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Cómo sigue ahora la campaña de Trump, el desvelo de los propios republicanos

Algunos piensan cómo ponerle límites al candidato, otros creen que terminará moderando su discurso. El enigma del vice.

Imagen de JORGE SOSA

JORGE SOSA Editor general de Cronista.com

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Una niña participa de un acto de campaña de Trump en la ciudad de Madison, Mississippi

Una niña participa de un acto de campaña de Trump en la ciudad de Madison, Mississippi

Una gran cantidad de republicanos han comenzado a preguntarse qué hacer ahora cuando lo que alguna vez fue impensable ha sucedido: Donald Trump espera su nominación formal como candidato a ocupar la Casa Blanca.

Se preguntan, también, cómo fue posible que un ‘outsider’ sin antecedentes en el partido se convirtiera en el cisne negro de la política americana, superando a más de una decena de candidatos adorados por el establishment partidario y asombrando al mundo con sus diatribas. Pero esa es una respuesta menos urgente ante el tembladeral que representa ahora la carrera a la presidencia.

Se abre hoy una nueva etapa electoral, en la que comienzan a jugar nuevos cálculos y estrategias. La elección primaria de ayer en Indiana le allanó el camino a Trump y dejó fuera de campaña a su principal rival Ted Cruz. El otro postulante en juego, John Kasich, se aprestaba hoy a anunciar su paso al costado.

Un Plan C que se había llegado a imaginar desde el partido para afrontar la pelea final de noviembre con los demócratas (el Plan B era unir votos contra la nominación de Trump en la convención de julio, pero ya resultaría poco probable) es la de alentar la postulación de un candidato de un tercer partido.

Recuerdan así el caso en 1912 del entonces ex presidente Theodore Roosvelt, quien tras la imposibilidad de conseguir su nominación por el partido Republicano, otorgada a William Taft, armó su propia convención. Así, una porción de los republicanos actuales que no quieren a Trump podrían votar por sus ideales aún a costa de facilitarle las cosas a Hillary Clinton.

Si se sigue el consejo de la historia, hay que recordar también que esa elección la ganó finalmente el demócrata Woodrow Wilson, por sobre Taft y Roosvelt.

Pero incluso esa alquimia electoral parece lejana: las principales miras están puestas ahora en cómo seguirá la campaña de Trump, quién será su compañero de fórmula y hasta dónde se dejará acompañar el magnate por los referentes partidarios en su último tramo electoral.

Una nueva estructura

“Trump está habituado a decir tonterías porque no está acostumbrado a rendir cuentas. Debemos hacer un plan para que tenga una estructura a la que deba rendir cuentas”, diagnosticó ayer Adriana Boyne, consultora y ex delegada republicana, durante un almuerzo organizado en Buenos Aires por la fundación Diálogo Argentino-Americano.

Según Boyne, el senador por Florida Marco Rubio y la gobernadora de Nuevo México, Susana Martínez, podrían convertirse en compañero de fórmula de Trump, quien comenzó a enviar algunas señales de unidad en el frente interno y habrá que ver hasta dónde llega realmente en ese camino.

“Confío en que podré unir a la mayor parte (del partido republicano), aunque hay otra parte que no quiero”, adelantó hoy Trump a la cadena NBC. Y dejó algo en claro sobre sus próximos pasos: “Honestamente, hay gente a la que realmente no quiero. La gente va a votar por mí, no al partido”.                

Algunos analistas esperan también que Trump comience a moderar su discurso de cara a noviembre, una vez superada la primaria y ante la necesidad de ampliar su base electoral.

La otra parte de esta historia es Hillary Clinton, quien aún debe esperar para confirmar su nominación. En su comité de campaña que el descontento que capitaliza Trump en la interna republicana no representa a la mayoría del electorado estadounidense. Y además aclaran que sin la mayoría del voto latino no se puede ganar una elección.

Una cosa es segura: la de noviembre puede ser, por sus características, otra elección histórica.

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