Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

Contra una apertura ingenua, lo principal es un tipo de cambio alto

El sector manufacturero, con alguna excepción, declina. Con un mercado interno débil, dañado además por cierta suba de importaciones (aunque diluida en dólares por menores precios), con las exportaciones MOI que caen. Ceden empleos y hay suspensiones. El declive parecería atenuarse, pero, aun así, la floja imagen persiste. Las dos primeros aspectos, recuerdan aquello de ‘sobre llovido, mojado’.

Lo más grave es que no se divisa aun ni en las filas del oficialismo ni en otros ámbitos, la gestación de un ‘relato industrial’ en pos de explicitar el rol atinente al sector industrial, en su integralidad, en la economía nacional. El relato lucía claro en ideas y en hechos en el período neodesarrollista 2003(02)-07, pero, con el giro pegado en 2010, el discurso persistió, pero romo en sustancia. Ahora, la sensación es de que aun falta el rumbo.

Días atrás, el ministro Prat-Gay adujo que no se va hacia una apertura generalizada. Similar a lo dicho antes por su mentor González Fraga, que confía en que no se hará una apertura ingenua, como en los 90. Pero, siéndose riguroso, cabe afirmar sin temor que el principal resorte para evitar una apertura ingenua, es acercarse al tipo de cambio real alto, competitivo: el tipo de cambio industrial. Del que, desde ya, hoy estamos lejos. Ahora hay un nivel híbrido (con el paliativo de la suba del real en Brasil), promedio del muy bajo propio del esquema ligado al financiamiento externo y del agrario, algo superior.

Aquel objetivo, claro, exige condiciones estrictas y complejas: apuntar a readecuar fuerte al marco macroeconómico y encuadrar en un contexto denso al estadio del conflicto distributivo, traducido por la disonancia entre el cambio real pro desarrollo y el de referencia tácita del sector laboral (hay una cuña operando). Son condiciones recias. Pero, su alternativa en el presente, algo a digerir por la dirigencia empresarial y gremial industrial en general, son riesgos probables de instalación de achiques de empresas y de severos bemoles de empleo.

La readecuación macro hacia un dólar real seriamente más alto, no es una plena condición suficiente, pero, sí, harto necesaria. Y, los planteos que buscan esquivarla, como la nostalgia por las DJAI, son débiles. Acéptese que ellas en otra fase ampararon la sobrevivencia de empresas y que el levarlas pega en la presión importadora. Pero, ya no caben como se las conoció, al ser fulminadas por el fallo de la OMC y por integrar un esquema general disfuncional. Luego, corresponde otra clase de defensas fundadas, sumadas al tipo de cambio alto.

Igualmente, tampoco luce viable, pese a los sobrecostos e ineficiencias de terceros que afligen al devenir industrial -en infraestructura en general, puertos, fletes, litigiosidad laboral, en lo crediticio y tributario, etc.- recurrir de modo indiscriminado a resortes de protección ad hoc, tanto por los bemoles asignativos como por la exposición internacional envueltos. Aquí, el cambio alto debe dar la respuesta, sino única, básica, lo que también aplica frente al habitual sofisma de que el tenor sistémico de la competitividad, invalida apelar a la rapidez y contundencia comparada de efectos que depara un cambio competitivo.

En verdad, de lo que muchas industrias deben estar alertas, es de factibles procesos de reconversión. En el caso, sin un cuadro macro favorable en cuanto a demanda y a tipo de cambio, hay más chances de achique.

Ojo también con la falacia de la alta productividad como dato mágico que resuelve todo. El esquema de 2003-07, funcionó porque el tipo de cambio alto empujó la competividad hacia dentro y hacia afuera, y esto instigó la productividad con alza del empleo. El verso opuesto es que la alta productividad genera competitividad, justificando así el cambio bajo y relajando tensiones salariales.

Pero, ¿cómo y cuándo surge aquélla de facto?.
En fin: un relato serio de evi tar una apertura industrial ingenua, parte de reponer la esencialidad de la cuestión cambiaria.

Más notas de tu interés

Comentarios3
Ricardo Avila
Ricardo Avila 25/08/2016 09:42:04

LA "INDUSTRIA" ARGENTINA NO ES TAL, LA MAYORÍA SON SOLO ARMADEROS CON UN ALTO PORCENTAJE DE IMPORTACIÓN DE PARTES. HABRÍA QUE PENSAR EN CAMBIO EN TERMINAR CON LOS ARMADEROS DE TIERRA DEL FUEGO, INÚTILES Y DEFICITARIOS.

Ricardo Avila
Ricardo Avila 25/08/2016 09:38:04

EL TIPO DE CAMBIO HOY LO FIJA EL MERCADO COMO EN CUALQUIER PAÍS LIBRE. EXIGIR UNA DEVALUACION NO CONVALIDADA POR EL MERCADO PROVOCARÍA UN AUMENTO DE LA INFLACIÓN INMEDIATO CON CAÍODA DE CONSUMO . NO ESTAMOS EN 2001. CURIA PARECE VIVIR EN EL PASADO.

Pablo Garcia
Pablo Garcia 25/08/2016 02:59:47

No digas pavadas, el banco central viene interviniendo fuertemente en el mercado a través de las tasas duplicando su nivel de deuda para mantener el dólar bajo, y con lluvia de dólares de deuda externa pública.