Martes  15 de Octubre de 2019

Cómo generar una banca de inversión argentina

Cómo generar una banca de inversión argentina

GUILLERMO J. FERRARO

Doctor en Economía, director de Infraestructura de KPMG y ex secretario de Industria de La Nación

Nadie pone en duda la necesidad de aumentar las inversiones para crecer, pero como lo demuestra nuevamente la experiencia argentina, una política indiscriminada de atracción de inversión y financiamiento extranjero, en vez de impulsar el desarrollo, desintegra el espacio interno, fractura las cadenas de valor y expulsa al capital argentino reduciendo la tasa de inversión y aumentando la vulnerabilidad externa.

En consecuencia, es preciso reconocer que el financiamiento de la inversión descansa, en primer lugar, en el ahorro interno y, complementariamente, en recursos externos. Esto no es ninguna novedad, la inmensa mayoría de las inversiones en industrias, agro, minería, infraestructura, viviendas, etc., es financiada con el ahorro interno de los países. Por eso, las economías más exitosas del mundo, como Corea, Malasia, Taiwán y, también, los dos gigantes asiáticos, China e India, registran tasas de ahorro interno superiores al 30% del PBI con lo cual financian su acumulación de capital.

Es preciso reconocer que el financiamiento de la inversión descansa, en primer lugar, en el ahorro interno y, complementariamente, en recursos externos.

La primera prioridad, por lo tanto, es retener y reciclar el ahorro interno en el proceso productivo, convenciéndonos de que el lugar más rentable y seguro para invertir nuestro ahorro es la Argentina. Después, todo los demás, incluso “la vuelta a los mercados” internacionales, viene por añadidura ya que la mejor estrategia de acceso a los mercados financieros internacionales es no depender de ellos.

El ahorro interno en la Argentina

En la Argentina, el ahorro interno pasó de u$s 32.362 millones en 2003, a u$s 106.514 millones en el 2011, reduciéndose a u$s 97.529 millones en 2018, estimándose una caída superior al 2% del PBI para este año. Nuestro problema fundamental es cómo incrementar el volumen, pero esencialmente, como canalizar ese ahorro hacia los fines del desarrollo, la transformación productiva y la inclusión social.

Los principios que deberían regir una política financiera que estimule a que esa masa de ahorro se canalice a la inversión productiva, deben de ser fundamentalmente dos:

  • Proporcionar previsibilidad y certidumbre al inversor en la ampliación de la capacidad productiva e incorporación de tecnología y, simultáneamente, imprevisibilidad e incertidumbre al especulador.
  • Fortalecer el sector financiero para los fines del desarrollo ya que carece todavía de instrumentos para satisfacer la demanda de crédito de inversión.

El último período de casi cuatro años de inestabilidad económica y alta inflación, impidió el despliegue de la función de banca de inversión en el sistema financiero argentino.

La activdiad financiera y la economía real

En semejante escenario, se redujo la dimensión total de la actividad financiera en relación a la economía real y las operaciones activas se redujeron al financiamiento del Estado y los préstamos de corto plazo, preferentemente para el consumo u operaciones de trading con el Estado (BCRA y Tesoro) como exclusivos tomadores a tasas activas siderales. A su vez, los depósitos de particulares y empresas privadas se limitaron a la cuenta corriente o plazos cortos y las entidades se sustentaron más como entidades prestadoras de servicios que como agentes de enlace entre la formación de ahorro y la inversión.

La inversión necesita plazos prolongados de amortización y son pocos y mal diseñados los instrumentos de ahorro de largo plazo, en moneda nacional, que conserven el valor y que tengan una rentabilidad razonable. La demanda es ahora, inmediata y requiere establecer mecanismos de concertación entre el Estado, el sistema financiero y los sectores productivos, para ampliar el crédito de inversión a través de nuevos instrumentos.

La función de la banca de inversión

La banca privada tiende a operar dentro de la dinámica de la estructura e intereses establecidos. La transformación necesita canalizar recursos hacia las nuevas actividades lo cual requiere de políticas públicas. El ahorro interno es la fuente fundamental de los fondeos, sin perjuicio de que las entidades apelen a recursos externos complementarios, especialmente, para el financiamiento del componente importado de los proyectos.

La inversión necesita plazos prolongados de amortización y son pocos y mal diseñados los instrumentos de ahorro de largo plazo, en moneda nacional, que conserven el valor y que tengan una rentabilidad razonable.

El desarrollo implica un proceso de transformación estructural que no se produce espontáneamente por el libre juego de las fuerzas del mercado. Por lo tanto, involucra la existencia de una estrategia de desarrollo y de un Estado presente capaz de desplegarla.

Una vía rápida y eficiente es instalar la función de banca de inversión en el sistema financiero argentino. En la actualidad existen diversos fondos para préstamos de largo plazo, con recursos provenientes del Estado y líneas de crédito del exterior. Es conveniente que este tipo de financiamiento se articule en un sistema institucional más amplio, para el despliegue sistémico de la banca de inversión.

El establecimiento de la función banca de inversión en el sistema financiero argentino es urgente e indispensable para alcanzar las metas esperadas de tasa de inversión acordes un crecimiento sostenido de la economía argentina y con los objetivos de transformación del sistema productivo, la integración de las cadenas de valor, la elevación de la densidad tecnológica de las firmas, la integración territorial y la competitividad de la producción argentina de bienes y servicios transables.

Simultáneamente, podría difundirse la función de banca de inversión en el sistema bancario, habilitando a las entidades, dentro de un programa coordinado con participación pública y privada, a incluir tal función en su operatoria. La previsible adhesión de un número sustantivo de entidades al programa, incluyendo fondos institucionales de ahorro, de compañías de seguro, de inversión en infraestructura, etc, permitiría, de inmediato, contar con un amplio enlace, de alcance federal, con los demandantes del financiamiento de la banca de inversión. Es concebible que la evaluación técnica, económica y financiera de proyectos, un área eventualmente nueva en entidades especializadas en el crédito al consumo y de corto plazo, pueda ser resuelta por algún mecanismo propio del programa.

Distintos modelos de banca de inversión

Como en otros casos, no existe un solo modelo de banca de desarrollo e inversión. Sus objetivos principales son el otorgamiento de créditos en plazos adecuados a las necesidades de las inversiones en activo fijo y de capital de trabajo de las firmas, la flexibilización de las garantías con las coberturas adecuadas del riesgo, las participaciones en el capital accionario, la securitización de préstamos y participaciones accionarias para su colocación en el mercado de valores, el apoyo técnico a las firmas para resolver sus problemas de financiamiento y/o de gestión y el financiamiento de las exportaciones.

En el marco de los objetivos de la estrategia de desarrollo, el sistema podría fijarse prioridades que podrían cambiar y ampliarse en función de la evolución de la economía argentina. En una fase inicial, los destinatarios de las operaciones podrían ser las Pymes industriales y las economías regionales, lo cual no excluye la necesidad de la función de banca de inversión para proyectos de gran dimensión, a través, por ejemplo, de préstamos sindicados, como los referidos a la infraestructura y a proyectos industriales de escala.

Una de las actividades esenciales de la función Banca de Inversión en el sistema, en relación prioritariamente a las pymes, sería la contribución a la ampliación del capital de las firmas. Esto requiere la flexibilización de las normas prudenciales del Banco Central referidas a la participación de las entidades financieras en el capital de empresas o que desarrollen proyectos de interés nacional.

Experiencia internacional

Existe una amplia experiencia internacional en la materia. La normativa debería atender a las condiciones de la participación de las entidades en el capital y conducción de las firmas asistidas y a la securitización de valores emergentes de préstamos y participaciones accionarias, en el mercado secundario y en el mercado de capitales.

Este canal podría ser una de las vías principales de la relación entre el sistema bancario y el mercado de capitales, en la ampliación del capital de las firmas. Los servicios de evaluación técnica, económica y financiera de proyectos, destinados a entidades con insuficiente capacidad operativa en la materia y el establecimiento de vínculos con el sistema nacional de ciencia y tecnología que brindarían la asistencia técnica a los clientes, podría estar a cargo de un área ad-hoc el Poder Ejecutivo.

Parece así aconsejable, simultáneamente, establecer un banco nacional de desarrollo de suficiente envergadura y crear la función ampliada de banca de inversión con la participación de las entidades que adhieran al programa. Para tales fines se requiere una adaptación de las normas prudenciales del BCRA, en ciertos casos, decisiones del Poder Ejecutivo y, en otros, normas legales en la esfera del Poder Legislativo. Pero la función podría ser cumplimentada rápidamente por el BICE, creado en 1992, implementando los cambios mencionados.

Financiamiento de largo plazo

Considerando al capital y al fondeo (en cualquier moneda que se elija), como elementos centrales que hacen a la propia lógica de existencia de una banca de desarrollo, se tendrían que implementar programas que den la posibilidad de disponer de una mayor diversidad de formatos y modalidades ya probados en la imprescindible tarea de unir recursos financieros con proyectos considerados como fundamentales para el desarrollo económico.

Entonces, la aplicación de criterios de la ingeniería financiera a la formación del precio del crédito de largo plazo es la variable fundamental que puede permitir dar sustento concreto a estas políticas.

La necesidad de contar con una masa de financiamiento de largo plazo a partir de un fondeo inicial de carácter público, de baja volatilidad, adecuado y adaptado a las particularidades de cada economía (ej: aporte presupuestario específico). Esto contribuye a dar mayor sustentabilidad en el tiempo a la estrategia por fuera del ámbito de la captación de depósitos, casi siempre volátil.

Origen de los fondos

Otra característica relevante de los casos internacionales más destacados ha sido el complemento del fondeo inicial público con recursos provenientes de otros orígenes tales como: fondos previsionales, aportes especiales de organismos multilaterales de crédito, emisión de deuda en mercados internacionales, reinversión de utilidades, entre otros. Debe señalarse que la capacidad de fondeo es la que terminará determinando el tamaño de la institución y su nivel de acción, en especial en su capacidad tener una concreta participación como agente contra cíclico.

La eficacia del financiamiento se potencia cuando se realiza una ‘apuesta’ a favor de determinados sectores productivos que puedan definirse como ‘estratégicos’ y que por sus propias particularidades generan significativos retornos a la economía, fenómeno propio -por ejemplo- de las inversiones en el área de tecnología.

La eficacia del financiamiento se potencia cuando se realiza una ‘apuesta’ a favor de determinados sectores productivos que puedan definirse como ‘estratégicos’.

En la región tenemos como casos exitosos el Banco Nacional de Desenvolvimento (BNDES) del Brasil; los recursos provenientes del Fondo de Asistencia al Trabajador (FAT) son actualmente una fuente fundamental del fondeo de la entidad como antes lo habían sido el Programa de Integración Social (PIS) y el Fondo de Pensiones de Empleados del Gobierno (PASEP).

La Argentina tiene su propia historia de intentos truncos, básicamente por la inestabilidad económica que atenta contra políticas de largo plazo. Pero cabe recordar que fue el Banco Nacional de Desarrollo que en la década del cincuenta otorgó financiamiento a empresas privadas y públicas tales como: Siam Di Tella, SOMISA, Agua y Energía, Ferrocarriles Argentinos, Petroquímica General Mosconi, Propulsora Siderúrgica, IKA Renault, Dalmine, Hipasam, Celulosa, Papel Prensa, Alcalis de la Patagonia, Aluar entre los casos más destacados. Muchas de éstas eran entonces ya importantes empresas públicas (todas actualmente privatizadas). Otras -en pleno proceso de expansión- son firmas privadas líderes en sus correspondientes sectores de la economía. Por eso, la banca de inversión local tendrá el desafío de ofrecer la misma oportunidad a la nueva generación de empresas argentinas.

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