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Con las low cost el Plan Maestro, Macri aprende a comunicar

DIEGO DILLENBERGER Director de la revista Imagen.

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Con las low cost el Plan Maestro, Macri aprende a comunicar

"¡Háganse cargo, gobernaron 12 años, nosotros apenas 15 meses!" La diatriba circuló tanto en las redes sociales que casi ni hace falta aclarar que es del jefe de Gabinete, Marcos Peña, y responde a un interesante cambio de estrategia de comunicación, no solo del virtual CEO del gobierno, sino de toda la administración Macri: de pronto, la pesada herencia es clave para poder explicar por qué la recuperación económica viene más gradualmente que lo prometido.

No importa que ese giro sea el que recomendaban hace más de un año casi todos los analistas de comunicación y no importa que en el año electoral sea más difícil instalar la herencia que si se lo hubiese hecho desde el 10 de diciembre de 2015: nunca es tarde cuando la dicha es buena.

Pero señalar que las dificultades económicas vienen de esa herencia ya no alcanzaría, si el Gobierno no supera el mayor problema que tiene en el arranque del electoral 2017: la caída de las expectativas económicas en la opinión pública. Ese retroceso es mucho más riesgoso de cara a octubre que la circunstancial ‘foto’ de la curva de aprobación de gestión, que hoy está ligeramente más baja que la de rechazo.

Las altas expectativas de recuperación económica venían acompañando al gobierno aun después del frustrado ‘segundo semestre’, pero ya no lo siguieron con los ‘brotes verdes’ del arranque del año. La clave, y es buena noticia que el gobierno lo esté entendiendo: mostrarse capaz de tener una agenda de gestión transformadora que supere los tropiezos menores del estilo Precios Transparentes vs. Ahora 12, los problemas de conflictos de intereses o el recálculo de las jubilaciones.

"Gestionar la crisis correctamente es loable, pero no alcanza", dice Claudio Polosecki, encuestador de GOP, que trackea mes a mes la imagen del gobierno y las expectativas económicas: "El gobierno tiene que recuperar una épica de transformación", recomienda.

El peor ejemplo de la estrategia que fracasó en 2016 fue el interesante proyecto de Ley de Empleo Joven: la opinión pública se enteró de su existencia el día en que el peronismo lo rechazó en el Congreso tildándolo de "flexibilización encubierta". Como si alguien pudiera imaginar que las Pymes puedan tomar jóvenes sin experiencia sin algún tipo de flexibilización y rebaja de costos laborales. Un proyecto tan loable no contaba con el apoyo de la opinión pública simplemente porque nadie salió a decir que existía y mucho menos a comunicar sus beneficios para la economía, para combatir la criminalidad juvenil y la droga y las ventajas que traería a la sociedad en su conjunto.
 

Peronismo es populismo: ningún legislador se le anima a un proyecto que cuenta con el entusiasmo de sus bases.

Otro mal ejemplo lo dio el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, cuando en conferencia de prensa, en febrero, admitió que están estudiando una reforma tributaria importante, "pero la vamos a mostrar después de las elecciones, porque sería difícil sacarla por el Congreso en un año electoral". Una pena, porque miles de argentinos que blanquearon fortunas están esperando noticias de ese rubro para entusiasmarse.

Por eso detrás de lo que muchos analistas ven solo como un cambio de estilo que busca polarizar políticamente con el kirchnerismo para recuperar votos, hay otro cambio mucho más relevante.

Los mejores ejemplos que prueban que el gobierno aprendió y puede comunicar efectivamente fueron el desembarco de las líneas aéreas low cost y el Plan Maestro para mejorar la edudación.

Explicando que las low cost permitirán que accedan a volar a argentinos de clase media baja, como lo hacen los brasileños y chilenos, milagrosamente evitó que los gremios desempolvaran el discurso nacionalista que hizo de Aerolíneas una vaca sagrada. La presentación del Plan Maestro de reforma educativa por Macri y el ministro Esteban Bullrich, en medio del conflicto con los sindicatos docentes bonaerenses, fue una excelente estrategia no solo para señalar a los gremialistas como partícipes necesarios de la tragedia educativa argentina. También sirvió para recordarle a la opinión pública que el gobierno tiene planes muy valiosos para cambiar la Argentina en temas clave. Nunca es tarde.

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