienes gestionamos la comunicación en una organización, es el ADN y la historia de valor de las organizaciones las que se ven interpeladas en esta pandemia. Un proceso de de-construcción cuasi forzado que representa el puntapié inicial a una nueva forma de ser y de decir organizacional.

Cuando pensábamos que el foco debería estar en el CÓMO levantando las banderas de multi-plataforma, interacción, clics, likes y comentarios, el coronavirus nos impulsó a volver a las fuentes, retomar lo estratégico, reformular las bases.

Es la mejor ocasión para poner énfasis en esta cuestión en la “mesa chica de cada empresa. Más que reflexionar en “cómo sobrevivir y hacer negocios en un entorno en el que el Covid-19 es el protagonista, animémonos a pensar y formular un “cómo vivir en el futuro. Proyectemos quiénes seremos, qué roles asumiremos y cómo contribuiremos a mejorar a la sociedad.

Atrevámonos, como comunicadores, a “patear el tablero , re-acomodar las fichas, escuchar a cada jugador, volver a empezar y hasta cambiar de juego.

Este músculo de la identidad estaba tal vez algo adormecido. Es momento de volver a ejercitarlo y hallar la mejor versión de cada organización en función al dinamismo y los desafíos de este nuevo escenario.

El coronavirus representa una gran oportunidad para pensarnos y pensar a nuestras organizaciones como identidades expandidas. Es momento de dar luz a una verdad que se nos reveló de manera más tangible durante esta cuarentena: ya no somos sin los “otros . La conciencia de nuestra inserción en un propósito mucho mayor dejó de ser sólo una cuestión de ONGs e instituciones de bien común. Alianzas, co-creación de soluciones, mensajes compartidos, respuestas solidarias y campañas multi-marca que denotan espíritu de equipo llegaron para quedarse. Abracémoslas e incorporémosla como piezas fundamentales de la nueva amalgama comunicacional e identitaria.

Es momento de ser comunicadores más flexibles, más humildes, más responsables y, principalmente, más humanos. Junto a esta transformación individual impulsemos a las organizaciones de las que somos parte a convertirse en gestoras de una nueva y superadora manera de SER y DECIR.

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