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Con K de Keynes: desempleo en la economía de mercado

Con K de Keynes: desempleo en la economía de mercado

En los últimos años “Keynes” y “keynesianismo” han sido incorporados como términos habituales en la virulenta confrontación mediática nacional. Sin embargo, se los utiliza, por lo general, mucho más como epítetos y calificativos en el embate político que como debería ser: análisis de política económica para que la sociedad pueda dirimir cuál sería la mejor opción a seguir. Se procura aquí contribuir a llevar la discusión hacia un camino más provechoso: debatir sus ideas.

Keynes presenta una crítica a la teoría economía convencional -la que en general se enseña en las universidades-, a la que hoy también se conoce como neoclásica, ortodoxa, dominante, mainstream, liberal o neoliberal, y, hasta, simplemente como ‘economía’. Es la que argumenta en definitiva las ventajas del mercado libre y la no intervención del Estado en la economía.

Esta visión sostiene que bajo esas condiciones se llegaría al pleno uso de los factores de producción –lo que significa también pleno empleo de la fuerza de trabajo-. Keynes apunta a esa cuestión. Para él, el pleno empleo constituye una posibilidad entre muchos niveles de empleo en la economía, haya o no libre mercado y las demás circunstancias que plantea la teoría dominante. Y entre ellas, se trata de una posibilidad remota, casual y transitoria. Considera que su visión permite explicar cómo se determinan todos los niveles de empleo, incluyendo el de empleo total. Por eso denomina su libro "Teoría General del empleo, interés y el dinero".

Interés y dinero se incorporan para explicar la determinación de cualquier nivel de empleo. Keynes apunta a las bases de la teoría ortodoxa cuya crítica haría caer su edificio entero; es decir, no cuestiones o derivaciones lógicas posteriores como tampoco sofisticaciones matemáticas realizadas a partir de sus fundamentos: critica sus fundamentos, con lo que queda invalidado todo desarrollo posterior efectuado sobre ellos.

Economía de trueque

El fundamento de la teoría convencional es una economía de trueque, es decir una economía de mercado en la cual el intercambio de bienes se efectúa en forma directa sin la intermediación del dinero. La introducción del dinero interviniendo en las transacciones genera un problema: se rompe la unidad de que comprar es vender y que vender es comprar. La posesión de dinero no garantiza su uso, y mucho menos señala en qué y/o cuándo se usaría.

Este problema había sido observado por Robert Malthus en sus clásicas discusiones con David Ricardo a inicios del Siglo XIX. La respuesta de Ricardo ha sido la que la visión dominante ha seguido desde entonces: que por diversas causas y mecanismos la presencia del dinero no alteraría los resultados de una economía que no lo tuviera –considerando también adecuadas políticas monetarias, fiscales, de regulación bancarias, etc.

La idea que se incorporó, así, a la discusión fue plasmada como “Ley de Say” mediante la expresión “la oferta crea su propia demanda”, atribuida al economista francés Jean-Baptiste Say –aunque esa frase exactamente así, por lo que se sabe, no fue expuesta por él, ni se sabe de quién sería su autoría. Si ofertar (producir) crea su propia demanda, entonces la colocación de productos en el mercado no correrá el riesgo de que no sean demandados (comprados).

Dinero

El argumento de Keynes es que no es así. La dinámica de una economía que utiliza dinero es radicalmente diferente –y hasta opuesta– a la de una economía de trueque. Por eso es que denomina su propuesta de una Teoría Monetaria de la Producción.

La dinámica de una economía que usa dinero es radicalmente diferente a la de una economía de trueque

La existencia de dinero como intermediario de todas las transacciones significa que no se puede saber qué hará la persona que lo posee. Así, se quiebra la unidad del trueque: comprar no garantiza vender y vender no garantiza comprar. Surge una dimensión de incertidumbre en la realidad económica, totalmente ausente e inexistente en la teoría convencional.

Además, como el dinero es el instrumento con el que se liquidan todas las deudas y compromisos económicos asumidos, las personas –y los empresarios en particular– dudan desprenderse de él. Esto significa otra ruptura con la teoría convencional. En ésta, los agentes miden sus actos económicos en “términos reales” –les interesa saber cuántos bienes concretos obtienen; no utilizan como vara las denominaciones monetarias, salvo que coincidan con las reales.

Para Keynes, no es así. Por el uso del dinero como ‘equivalente universal’ (como dice Marx) de todas las transacciones y, por tanto, por ser la garantía de que, cuando se desee, podrá adquirir cualquier bien y liquidar toda deuda asumida, las mediciones son monetarias. Inclusive los trabajadores miran su salario nominal y no el real porque tienen alguna capacidad de pugnar por él, mientras no tienen ninguna en definir su salario real porque no tienen injerencia en el valor monetario de los productos que irán a comprar con sus sueldos.

Inestabilidad

La ruptura de la “Ley de Say” hace que la economía posea un elemento inherente de inestabilidad que no se puede anular. Es decir, la economía monetaria capitalista moderna es inestable por naturaleza. En consecuencia, todas las decisiones económicas poseen algún grado de expectativas y especulación. Son tomadas en lo que cada agente espera que suceda. Distintos contextos pueden afectar positiva o negativamente en distintos niveles las expectativas e instabilidad. Ninguno anularlo, porque no se puede saber el futuro.

La economía monetaria capitalista moderna es inestable por naturaleza

Adicionalmente, la presencia del dinero retorna a la visión de los primeros conceptualizadores de la realidad económica llamados (erróneamente) mercantilistas y de la economía política clásica de Adam Smith hasta Marx de diferenciar sus participantes por su clase o, si se quiere, función social. Para la teoría dominante, más allá de la terminología, todos son “agentes económicos”. Keynes vuelve a distinguir entre Capital (o empresario) y Trabajador.

Sin entrar en cargadas disputas ideológicas que no vienen al caso, la razón de esta diferenciación es que sólo el capitalista/empresario, en una sociedad libre, puede decidir el si-cómo-cuándo-cuánto del uso de sus recursos, que los tiene en forma monetaria (en dinero).

Expectativas

Producir significa desprenderse de este dinero y transformarlo en medios reales de producción (fábrica, materias primas, trabajadores, etc.) para generar mercancías que luego serán vendidas. Esta decisión la tomará solo si le permitirá terminar con más dinero en relación a su cuantía inicial. Mejor dicho: si tiene la expectativa de que así será; porque no tiene forma de saberlo con certeza de antemano. Si está muy inseguro o miedoso, optará por resguardar sus recursos manteniéndolos en forma monetaria, esperando una mejor opción, un mejor momento o incluso simplemente esperando. No es una cuestión de falta de inteligencia o racionalidad por parte de los agentes económicos; se trata de que la presencia del dinero hace el sistema económico inherentemente incierto.

Esta diferenciación social apunta a otra crucial crítica a la teoría ortodoxa. En ésta, además del supuesto de la economía de trueque que no es afectada por la introducción del dinero, se considera como caso “general” la actividad económica agrícola de un solo bien, el trigo. Este producto es a la vez “capital” y “salario”. Es la idea que está detrás de la famosa curva de producción de los manuales de microeconomía.

Las características físicas de la producción agrícola generan lo que se llama “rendimientos marginales decrecientes”. La incorporación de un trabajador adicional (marginal) va incrementando la producción total, al principio en mayor proporción, pero después menos hasta que el aumento desparece totalmente. Como el trabajador adicional recibe su parte de la contribución marginal al aumento, si tiene interés en esta retribución, aceptará trabajar. El empresario aceptará contratarlo porque si lo hace también recibirá su parte.

Salario, empleo y capital

La moraleja de esto es que -para la teoría convencional-, si los trabajadores aceptan el salario (real) que les corresponde, siempre encontrarán empleo. Es decir, son ellos que se colocan voluntariamente en situación de desempleo por pretender un salario mayor al que les correspondería. En particular se apunta a los sindicatos como organizaciones que impulsan esta situación.

Para Keynes, si los empresarios deciden no producir, los trabajadores no pueden hacer nada para “emplearse”

Para Keynes no es así. Si los empresarios deciden no producir, los trabajadores no pueden hacer nada para “emplearse”. La existencia de sindicatos puede ser un elemento que en una determinada situación afecte negativa o positivamente las decisiones de producción de los empresarios. Pero la ausencia total de sindicatos o de cualquier otro impedimento al libre movimiento salarial (es decir, total “flexibilización laboral”) no cambia la cuestión básica.

El nivel de empleo lo establecen los empresarios por sus decisiones de producción tomadas en base a sus expectativas determinadas en un marco inherentemente incierto por causa de la utilización universal del dinero como intermediario de las transacciones.

Bastante resumidamente, claro, este es el planteo básico de Keynes. Esto significa que lo que usualmente se denomina keynesiano son las propuestas de Keynes para paliar y evitar el alto desempleo –como la intervención del Estado en la economía. Pero su teoría consiste en una explicación de por qué la economía de mercado dejada a sí misma tendrá como resultado más frecuente algún nivel de desempleo y muchas veces, de un tamaño para nada despreciable.

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Comentarios9
diegobluray1 Bar
diegobluray1 Bar 04/07/2018 12:15:18

Las políticas keynesianas de expansión del gasto público son pan para hoy, crisis para mañana. Siempre se termina destruyendo la moneda y el ahorro.

Alfredo Federico
Alfredo Federico 03/07/2018 10:58:33

cuando el mundo tuvo politica keynesiana tuvo su crecimiento mas veloz. una cuestion politica, los precios que impuso la opep que aumentaron el valor del petroleo que sirvieron para que los ricos del mundo tuvieran argumentos falsos para deshecharla

Santiago Gancedo
Santiago Gancedo 03/07/2018 03:33:38

Muy complejo para resolver en un artículo corto. Keynes era muy cambiante en sus definiciones. Es cierto que el modelo clásico no siempre se condice con la realidad.

Juan Ibañez
Juan Ibañez 03/07/2018 02:52:28

Mala nota. Presenta una caricatura de la ley de Say. Avisenle al autor que con decir "Say no sería el autor" no le basta para evitar el hecho de que su artículo es un gigantesco hombre de paja.

walter daniel Giache
walter daniel Giache 03/07/2018 01:09:21

No es tan simple como lo explica el autor de la nota, la economía es compleja, depende si el sistema económico descansa sobre un régimen capitalista, mutualista o cooperativista !!!!! El tema es más complejo de lo que parece !!!!!

Augusto Jorge Lozada
Augusto Jorge Lozada 03/07/2018 01:04:17

muy buena nota Andres ahora en Argentina que funciona???

Gerardo Martinez
Gerardo Martinez 03/07/2018 11:09:41

Excelente nota. Y pensar que se le da espacio a un tipo que dice que hay que quemar la UBA porque enseña Keynes. El mismo que para explicarte la inflación te habla de una economia trueque.

Gonzalo Martinez
Gonzalo Martinez 03/07/2018 10:08:59

Si en economía de trueque yo "compro" una pelota para vendersela al dentista cuando me arregle la muela, no es lo mismo que hago con el dinero?

Santiago Gancedo
Santiago Gancedo 03/07/2018 10:23:07

No, está penalizando el ahorro. Como dice Paul Krugman en " End this depression now!" tu gasto es mi ingreso y mi gasto es tu ingreso